14 de junio 2010 - 00:00

El “milagro” Calamaro volvió a repetirse en el Luna Park

Andrés Calamaro llenó y enfervorizó a dos Luna Park (donde hoy vuelve a presentarse) con algunos temas de su nuevo disco «On the rock», y también con una larga lista de viejos éxitos.
Andrés Calamaro llenó y enfervorizó a dos Luna Park (donde hoy vuelve a presentarse) con algunos temas de su nuevo disco «On the rock», y también con una larga lista de viejos éxitos.
Presentación de «On the rock». Andrés Calamaro (voz, guitarra). Con C. Caramelo (bajo), El Niño Bruno (batería), T. Dávila (teclados), D. García y Julián Kanetzsky (guitarra). (Luna Park, 11 y 12 de junio; repite hoy a las 20.30).

En una noche fresca y agradable, con cantos alusivos pocas horas antes del debut argentino en el mundial de fútbol. Andrés Calamaro -que hará alguna referencia patriótica al respecto- llega una vez más al Luna Park, en este caso para presentar «formalmente» su último disco, «On the rock». Miles de personas que prácticamente colman el estadio -cuesta entender por qué hay tanta reventa de tickets a pocos metros de las entradas- y se predisponen para la fiesta. Y, con carteles que recuerdan el nombre del nuevo álbum arranca la primera de las tres noches de Calamaro y su «rock del rico Luna Park» (frase de una canción de Los Redonditos de Ricota que repetirá varias veces).

Pero más allá del arranque, hubo relativamente poco del material a presentar: apenas «Los divinos» en el inicio, «Me envenenaste», «El paso doble de los amigos ausentes» y la ranchera mexicana «Te solté la rienda» de José Alfredo Jiménez. Tampoco fue lo que podría llamarse un concierto de hits. Hubo temas para la explosión masiva -muy predispuesta al festejo-, como «El salmón», «Mi rock perdido», «Alta suciedad», «Paloma», «Estadio azteca», Crímenes perfectos», «Flaca», etc; o «Mi enfermedad» y «Todavía una canción» de los tiempos de Los Rodríguez. Pero también algunos otros menos escuchados, como «Carnaval de Brasil», «Nunca es igual», «All you need is pop», «Output input», «Los chicos» o «Mi gin tonic». Hubo además unas cuantas citas más o menos extensas: «Jumpin Jack Flash» de los Rolling Stones, «Get Up Stand Up» de Bob Marley, «Walking on the Moon» de The Police («por un momento me imaginé que tenía el torso de Sting», bromeó el cantante), «Bridge over Troubled Waters» de Simon & Garfunkel, «Smoke on the Water» de Deep Purple, en una pequeña referencia del tecladista Tito Dávila. Y no faltaron los recuerdos, para el recientemente fallecido Rubén Juárez («el bandoneón blanco; le seguimos debiendo una canción de amor») y para Gustavo Cerati.

Y se repitió entonces el milagro Calamaro. Se trata de un hábil compositor de piezas que nunca ha logrado vuelos altos ni en melodías ni en textos, de un cantante que tiene serias dificultades para poner cada nota en su lugar, de un representante de la metáfora burda, la rima fácil y la melodía pegadiza. Pero tiene como pocos una gran capacidad para relacionarse con las multitudes; sobre todo ahora que está mucho más relajado que en otros tiempos más cercanos al «Pomelo» de Diego Capusotto. Y su banda, un reloj del rock and roll profesional, lo sigue con solvencia, para que su figura esté siempre al frente, para que jamás se pierda su contacto con la gente, para que Calamaro conserve un lugar que ha terminado por ganarse con todo derecho.

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