Teherán - Es uno de los hombres más poderosos de Irán, con influyentes contactos políticos y económicos. Ali Akbar Hashemi Rafsanyani es una pieza clave en el pulso de los reformistas al sistema. Y su papel eleva la disputa a algo más que una contienda electoral entre el presidente, Mahmud Ahmadineyad, y su rival, Mir Husein Musaví. Se trata del desafío de Rafsanyani al mismísimo líder supremo de la República Islámica, el ayatolá Alí Jamenei.
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Nacido en 1934 en la provincia de Kerman, Rafsanyani es una figura omnisciente en la política iraní. Quien fue uno de los padres de la Revolución hoy se alinea con la oposición. Ex mano derecha del ayatolá Jomeini, fue presidente entre 1989 y 1997. En la actualidad, dirige dos poderosas instancias iraníes: la Asamblea de Expertos, que supervisa al guía supremo, y (desde 1997) el Consejo de Discernimiento, que interviene -salvando las distancias, a modo del Tribunal Constitucional español- para mediar entre las disputas entre el Gobierno y el Parlamento.
Su papel en esta revolución cobra mayor relevancia si se recuerda el detalle de que no ha sido visto desde que acudió a votar el pasado 12 de junio, esperando un escrutinio «limpio». Desde entonces, se especula con su dimisión, un hecho que no fue confirmado. También se lo sitúa en Qom -el seminario religioso del clero chií-, donde se formó como ayatolá y donde tiene fuertes vínculos con los religiosos moderados. Desde allí, mueve los hilos para que la balanza de esta revolución se incline del lado de Musaví y los reformistas. «Es el único que puede arreglar esto», declara un observador que no quiso dar su nombre. En los últimos días varios miembros de su familia han sido detenidos por participar en las manifestaciones.
«Rafsanyani está jugando en dos tableros distintos y complicados. Por un lado, en la Asamblea de Expertos, donde tiene una mayoría suficiente para provocar un proceso acusatorio contra Jamenei. Ya lo desafió al celebrar una reunión la semana pasada. Por otro lado, maniobra en Qom, donde tiene el apoyo de 40 influyentes ayatolás», considera Amir Taheri, periodista y escritor iraní exiliado en Europa.
Es cierto que la Asamblea de Expertos es un organismo principalmente «ceremonial», que nunca cuestionó el papel del líder supremo. Pero es el único que puede nombrar y revocar al guía de la Revolución. «Si Raf-sanyani consigue el quórum -sería válido con 50 de los 92 miembros-, puede arremeter contra Jamenei y destituirlo. Si esto ocurre, la República Islámica se convertiría completamente en un nuevo régimen», opina Taheri. Hoy en día, en la República Islámica, el componente islámico es más fuerte que el republicano.
«Es una lucha personal entre Rafsanyani y Jamenei. Ambos fueron muy amigos durante años. La ruptura llegó en 1997, cuando Rafsanyani publicó el primer tomo de sus memorias contando que él nombró a Jamenei como guía supremo. A partir de ahí, la ruptura entre Jamenei -que creía que Irán era el poder sucesor de la Unión Soviética- y Rafsanyani -partidario de mantener a Irán lejos de los problemas mundiales- fue evidente», sostiene Taheri.
Heredero de una rica familia que forjó su fortuna con el comercio exportador de pistachos, sus alianzas con conservadores moderados y pragmáticos reformistas lo sitúan en un lugar privilegiado de la esfera política. Las acusaciones de nepotismo y corrupción han ensombrecido su imagen en los últimos años.
Pero las palabras de Ahmadineyad, que lo acusó de corrupto durante la campaña, lo han llevado a apoyar más ferozmente a la oposición. Ya perdió las elecciones contra él en 2005. «Raf-sanyani es un hombre paciente, pero está extremadamente enfadado por los ataques de Ahmadineyad», indica el analista iraní. La pugna entre dos generaciones -la nueva, representada por Ahmadineyad, y la vieja, encarnada por Rafsanyani- está servida.
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