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El Mercosur, con filtraciones y fatigas varias
Antes, en junio pasado, la ministra de Agricultura de Brasil, Katia Abreu, en una reunión en el marco de la negociación del bloque con la Unión Europea (por el tratado de libre comercio entre ambos), manifestó que, en esa discusión, si la Argentina "quisiera ir para atrás, Brasil está dispuesto" igualmente a avanzar. Todo esto exhibe que existe en Brasil cierta presión en favor de mayor apertura para el bloque. Mientras, por su lado, Uruguay ha venido planteando argumentos similares desde el inicio de segundo mandato del presidente Tabaré Vázquez, y Paraguay acompaña (aunque con menos estridencia) la misma vocación.
El bloque padece una fatiga intrínseca. En 2014 las exportaciones del Mercosur cayeron un 9,6% mientras las exportaciones mundiales crecieron un 2,8%. Las ventas del bloque habían ya caído en 2013 (-1%) y en 2012 (-2,2%), En los primeros siete meses de 2015 las exportaciones argentinas al Mercosur descendieron un 23%, y las exportaciones del resto del Mercosur a la Argentina se redujeron en un 11%.
Los principales objetivos del bloque no se cumplen. El arancel externo común está afectado por numerosas excepciones, la prevista eliminación de restricciones al comercio intrarregión está afectada por los límites a las importaciones, la integración productiva está interrumpida por obstáculos a la inversión transfronteriza entre sus miembros, la coordinación de políticas macroeconómicas ha sido sustituida por diferencias sustanciales entre los países. En la última Cumbre del Mercosur, en julio pasado, los países admitieron (y lamentaron) las interferencias al comercio intrabloque, al punto de acordar un programa de eliminación de esos obstáculos para fin de este año.
El mundo está en medio de un cambio de configuración en los mercados en relación con el comercio transfronterizo. La Argentina y el Mercosur asisten a ese cambio con necesidad de reacción. Reducciones de precios, devaluaciones y peores performances en la mayoría de los mercados a los que nuestras empresas exportan, llevan a plantearse una necesidad que tiene ahora mayor relevancia relativa: la generación de acuerdos con terceros mercados para reducir costos (entre ellos, arancelarios) de ingreso de productos (de origen Argentina o de origen Mercosur).
Más del 50% del comercio mundial se produce hoy entre mercados que se benefician de acuerdos comerciales negociados que armonizan condiciones de ejercicio del comercio y reducen buena parte de los aranceles (en numerosos casos no se reducen en la totalidad, y se mantiene protección a sectores sensibles, pero esas protecciones especiales no impiden acuerdos en otros muchos rubros que se benefician con una mayor interacción).
Cuando hasta hace algunos meses el comercio internacional se desarrollaba en medio de alzas de precios, los mayores costos diferenciales relativos para el ingreso de productos del Mercosur en terceros mercados por pagos de aranceles (que muchos de nuestros competidores no pagan porque se benefician de acuerdos comerciales con reducciones de tributos al comercio exterior) tenían relevancia menor. Pero ahora esos costos diferenciales se hacen más gravosos.
Un ejemplo de esto puede observarse en el comercio de vinos, una de las industrias de origen agropecuario de mayor valor agregado en nuestro país. Los vinos argentinos pagan en el ingreso a la Unión Europea un arancel que es 5 veces el que pagan los chilenos, o pagan tasas de entre el 20% y el 35% en diversos países de América Latina mientras los de Chile no tributan aranceles. Es un costo diferencial mayor que el que surge del declamado atraso cambiario.
Así, lo que ocurre ahora en el Mercosur es que, ante los menores márgenes por caídas de precios, devaluaciones y demanda más débil, las exportaciones necesitan reducir costos (de ingreso en mercados) que sus competidores ya han reducido.
Debe decirse que el Mercosur y la Argentina en particular no podrían llevar adelante fácilmente estrategias de tratados de libre comercio indiscriminados (como lo han hecho muchos países andinos) porque necesitan mantener protecciones a determinados sectores productivos considerados sensibles. En muchos países del mundo ocurre algo similar y eso es entendible. Pero esas necesidades de rubros puntuales (que es adecuado atender) deberán conjugarse con necesidades de otros sectores que ahora requieren mejorar sus condiciones de competitividad internacional. Un nuevo equilibrio entre las conveniencias de los más competitivos y de los menos internacionales, generaría un nuevo acuerdo para una mayor interacción del Mercosur (y de la Argentina) al resto del mundo.
(*) Especialista en Negocios Internacionales


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