El valor de la moneda es su capacidad de cambiarla por bienes y activos a un precio conocido por tiempo prolongado. Cuanto más prolongado mayores oportunidades de trabajos productivos, más amplia la frontera de producción. La frecuencia de su empleo en los negocios va confirmando su valor respecto de distintos bienes y precisando el conocimiento de los precios. Al mismo tiempo, la extensión del uso la hace conveniente para registrar y contabilizar operaciones. Los economistas denominan "unidad de cuenta" a esa función. La estabilidad de los precios nutre la información, confianza y volumen de transacciones de la red de intercambios en cada unidad de cuenta. La gente decide cuáles utilizar en cada ocasión, según resulte ventajoso.
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En la Argentina las normas empujan a pagar en pesos las compras corrientes, salarios, impuestos. Pero empleamos el dólar en inmuebles, activos, empresas y operaciones con el exterior. El uso corriente de dólares en dichas transacciones va confirmando la necesidad de tenencias de esa moneda, un resguardo contra devaluaciones.
La red de transacciones mundiales va recortando precios en las diferentes monedas. Lógicamente, la calidad de cada dinero va dimensionando el volumen de las transacciones que la utilizan y su relevancia en el planeta. Según el FMI, la mayor parte de las transacciones y reservas internacionales se constituye en dólares. Lejos le sigue el euro. Del peso no se habla.
Una moneda tan inconfiable como el peso -entre las de mayor inflación del mundo durante más de medio siglo- reduce el horizonte, volumen de negocios y calidad de la ocupación en el país. La actual crisis cambiaria confirma las inconveniencias de una moneda que cierra oportunidades. Para capear las crisis recurrentes, consecuencia del cepo de una moneda resistida -en verdad la gente prefiere al dólar- las autoridades encarecen las deudas. Al hacerlo, engrosan el déficit total del estado y carcomen las ganancias de las empresas. ¡A los problemas de conseguir financiamiento le suman mayores intereses, mayores deudas!
Los precios internacionales se miden en dólares. Si queremos abrirnos al exterior y aumentar las oportunidades a nuestra gente, mejor nos liberemos de cargar con el peso. Animémonos a tener la moneda confiable: el dólar. Opciones menos ventajosas serían una Convertibilidad, un peso fijado al dólar.
Toda la Argentina espera conseguir mejores remuneraciones. La forma es remover las trabas artificiales a nuestro progreso. La mala moneda nos empobrece. Y lo más efectivo es reemplazarla con la más utilizada en el planeta.
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