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El negociador que sobreactuó y se desdibujó
Para peor, su insistencia en emular el estilo combativo del caudillo lo llevó muchas veces a parecer un remedo algo burdo y a resultar excesivamente agresivo. Luis Vicente León, analista político y director de la encuestadora Datanálisis, arriesga ante Ámbito Financiero: "Por su comportamiento, uno puede formarse una idea y caracterizarlo como alguien cercano a Chávez, muy comprometido con la Revolución y con vínculos muy estrechos con Cuba, los más fuertes dentro del oficialismo. Con todo, no es un radical o un comunista, o alguien cerrado. Al contrario, está acostumbrado a negociar".
Nicolás Maduro vive en pareja con Cilia Flores, exfiscal general, diez años mayor que él, mujer siempre muy cercana a Chávez y, seguramente, operadora política clave en el futuro. Caraqueño de 50 años, fue chofer de los colectivos que completan la red de subterráneos de Caracas, jefe sindical y un incondicional del bolivariano por dos décadas. En ese lapso pasó por varios cargos: diputado, convencional constituyente, presidente de la Asamblea Nacional, canciller, vicepresidente. Ayer llegó al máximo.
Su adolescencia se dividía entre el rock (tenía una banda de nombre profético, Enigma) y el scoutismo, pero ya en esos años se advertían algunos rasgos que hoy lo distinguen. Además de referente del ala civilista del chavismo, Maduro es, en base a su pasado de militancia y formación ideológica marxista, el preferido del régimen cubano dentro de la cúpula venezolana. Un lugar común aquí es que esa predilección resultó decisiva para que Chávez lo designara como su delfín frente a otros pesos pesado, fundamentalmente el líder del ala militar y presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, quien asoma a futuro como su principal rival interno. O, al menos, como alguien que aspirará a compartir cuotas importantes de poder.
Todo comenzó con el cáncer supuestamente inoculado a Chávez por "el imperio". El episodio del "pajarito chiquitito" que transportaba el alma de aquél y que lo bendijo, relato que incluyó un silbido bien logrado, ha sido señalado como otro error político, como un dislate y como un indicio de una vida espiritual sinuosa que en 2005 llegó a acercarlo al Sai Baba. Puede haber algo de todo ello, pero hay algo más estratégico: con esos gestos privilegió dirigirse a su base adicta, "cazar en el zoológico", antes que buscar nuevos votos de sectores moderados u oscilantes.


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