15 de diciembre 2015 - 00:00

El mundo de Matta, en el foco de notable muestra

“El día es un atentado”, una de las obras expuestas en la muestra “Matta, de este lado del mundo”, en el Centro Cultural Matta, de Barrio Parque.
“El día es un atentado”, una de las obras expuestas en la muestra “Matta, de este lado del mundo”, en el Centro Cultural Matta, de Barrio Parque.
 La llegada de mandatarios y delegaciones extranjeras a la asunción del presidente Mauricio Macri fue capitalizada por la Embajada de Chile que, ese mismo día, convocó a la gente de la cultura argentina y presentó a la presidenta de ese país, Michelle Bachelet, junto al más celebrado artista de su país.

Apenas terminó el acto se inauguró la exhibición de Roberto Matta (1911-2002), el genio que supo brindarle un nuevo impulso al surrealismo, justo cuando se anunciaba su declinación. Con las palabras de Bachelet y del embajador de Chile, José Antonio Viera-Gallo, se abrieron las puertas de la exposición "Matta, de este lado del mundo", en el Centro Cultural Matta, ubicado en el parque de la calle Tagle.

La curadora, propietaria de una serie de litografías de la exhibición y agregada cultural de la Embajada de Chile, María José Fontecilla, junto a su par argentino del Museo Nacional de Bellas Artes, Roberto Amigo, recorrieron la muestra con la presidenta y un grupo de entendidos, funcionarios y coleccionistas. Entusiasta, y conocedora, Bachelet comentó gran parte de las obras.

La exhibición se inicia con un dibujo del año 1939 y otro de 1942 pertenecientes a la colección del Malba porteño, además de una poderosa y ya célebre pintura temprana, "El día es un atentado", también de 1942 y recién llegada del Museo de Bellas Artes de Chile.

En el catálogo que acompaña la exhibición citan las palabras de Matta, reveladoras del sentido de cuadro: "Si se quiere medir el espacio hay que encontrar un metro patrón. Si se quiere medir el tiempo, la verdadera medida es el día, no el día de 24 horas, sino el día como atentado, como amenaza, como riesgo".

El artista vivía en EE.UU. cuando realizó este cuadro y, luego de un viaje a México, pintó la dimensión cósmica de ese universo bajo los efectos del encuentro con la región volcánica y los vestigios de la civilización azteca. Aunque Matta permaneció la mayor parte de su vida lejos de Latinoamérica, su pintura consolida una estética que la representa.

Cuando Matta llegó a Nueva York, en 1939, causó admiración con sus formas biomórficas y su morfología psíquica. Allí se reunió con Léger, Duchamp, Mondrián, Gropius y Max Ernst, pero con los artistas de EE.UU., sobre todo con Pollock, Motherwell, De Kooning, Baziotes y Gorky compartió los principios de la técnica de su invención, el "automatismo absoluto", la piedra fundamental del primer movimiento surgido en América.

Matta puso en marcha los mecanismos psíquicos que subyacen ocultos, modificó según su parecer la doctrina surrealista y pintó sus imponentes paisajes. En su obra y sus teorías se encuentra el origen del expresionismo abstracto que nació en la década del 50 con los artistas de la Escuela de Nueva York. No obstante, la influencia de Matta y las experiencias del automatismo que él alentó, serían tardíamente reconocidas -como veremos, acaso por motivos extraartísticos.

Entre las grandes pinturas de una exhibición que incluye obra gráfica y esculturas, se destacan "El nacimiento de América", del Museo de Arte Contemporáneo de Chile, y "L'excepteur", la eclosión de un universo verde y maravilloso, perteneciente a la colección de la Cancillería Argentina.

"Matta se encuentra con Matta hoy en Buenos Aires, y esta muestra es un regalo de Chile a sus hermanos argentinos, que espero la disfruten y la aprecien en todo lo que vale", sostuvo Bachelet.

A continuación, reproducimos fragmento de una entrevista a Matta, que le realizamos en Miami en 1997.

Cuando le preguntamos: ¿usted pinta sus sueños? Matta responde que no. Cierra los ojos, aprieta sus párpados con la gema de sus dedos y mientras intenta entreabrirlos, dice: "Yo veo destellos". Este es el resplandor que caracteriza su obra.

Descendiente de una familia culta y adinerada, Matta nació en Chile "el 11, del 11 del 11", fecha que él destaca; se recibió de arquitecto a los 22 años y partió hacia Europa. Allí trabajó con Le Corbusier y André Breton le dio la bienvenida al grupo surrealista. Le encanta desorientar a sus interlocutores y su discurso es sorprendente y revelador. Es la primera vez que regresa a EE.UU. desde 1948.

Periodista: ¿Le depara placer la provocación?

Roberto Matta:
Yo diría que la función del artista es esa. Ser una especie de Che Guevara contra la estática, para que la estética no se ponga estática. Es la función de la poesía, y si no provocas, no la cumples. Toda esa Escuela de Nueva York, toda esa especie de estilismo que creó el mercado, no me interesa, no me da nada, son repeticiones, es algo estático. Algo que se arregla, igual que las vidrieras de los negocios. Los grandes genios de la pintura de Nueva York hacen "re-arreglos", combinaciones entre el Dadá, Miró y otros artistas.

P.: Cuando planteó en Nueva York el cambio fundamental de anteponer la intuición a la razón, ¿alguien lo entendió?

R.M.:
Yo creo que no. No es cierto que yo influencié a alguien, porque nadie entendió nada de lo que quería decir.

P.: ¿Nadie?

R.M.:
Yo decía que no hay que partir de una hoja en blanco, porque ahí uno sólo proyecta lo que conoce. Si uno parte de manchas y las lee por el método alucinatorio, automático, podrá ver cosas que vienen del deseo oculto. La primera fase les gustó a los jóvenes de la New York School: ensuciar el lienzo para que se presente el proceso alucinatorio, pero se quedaron ahí, no vieron que si transformas en tonteras la "inducción", el presentir, que es la cosa más preciada para que exista poesía, estás traicionando la esencia de la poesía.

P.: ¿El arte latinoamericano existe como identidad diferenciada?

R.M.:
No existe todavía. Creo que el indio fue un milagro de imaginación, de entendimiento de la naturaleza y del universo, pero es algo que surge del suelo de este continente, no de la sangre latinoamericana. Este milagro lo quebró el cristianismo, lo derrumbó, lo acusó de paganismo. Es un pecado mortal haber destruido esa cultura. Cuando los europeos llegaron, América era una especie de Egipto vivo, (como si hubieran llegado a Egipto en el 4.000 AC) con los faraones vivos, pero no entendieron nada y destruyeron todo. Ahora, la única esperanza es volver a sentir las raíces del continente. Y son muy pocos los que lo entienden, lo único que les interesa es entrar en el mercado o cosas por el estilo.

P.: Hay un escritor argentino, Rodolfo Kusch, que habla de la cosmovisión del indio y de sus viejas tradiciones, que aún perduran para los que pueden sentirlas, dice que traerlas a la conciencia, afirmaría la realidad de América.

R.M.:
Eso es justamente lo que algún día va a crear un arte en este continente. Pero no necesariamente latino, hay que "deslatinizarse" y sentir América, que es un enorme mojón de tierra que está en medio del mar, destinado a hacer equilibrio con el otro continente. Pero el desarrollo del arte precolombino, el arte de este continente, fue interrumpido. El arte americano es hoy el de una nueva Europa, no una alternativa diferente, no es lo contrario de Europa en cuanto a creación. Este destino se tiene que realizar aunque cueste siglos, no lo puede haber destruido ni neutralizado la teología del cristianismo. La gente de América todavía está desorientada.

P.: ¿La definición "arte latinoamericano" es válida?

R.M.:
¡Esa definición es pésima! Hay pequeñas expresiones de desorientación de la gente de origen latino que se instaló en el continente americano, históricamente eso es lo que está ocurriendo. Lo definen así porque el mercado necesita definiciones.

P.: ¿Cómo llegó su obra a la Argentina? Se realizó una exposición con más de 50 pinturas muy importantes.

R.M.:
No tengo idea de lo que pasa con eso que ustedes llaman Matta, que no tiene nada que ver conmigo. Yo sólo hago cosas y ustedes las llaman Matta. Y entre paréntesis, a veces veo obra de Matta y no la reconozco.

P: ¿No?

R.M:
Bueno sí, cuando es una falsificación me doy cuenta.

P: Pero, por ejemplo, ¿no reconoce "Los desastres del misticismo", una obra de 1942, el récord del arte de Sudamérica? Robada. No obtuve ni un centavo por la mayor parte de mis antiguos trabajos. Me fui de Estados Unidos de un día para el otro porque estaban todos atacándome, me habían convertido en un chivo expiatorio, la gente del grupo de Pollock me acusaba, hasta decían que había provocado la muerte de Gorky...

P: Peggy Guggenheim cuenta en sus memorias que el FBI pretendía que ella lo acusara de ser un espía.

R.M:
Sí, me acusaban de cualquier cosa. Un día tomé una maleta y nunca más volví. Pero en Estados Unidos tenía muchas cosas, porque había comprado objetos peruanos y mexicanos, tenía varios De Chirico auténticos y dejé todo a Pierre Matisse que era mi marchand. Le dije: 'cuando me instale me lo envías', pero nunca me mandó nada, ni siquiera mis calcetines.

P: ¿Y cómo fue su experiencia con el galerista neoyorquino Alexander Iolas?

R.M:
Me pasó lo mismo. Cuando murió Iolas yo no tenía recibos ni cosas así y su hermana declaró que todo era de Iolas. Cuando ves las obras de esta exposición (la feria Art Miami dedicada a Matta), aparte de las actuales, casi todas las antiguas fueron robadas.

P: ¿Las que están en las galerías de Estados Unidos?

R.M:
Sí, salvo la obra actual. Pierre Matisse me daba 100 dólares al mes por contrato entre los años 1942 y 1947, una excusa para apropiarse de todo lo que yo tenía. Pero no tengo ninguna prueba de que es mío. Hubo alguien que intentó hacer un juicio para que recuperara mi obra y logró que me mandaran un dibujo de cada año, porque desde el punto de vista legal parece que a eso tenía derecho. Ayer vi un dibujo que hice cuando aún trabajaba con Le Corbusier, se me había ocurrido repetir el mismo dibujo en la otra cara del papel, lo llamé "Del otro lado" y escribí esa frase, era como un juego metafísico con la imagen. Ahora piden por él 180.000 dólares.

P: ¿Cómo fue esa primera muestra en la galería de Pierre Matisse, el espacio al que todos los artistas de Nueva York aspiraban llegar?

R.M:
No vino nadie. Llovía mucho. Estábamos sólo Pierre, Patricia, Marcel, Marcel Duchamp, claro, él era el que estaba más cerca de mí en esos años, y yo.

P: Pero debe haber vendido mucho.

R.M:
No, eso sucedió con el tiempo. Pero se robó todo Pierre. Nunca hablo con periodistas, nunca salgo por televisión, por eso lo que se conoce es muy diferente de la realidad.

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