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El motivo es uno; y las excusas, muchas

ignorancia. En cualquiera de los dos casos, la conclusión es la misma: no podemos confiar en quienes elaboran y hablan de estas proyecciones. ¿Significa esto que la economía está por arrancar a toda máquina? No lo sabemos. En lo personal desconfiamos en uno y en otro sentido. De la misma manera en que desconfiamos de quienes achacaron la baja que tuvieron ayer las acciones a la caída en la venta de viviendas. No negamos la importancia que tuvo el anuncio de la mayor baja en la venta de viviendas usadas desde que se tienen registros (1999). Pero la realidad es que instantes antes que se difundiera la noticia, el Dow cedía un 1,19%, tras el anuncio llego a caer un 1,8%, y, veinticinco minutos antes del cierre, la merma era de tan sólo un 0,48%. Ergo, si el anuncio tuvo algún efecto, éste fue pasajero y, en todo caso, positivo. Tal vez lo más preocupante de la jornada -desde lo bursátil- fue que el 0,48% que mencionamos no se pudo mantener y se disparó una ola bajista en los últimos minutos de la sesión que llevaron al Dow a cerrar en 10.040,45 puntos (un retroceso del 1,32%) y elevó el volumen a más de 1.170 millones de papeles. Pero hoy nada explica las cosas mejor que la falta de entusiasmo de los inversores.


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