El momento de darles lugar a las pymes

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En los últimos 10 años, la matriz productiva se mantuvo estable. La participación de las pymes en 2004 era del 12% del total de empresas de la Argentina, mientras que en 2014 esta proporción creció apenas al 14%. La presión fiscal y la falta de crédito, dos aspectos que complican el ecosistema productivo.

 Mientras las pymes sufren las consecuencias de una economía que está en caída, es interesante analizar la estructura de las pequeñas y medianas empresas locales y su comportamiento en la última década, con el objetivo de elaborar un balance que arroje luz sobre el cuadro de situación actual.

Un dato que asoma como revelador es que en diez años la matriz productiva del país no cambió sustancialmente. De hecho, la participación de las pymes en 2004 era del 12% del total de empresas de la Argentina, mientras que en 2014 esta proporción creció apenas al 14%, según el Informe Anual de la Fundación Observatorio Pyme (Fopyme).

Sin embargo, pese a este escaso aumento de firmas (siempre considerando las registradas), hay dos aspectos que evidencian la relevancia de este segmento en el entramado económico autóctono. El informe muestra que la participación de las pymes en la producción de la riqueza nacional y en la generación de empleo es similar a la situación que se observa en los países más ricos, siendo la diferencia con las naciones de menores ingresos, significativa. En la Argentina las pymes de todos los sectores, excluida la agricultura, generan el 44% de la riqueza, mientras que en los países más avanzados llega al 51% y en los países de más bajos ingresos el 16%. En cuanto al empleo, en la Argentina las pymes generan el 51% del empleo, similar a lo que sucede en los países de ingresos altos, donde las pymes dan el 57% del empleo, mientras que en los países de ingresos bajos representa el 18%. A esto hay que agregar que las micropymes (hasta 9 empleados) suman más de 515 mil y generan más de 1,3 millón de puestos de trabajo, un 21% del total de ocupación. De esta manera se corrobora el valor que representan las micro, pequeñas y medianas empresas.

Hay un dato aportado por la Fopyme que no es positivo pero deja claro el potencial camino de crecimiento vernáculo: la densidad de empresas. En el país existen 27 empresas cada 1.000 habitantes, mientras que en los países desarrollados el promedio es dos o tres veces superior. Si bien Australia lidera este rubro con 88 empresas, nuestro país aparece por detrás incluso de Chile (58 firmas cada 1.000 habitantes) y Uruguay (48 cada 1.000).

En ese sentido, hay algunos aspectos que atentan contra el ecosistema empresarial. Sin dudas, uno central es la alta presión impositiva que hay en el país, una vieja deuda de los distintos niveles de gobierno, que en los últimos 25 años han generado un verdadero dislate en materia impositiva. El informe de la Fopyme muestra que la presión fiscal, medida como el porcentaje de las ganancias que las empresas deben destinar a pagar impuestos, llega a 137,4%, que es casi tres veces superior a la registrada en Alemania y cinco veces a la de Chile.

Por otra parte, el sistema financiero aún mantiene una vieja deuda con el sector productivo, por causas seguramente atendibles por los banquinazos económicos, pero que dejan evidencia de las necesidades insatisfechas de financiamiento de las empresas locales. Los datos eximen de mayores explicaciones. El crédito al sector privado otorgado por los bancos ha caído del 23% del PBI en el período 1985-1989, a apenas el 13% en el lapso 2010-2014. Muy lejos del 62% de Brasil y el 73% de Chile, y a un abismo del 88% de los países ricos.

INDUSTRIA

Dentro del mundo pyme, las empresas manufactureras requieren una especial atención. Según Fopyme, ocupan el doble de trabajadores que sus pares del sector agrícola y ganadero y la mitad de las pymes de servicios, mayoritariamente empresas de baja productividad y poco presionadas por la competitividad internacional. En ese sentido, las pymes que producen servicios avanzados que compiten internacionalmente, como por ejemplo las de software y servicios informáticos, representan aproximadamente 50 mil puestos de trabajo, es decir 10% de los puestos de trabajo de las pymes manufactureras.

Este año las pymes industriales presentan un comportamiento negativo y cerrarán 2016 con una caída de la producción y del empleo, un escenario similar a lo ocurrido entre 2012 y 2014, sólo aliviado por la expansión de 2015, tiempos de una política monetaria y fiscal expansiva cuando el kirchnerismo apostaba un pleno a las elecciones que finalmente ungieron a Mauricio Macri.

Fopyme alerta que la pérdida de espacio de las pymes industriales en el aparato productivo no es nueva, ya que se repite desde 2007, año en que comenzó a manifestarse una divergencia creciente entre las grandes empresas y las pequeñas y medianas. Tan así es que entre 2007 y 2015 la producción industrial de las pymes disminuyó un 2,3% promedio anual, mientras que la producción de las industrias más grandes creció a una tasa promedio anual de 1,3%.

Con un presente complicado y con algunas medidas impulsadas por el Gobierno nacional que dieron respuesta a parte de los viejos reclamos de los empresarios pymes, es evidente que aún resta recorrer un exigente camino para darles a las pequeñas y medianas empresas las herramientas necesarias para consolidar una plataforma que sirva de lanzamiento para una etapa de crecimiento.

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