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El mito Borges, algo más humanizado

La celebridad de Borges no se extingue ni debilita. Vargas Llosa al recibir el Premio Nobel de Literatura hizo suya la sentencia de que «Borges era quien se lo merecía». Se siguen editando sus obras tanto en formato quiosco como de nivel académico, anotadas. Surgen hallazgos de textos y poemas. Se dice, con excesivo entusiasmo y antojadizo desacierto, que sólo se ha publicado un tercio de su obra en prosa. Cada tanto se recopilan testimonios, anécdotas, salidas festivas y variadas gracias de nuestro famoso escritor. Los ensayos sobre su obra se multiplican.
Mario Paoletti, periodista, docente y escritor argentino residente en España, viene dedicando sus últimos libros a los aspectos más divulgados, y menos literarios, de un escritor que, como él dice, «convertía en literatura todo lo que tocaba». Con entusiasta malicia en «El otro Borges», que con publicitario exceso denominó «anecdotario completo», mostró los aspectos más graciosos, y muchas veces menos favorables, del autor de «El aleph», muchos desvalijando las anotaciones del formidable diario que Bioy Casares bautizó sobriamente «Borges». Y tambien algunos textos de algunos ensayistas que han sidos muy cuestionados por la heredara María Kodama como Roberto Alifano, Juan Gasparini y Alejandro Vaccaro.
En «Las novias de Borges» Paoletti ha mitigado sus intenciones cuestionadoras, (si bien no deja su revisionismo demoledor), y ganado en el aspecto investigativo y en la cautela. Acaso eso ha hecho que no se deje llevar por las numerosas leyendas urbanas que circulan en torno a los avatares romántico-sexuales del autor de «El libro de arena», aunque es posible que dada su lejanía las desconozca. Paoletti aborda temas borgeanos tan transitados como legendarios. «Borges y el amor», su amistad con Bioy, con Macedonio, su recoleta vida íntima tejida por la trama materna. En el recorrido por «las novias» Paoletti menciona (y muestra fotos) de muchas más que las habitualmente mencionadas. Un hombre enamoradizo como Borges no podía haber estado apenas con las fácilmente reiteradas: Concepción Guerrero, Cecilia Ingenieros, Estela Canto, María Esther Vázquez, su primera esposa Elsa Astete, y María Kodama. Varias de ellas (Cecilia Ingeniero, Estela Canto, Silvina Bullrich, entre otras) con su concretas propuestas sexuales hicieron huir al tímido escritor que, según algunos, había quedado marcado por un traumático encuentro prostibulario en la adolescencia. Por lo común eran ellas, salvo en un caso, las que le dijeron que no querían saber nada con él. Varias le dieron aportes creativos, ideas para cuentos y poemas, pero muchas más lo aburrieron o lo hicieron sentir un desdichado que podía hacer de Buenos Aires un mapa de sus desilusiones y fracasos. Paoletti devuelve al mitificado Borges a su humanidad, lleva en un viaje, que no deja de ser controversial, al mundo íntimo del gran escritor.
M.S.


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