El triunfo de Daniel Vancsik en el Abierto de Madeira 2007 representó un punto de inflexión respecto del origen y la planificación profesional a la que un golfista de elite debería someterse para llegar al más alto rendimiento en este deporte. Mas allá de haber relativizado en aquel momento la importancia que la Escuela Nacional de Golf tuvo en su armado y proyecto como jugador, lo cierto es que las horas de práctica que le dedicó a este deporte para pulir su talento, deberían ser un ejemplo, incluso, para jugadores mucho mas encumbrados que él.
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Aquella victoria de Vancsik, el muchacho de Misiones que recibió un apoyo importante de la Asociación Argentina de Golf, comenzó a dejar una huella para los muchos jóvenes que vienen atrás. Si bien su primera victoria en Europa se produjo recién cuando tenía 30 años, quienes continuaron en ese proyecto parecieron no estar dispuestos a esperar tanto tiempo. Estanislao Goya, con tan sólo 18 años, ganó este año en el Tour Europeo (también en Madeira) y Leandro Marelli, el santafesino del Casilda, que también tiene 18 años, sorprendió a todos con su victoria en el Abierto del Norte, siendo aún amateur. En la nómina hay muchos de estos jóvenes de corta edad, la gran mayoría de ellos provenientes del interior, que pasan sus días en los Clubes de Golf de su ciudad, jugando y practicando sin parar con la ilusión de llegar a ser algún día una estrella de este deporte.
El olavarriense Alan Wagner, el tandilense Esteban Martínez (alejado provisoriamente del deporte), Julián Etulain, Luciano Giometti, Sebastián Saavedra, Armando Zarlenga son algunos nombres que se suman a los mencionados y que tiene una característica diferente en cuanto a que no vienen de la histórica cantera de los caddies, quienes han sido los únicos proveedores de victorias y éxitos argentinos en el exterior. Todos estos chicos nacieron viendo golf por televisión, tiene la suerte de contar con el apoyo de su familia, son preparados en cuanto al estudio y saben que la práctica y el esfuerzo pueden llevarlos a consagrarlos algún día. Así como en EE.UU. los jugadores emergen de las universidades, aquí se está gestando una nueva transformación, que ya no viene sólo de los caddies, sino de los clubes del interior del país. Son estas instituciones quienes están haciendo todo este aporte para el golf argentino. Sin dejar a los menores a la deriva, o en manos de «mecenas» que pululan por el ambiente, capaces de hacerles firmar contratos leoninos y tenerlos condicionados de por vida.
Así como el colombiano Camilo Villegas fue el primer profesional latinoamericano en ganar en el PGA sin haber sido caddie, y habiéndose recibido como licenciado en Administración de Empresas, muchos jóvenes de la nueva camada argentina apuntan a ese mismo objetivo.
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