17 de agosto 2009 - 00:00

“El mundo no está libre de que surja un nuevo Hitler”

Dennis Gansel: «Tras la caída del Muro la juventud se encontró con un vacío, pero después no sólo crecieron los neonazis, sino otros movimientos, presentes en las acciones de los Verdes».
Dennis Gansel: «Tras la caída del Muro la juventud se encontró con un vacío, pero después no sólo crecieron los neonazis, sino otros movimientos, presentes en las acciones de los Verdes».
El cineasta alemán Dennis Gansel hizo comedias exitosas y películas de horror, pero su orgullo son dos dramas de adolescentes que causan particular estremecimiento: «Napola», sobre un joven que en la época nazi va a una escuela de líderes, y «La ola», sobre un profesor que en la época actual hace un inquietante experimento de conducción de masas con sus alumnos. Dialogamos con Gansel, en ocasión de la presentación de «La ola» en el Festival de Cine Alemán en Buenos Aires. La película se verá a partir del jueves.

Periodista: ¿Usted no es el mismo de la exitosa «MTMdchen, MTMdchen» (Muchachas, Muchachas)?

Dennis Gansel: Soy el mismo, y esa comedia me dio muy buenos ingresos, no reniego de ella, pero si debo trabajar 18 horas diarias, hasta los fines de semana, más vale que la película tenga un tema de mi interés.

P.: No le interesan las muchachas.

D.G.: Si, pero también me interesa, por ejemplo, saber si realmente existió la llamada Tercera Generación del grupo terrorista Baader-Menhoff, o fue sólo un invento del gobierno para mantener el miedo en los alemanes, porque a esa altura la banda ya estaba vencida. Es lo que expongo en mi thriller político «Phantom», fantasma. Un policía descubre una conspiración de sus jefes para matar ciertos traficantes y luego atribuirles actividades políticas y atentados públicos. Entonces debe enfrentar a sus jefes.

P.: ¿Y qué pasa?

D.G.: Lo matan.

P.: ¿Significa eso que ahora hay un cine alemán parecido al cine político italiano de los 70?

P.: No, «Phantom» fue una excepción, y solo se mostró en la televisión. Los cines sólo pasan comedias. Espero que esto cambie, porque ahora quiero hacer un film sobre el actual terrorismo en Rusia, que el Estado manipula.

P.: Primero cuéntenos del terrorismo nazi. ¿Es cierto que «Napola» se inspira en su abuelo?

D.G.: «Napola - Elite für den Führer», sobre un chico de clase obrera que ingresa a la National Politik Akademie, cuya consigna era «Los hombres hacen la Historia. Acá hacemos los hombres». Mi abuelo estudió allí, y luego fue educador. ¿Cómo pudo fascinarse tanto? Lo conocí. Fue una época interesante. Quería ser arquitecto, pero no tenía plata para estudiar. Para mí fue importante comprender, a través de él, que el nazismo le había dado posibilidades de ascenso y desarrollo personal y social. Había una clave psicológica representada en tres palabras, una clave válida para esa escuela y para todo el país: pertenencia, ascenso, perfeccionamiento. En cualquier autocracia bien organizada, los relegados tienen su oportunidad. Millones tuvieron oportunidad de progreso bajo el régimen nazi, integrándose a la SA y otros organismos de masas. El gran secreto del régimen era la participación de las masas, y que esos organismos les dieran beneficio económico y social. Supongo que Perón habrá hecho algo similar. En todo caso, es algo que funciona plenamente sólo si hay un líder carismático que oriente a las masas. Ahora en la RFA no tenemos ninguno, pero si surge, y coincide con esta crisis económica, puede ocurrir algo similar a lo que muestro en «La ola».

P.: ¿Cree usted que realmente puede ocurrir o se trata del postulado de una película?

D.G.: Tras el derrumbe del Muro la juventud se encontró con un vacío, pero después no sólo crecieron los neonazis, sino también otros movimientos, presentes en las acciones de los Verdes, o las manifestaciones masivas contra la guerra de Irak. Ahí bien puede crecer un líder autócrata diciéndose antifascista. De hecho, el experimento original que retoma mi película surgió cuando el profesor liberal Ron Jones armó con sus alumnos un juego de roles para enseñarles, de modo práctico, lo que era el apartheid. Él era un líder, sabía llegar al corazón de los alumnos y no sólo al intelecto, las chicas estaban locas por él, los varones lo admiraban. Organizó criterios de disciplina, comunidad, acción, orgullo, los impulsó con las mejores intenciones, pero el experimento cobró vida propia y se le fue de las manos. Eso le pasó en una secundaria de Palo Alto, 1967, y lo contó seis años después en su libro «La tercera ola». Luego, otros hicieron la misma prueba en 1999 y 2006, con similares resultados. Yo me basé en su libro, y en la novela de Todd Strasser, que se ambienta en 1969, pero ubiqué los hechos en la Alemania actual. Me escribí con Jones, para hacer la película, y estuvo conmigo cuando la presenté en el Sundance Festival.

P.: Perdón, ¿quién es Todd Strasser?

D.G.: Un profesor de historia, como Jones, pero también fue un buscavidas de la escritura, autor de aforismos para galletitas de la suerte y toda clase de textos, a veces con la firma de Morton Rhue, como hizo para su novela «La ola», donde el personaje propone a sus alumnos un juego mental, y se proclama líder de un nuevo movimiento, con ideas de poder, disciplina, superioridad. Lo hace como un juego, para que los chicos entiendan cómo funciona una autocracia, pero ellos se lo toman en serio.

P.: ¿Ya hubo también una película sobre esto, verdad?

D.G.: «The Wave», un mediometraje con Bruce Davison, 1981. Cuando joven me impresionó muchísimo. A grandes rasgos sigue el experimento, pero después se aleja de la realidad. Nosotros preferimos retomar la pregunta original: ¿qué sucedería si ahora llegara a pasar algo así? Mucha gente se lo pregunta, igual que el famoso ¿esto puede repetirse? Deberíamos responder firmemente ¡no!, pero tengo mis dudas.

P.: ¿Qué dijo su abuelo?

D.G.: Que debería haber aprendido boxeo, como él. Lamentablemente solo tomé dos clases. Curioso, el boxeo requiere 90% de resistencia y 10% de fuerza, lo mismo que dirigir cine. Por lo demás, con el tiempo le salieron tres hijos de la generación del 68 decididos a limpiar el pasado familiar y nacional.

Entrevista de Paraná Sendrós

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