9 de julio 2015 - 00:00

El Paraguay de la desigualdad eterna espera la palabra del Papa

El tierno abrazo de una niña en el aeropuerto de Quito fue una de las últimas postales que dejó ayer el papa Francisco en Ecuador. Desde anoche está en Bolivia y cerrará el fin de semana en Paraguay su gira suda-mericana.
El tierno abrazo de una niña en el aeropuerto de Quito fue una de las últimas postales que dejó ayer el papa Francisco en Ecuador. Desde anoche está en Bolivia y cerrará el fin de semana en Paraguay su gira suda-mericana.
 Asunción - El papa Francisco encontrará, al arribar mañana a Paraguay, etapa final de su gira sudamericana, un país fervorosamente católico pero afectado por la pobreza y cruzado por uno de los mayores niveles de desigualdad social de América Latina.

No es accidental que el Papa que posó los ojos de la Iglesia Católica "en la periferia" haya optado por cerrar su gira en Paraguay. El país, además de ser el de mayor porcentaje de católicos en su población (90%, según un estudio de Pew Research en 2014), es una vidriera de las injusticias que Francisco viene denunciando en su pontificado.

"Nosotros informamos al Sumo Pontífice para que esta visita la realice muy al tanto de la realidad que vive el país. Él sabe todo lo que sucede en estos momentos en Paraguay", le dijo a Ámbito Financiero monseñor Mario Medina, obispo de Misiones y Ñeembucú.

El religioso se refirió así a la persistencia de un elevado índice de pobreza en una nación que registró un crecimiento económico sostenido en los últimos años.

De acuerdo con el Banco Mundial, la economía paraguaya creció el año pasado un 4,4% -luego de un pico del 14,4% en 2013 y de resultados positivos permanentes desde 2010-, aunque esa bonanza no les llegó a todos por igual.

Casi uno de cada cuatro paraguayos es pobre, es decir el 23,8% de la población (1.600.000 personas), según la última Encuesta Permanentes de Hogares realizada por el Gobierno de Horacio Cartes.

La pobreza extrema, que es del 5,1% en las ciudades, asciende al 17,6% en el campo, donde paradójicamente se concentra la mayor riqueza del país. Entre los pueblos originarios alcanza a un escandaloso 76%, informó el Instituto Nacional del Indígena (INDI).

"El problema paraguayo es muy serio. Éste es un país donde más del 80% de la tierra está en manos del 2,5% de la población. Eso genera inequidad y mucha pobreza", señaló monseñor Medina, uno de los autores de los documentos de la Conferencia Episcopal Paraguaya que Francisco citó en su "encíclica verde". "Sin dudas, Paraguay es el país más desigual de los que visitará el Papa", insistió.

La última evaluación de la CEPAL da cuenta de eso. El coeficiente de Gini subió en 2014 a 0,526 desde 0,521 en 2009, mientras que en el resto de la región bajó.

A diferencia de lo que ocurrió en el resto de los países de América Latina, en los últimos cinco años Paraguay fue el único que no logró mejorar la participación de los más pobres en la economía ni tampoco redujo la participación casi exclusiva de la minoría más rica.

Marta Canese de Estigarribia, investigadora y docente en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción, le dijo a esta enviada: "La mejora económica, las ganancias de ese crecimiento económico, quedan en pocas manos, y en muchos casos en manos de extranjeros, brasileños que prefieren plantar soja o criar ganado en Paraguay porque aquí no se les cobran impuestos".

Aquí, la palabra del papa Francisco, que ha marcado su recorrido sudamericano con los mensajes clave de sus textos apostólicos, el Evangelii Gaudium -en el que condena la exclusión y la "idolatría del dinero", y advierte que la inequidad genera violencia- y Laudato Si, la "encíclica verde" en la que vincula el cuidado del medio ambiente con la redistribución de la riqueza, tomará un matiz aún más claro, convirtiéndose en una exhortación a actuar cuanto antes.

"El modelo es el problema. Tenemos un Gobierno agroexportador y empresario", indicó monseñor Medina, recordando que los textos del Papa cuestionan esas estructuras económicas generalmente destinadas a "un dinero que gobierna en vez de servir" y que nubla la evangelización.

"El presidente gobierna como si el país fuera una empresa. Él es el patrón y se hace lo que dice", subrayó, recalcando que la interpelación de Francisco no sólo será para recordarle a la Iglesia paraguaya cómo luchar contra esos males, sino sobre todo para hacer reaccionar al país, al Gobierno y a la sociedad.

(*) Enviada especial a Paraguay

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