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El mundo real entró de lleno este año en la Bienal de Venecia
En la politizada 56ª Bienal de Venecia pueden encontrarse obras como la de la representación rusa (arriba) o la performance del artista Isaac Julien, que consiste en la lectura en vivo de “El Capital” de Marx, en inglés y en alemán.
Bajo un sol ardiente, el interés suscitado por las muestras se mide por las colas que se forman para acceder a algunos pabellones, mientras otros permanecen desiertos. Desde ya, la selección, cualquiera sea el criterio, resulta imprescindible: la cantidad de arte supera la capacidad humana de verlo y apreciarlo.
La gente se acerca al pabellón EE.UU. para ver la poética obra de Joan Jonas; al de Uruguay, donde la casi invisible presencia de los papeles blancos de Marco Maggi se vuelve poderosa; llega a Francia para disfrutar del lugar perfecto creado por Celeste Boursier para hacer una pausa y valorar la naturaleza. Corea atrae con una videoinstalación donde Moon Kyunwon & Jeon Jonhoon muestran la vida de un personaje encapsulado en un mundo virtual; Rusia con el mensaje de Irina Nakhova destinado a exaltar los colores que el mundo va perdiendo y, Holanda, con la abierta defensa de la naturaleza y el perfume de los capullos de rosa dispuestos en círculo por Herman de Vries.
La exposición de Enwesor gira en torno de la obra de Fabio Mauri, un paredón conformado por bolsos y valijas, un bloque de equipajes que adquiere significación al leer el título y la descripción: "El Muro Occidental o de los Lamentos", "...presentado en 1993 en la XLV Bienal de Venecia... es emblema de la división del mundo, del exilio, de la fuga, del éxodo forzado. Las valijas pertenecen a individuos, tanto inmigrantes como emigrantes, y no necesariamente a víctimas del Holocausto". Mauri junto al cineasta Pasolini asumió la responsabilidad de mostrar una realidad que gran parte de la sociedad de la segunda posguerra quería olvidar. En esta tendencia, Thomas Hischhorn exhibe deliberadamente el caos, Andreas Gursky la humanidad compactada y dispuesta para ser enlatada, mientras Steve McQueen contrapone en un video la felicidad ante el drama de una muerte joven e injustificada. Hay curadores como Alfons Hug, a cargo del Instituto Italo Latinoamericano, que rescata las lenguas indígenas de América Latina como un rico legado lingüístico. Hay, también, artistas que en esta ocasión se destacan, como Marlene Dumas, el cineasta Harun Farocki, Chantal Akerman, Bruce Nauman, Rirkrit Tiravanija, Dora García y, entre otros, los argentinos Juan Carlos Distéfano, Ana Gallardo, Ernesto Ballesteros, Eduardo Basualdo y Mika Rottenberg a quién dedicaremos un merecido espacio.
No obstante, la Bienal brinda la posibilidad de confirmar que, en ocasiones, cuando las obras renuncian a la representación visual y no sólo a las modalidades clásicas de la pintura y la escultura, el campo artístico se expande y puede llegar a confundirse con otras disciplinas. El ejemplo más notable es la lectura en vivo y continuada de "El Capital" de Karl Marx. "El capital es el drama de nuestra época, tiene que ver con cada esfera de nuestra existencia y gobierna los dos sitios donde se produce la economía: la fábrica y la Bolsa", explica Enwezor. La performance del artista Isaac Julien consiste en leer en un auditorio con capacidad para cien personas, el texto recitado en inglés y en alemán, la lengua en la que fue publicado en 1867.



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