28 de abril 2017 - 00:00

El nacionalismo económico mostró sus patas cortas

Washington - El proteccionismo comercial fue la gran propuesta electoral de Donald Trump y lo empleó como un instrumento de negociación y moneda de cambio, tanto con socios (Canadá, Alemania) como adversarios (China), con menos éxitos de lo esperado en sus primeros cien días de Gobierno, que se cumplen mañana.

Durante la campaña, Trump ubicó el comercio como uno de sus ejes primordiales y prometió una retirada inmediata del Acuerdo Transpacífico (TPP), firmado entre Estados Unidos Estados Unidos y otras once naciones; la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), con México y Canadá; y el señalamiento de China como un país que manipula el tipo de cambio.

"Comprar y contratar estadounidense" fue el lema del magnate neoyorquino, algo que no se cansó de remarcar desde su llegada a la Casa Blanca el 20 de enero con su encendida defensa de las empresas y los puestos de trabajo en el país, que acompañó con un afán desregulador tanto en el sector financiero como productivo.

El nacionalismo económico de Trump copó gran parte de los titulares debido a sus grandilocuentes comentarios, pero la realidad es que los resultados fueron cuanto menos dispares.

El único triunfo rotundo fue la salida del TPP, acuerdo negociado por su predecesor Barack Obama y del que se retiró en su primer día en el poder.

Sobre el NAFTA, la incertidumbre se extendió tras unas semanas repletas de amenazas a México y las empresas que plantearan deslocalizaciones en el vecino del sur. Si bien varias grandes firmas, especialmente automotrices como General Motors y Ford, prometieron nuevas inversiones en Estados Unidos, la mayor parte de ellas estaban ya incluidas en planes previos que se adaptaron para satisfacer las demandas del mandatario.

En tanto, el polémico impuesto de ajuste fronterizo para penar las importaciones mexicanas se disolvió ante las posible represalias y efectos negativos que tendía para la economía de Estados Unidos.

Esta semana, la beligerancia de Trump en materia comercial se trasladó hacia Canadá, que había sido uno de los pocos grandes socios comerciales que había eludido las críticas del mandatario estadounidense, y anunció la imposición de una arancel de 20% para las importaciones de madera canadiense.

Respecto a China, las aparentes presiones no surtieron efecto, y en su informe semestral el Tesoro eludió designar al gigante asiático como país manipulador de divisas, una decisión que habría implicado la imposición de sanciones comerciales.

Trump argumentó que no es el momento para atacar a China, y ofreció a Pekín un "mejor acuerdo comercial" si colaboraba en la solución del conflicto de Corea del Norte, en el medio de una escalada de la tensión militar.

Para los analistas, ese énfasis proteccionista no dio beneficios significativos y es contraproducente a medio plazo.

"Muestra una pobre señal al resto del mundo, arriesga acciones de represalia de nuestros socios comerciales y ofrece una falsa promesa a los ciudadanos estadounidenses", apuntaron Gary Clyde Hufbauer y Cathleen Cimino-Isaacs, investigadores del centro de estudios Peterson Institute for International Economics.

Quizá por eso, en las últimas semanas el Gobierno estadounidense hizo especial hincapié en la senda positiva de los indicadores macroeconómicos, al poner como ejemplo el desempleo, que cerró marzo en el 4,5%, nivel no visto desde la crisis de 2008, siguiendo en gran medida la tendencia vista en el final del mandato de Obama.

Asimismo, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, suavizó el discurso recientemente en su participación en la asamblea de primavera boreal del Fondo Monetario Internacional (FMI), en la que subrayó que el crecimiento de Estados Unidos, como primera economía mundial, es "bueno" para el resto del mundo y puede tener "efectos de contagio positivos".

Agencia EFE

Dejá tu comentario