31 de octubre 2014 - 00:00

El miedo, esa compañía no deseada en escena

Mauricio Weintraub, director de orquesta, docente y psicólogo, estará presente en la Segunda Jornada de Miedo Escénico en el Collegium Musicum.
Mauricio Weintraub, director de orquesta, docente y psicólogo, estará presente en la Segunda Jornada de Miedo Escénico en el Collegium Musicum.
 Los músicos (se dice que la inmensa mayoría) sufren o han sufrido emociones negativas en torno al ejercicio de su arte. La cuestión está poco a poco saliendo a la luz gracias al trabajo de profesionales abocados a ayudarlos a superarla. En nuestro país Mauricio Weintraub, director de orquesta, docente y psicólogo, lleva adelante una intensa actividad en este terreno, con dos libros publicados, charlas, seminarios y cátedras. Mañana Weintraub presidirá junto a su colega español Guillermo Dalia la Segunda Jornada de Miedo Escénico en Músicos, en el marco del Proyecto Encuentro del Collegium Musicum de Buenos Aires. Dialogamos con él:

Periodista: ¿De qué manera se despertó en usted el interés por esta problemática?

Mauricio Weintraub
: Empezó porque la sufrí durante 20 años, desde que empecé, a los 7, hasta que me vi obligado a trabajarlo para un empleo que era importante para mí. En 2002 empecé a dar cursos, vinieron muchos y me di cuenta de que era un problema muy común.

P.: ¿El miedo escénico se da a todo nivel y en todo el mundo?

M.W.:
Para mi sorpresa sí. En lo musical hay una manera de educar que genera miedo escénico, tanto en las instituciones como los maestros particulares. A su vez estos maestros que promueven el miedo son víctimas de otros que les promovieron eso.

P.: ¿Qué se puede hacer?

M.W.:
En primer lugar, hablar de la problemática. Lo que más me sorprendió al principio fue ver la cantidad de músicos que lo padecían sin que los demás lo supieran. Hay una cultura de la vergüenza en torno al miedo escénico. Entonces se lo calla, con todas las consecuencias que esto trae, o están los que abandonan, o los maestros que dejan de tocar en público pero que enseñan el miedo a sus alumnos.

P.: Si lo padece una mayoría, ¿por qué se estigmatiza al que lo padece?

M.W.:
Es una mayoría amplísima, entre un 80 y un 90 por ciento. Se estigmatiza porque las personas que tienen el poder en nuestro ambiente musical culpan a las personas que tienen miedo y que no tienen el poder, y los que no tienen el poder no se dan cuenta de que sí lo tienen. Si los maestros que enseñan el miedo se quedaran sin alumnos y las autoridades recibieran mensualmente una nota firmada por los alumnos que dijera que ese maestro no los está ayudando, seguramente el maestro debería aprender. Pero los alumnos ignoran este poder y se someten.

P.: ¿Cuál es la clave de ese porcentaje que no lo sufre?

M.W.:
Vienen de una casa en la que sus miedos fueron escuchados y atendidos, y crecieron sanos, sabiendo defenderse.

P.: ¿Qué sucede con el estudio en este aspecto?

M.W.:
El músico que padece miedo escénico dedica 99% de su tiempo de estudio y su energía a la técnica, y toca para no equivocarse, no tiene ningún interés en transmitir ni conectarse con nada. Eso es lo doloroso: que un músico que tiene miedo escénico lo pasa mal pero además no se plantea nada como músico. Empieza a estudiar porque algo lo conmueve, y treinta años después no se acuerda de que estudió para eso. También pasa en músicos que no tienen miedo escénico, y como no tienen ese síntoma se sienten vacíos, desganados, y no saben por qué. Por eso decimos que el miedo escénico es un amigo, porque dice que algo no está bien, hay algo de lo que uno está desconectado.

P.: Usted habla del músico y el crítico que conviven en toda persona que hace música. ¿Cómo es este mecanismo?

M.W.:
La persona que hace música está compuesta por dos aspectos internos: el ejecutante, del que uno tiene conciencia y como se presenta, y al lado otro del que no somos muy conscientes: el crítico-guía. Nadie se presenta diciendo "Soy guitarrista y crítico-guía de mi guitarrista". Entonces se lo adjudico al que me mira, creo que piensa de mí lo que yo pienso de mí. Yo creo que tengo miedo al público, a mis maestros, pero en realidad tengo miedo a lo que yo digo de mí. La relación ejecutante-crítico guía es análoga a la de padre-hijo o maestro-alumno, porque el crítico-guía tiene la función de ayudar al ejecutante, y aprende a tratarlo como lo trataron sus figuras de autoridad. En el miedo escénico se reedita una escena infantil: hay un niño que falla y un padre o maestro maltratándolo por eso.

Entrevista de Margarita Pollini

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