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El Reino Unido, ahora más desunido
Esta ciudad ha sabido ganarse un lugar de privilegio en el ranking de ciudades globales gracias a un peculiar círculo virtuoso donde encontramos elementos históricos, regulatorios, fiscales y migratorios. A su riqueza histórica y a la conveniencia del idioma inglés para los negocios hay que sumarle una tradición en la industria de servicios bancarios que con un sistema legal percibido como confiable por los inversores ha construido una plataforma de crecimiento que se ha visto potenciada por regulaciones para hacer negocios deliberadamente más flexibles que las vigentes en el continente, favoreciendo la inmigración y radicación de emprendedores y profesionales de todas parte del mundo. Sin embargo, la frutilla del postre es una política fiscal que en los últimos 15 años ha favorecido la inmigración de millonarios y billonarios de toda índole y nacionalidad que han decidido asentarse e invertir en esas tierras.
La otra cara de la moneda nos muestra a los londinenses nativos muy preocupados por el impacto de la inmigración en el alarmante aumento del costo de la vivienda, la competencia para conseguir empleo y el desarrollo de una «oligarchitecture» (oligarquía arquitectónica) o propiedades construidas exprofeso para unos pocos ultramillonarios, cuyo último ejemplo es la torre Shard, la ciudad vertical más alta de Europa, que con 310 metros de altura, además de oficinas, restoranes y un hotel cinco estrellas ofrecerá departamentos a un costo promedio estimado de 60 millones de dólares.
Sin embargo, no debemos confundir a Londres con Inglaterra ni a ésta con el Reino Unido. Los ingleses han dominado la política y la economía del reino por centurias. Luego del ocaso del imperio han enfrentado la lenta pero inexorable pérdida de importancia relativa del país en el contexto político-económico internacional. Frente a esta realidad no hay que esperar cambios abruptos. Aquí nada es revolución. Todo es evolución. La reforma integral de la Cámara alta o House of Lords, iniciada hace más de 100 años, no ha podido crear todavía un mecanismo de elección directa para reducir el poder vitalicio de sus más de 800 miembros y es una materia pendiente en la evolución democrática del reino.
Es un reino donde sus habitantes se preguntan cuán unido está. Los escoceses ya comenzaron su debate político para decidir en el referendo de 2014 si mantienen su unión de más de 300 años con Inglaterra o si votan por su independencia. Según la última encuesta de IPSOS/Mori, menos de un tercio de los 5,2 millones de escoceses desean la independencia, pero esto puede cambiar junto con la dinámica de la economía.
El pesimismo de los consumidores continúa en ascenso a pesar de los esfuerzos neokeynesianos del Gobierno por estimular la economía con un aumento del gasto público que trepó del 35% al 45% del PBI pero que no pudo evitar una nueva caída en la economía en el último trimestre y que la tasa de desempleo se instale en el 8%. Así, la deuda pública se duplicó en los últimos años alcanzando el 60% del PBI, mientras que el déficit fiscal trepó a un nada deseable 7,8% que el Gobierno se empeña en reducir con medidas draconianas que alimentan el malhumor popular.
Este malhumor encuentra a los británicos envueltos en una nube de euroescepticismo enraizada en su pasado imperialista, en la negativa a aceptar el liderazgo alemán en Europa y a profundizar sus vínculos con el continente, principalmente con la periferia del Mediterráneo. Todos los principales partidos políticos hablan de llamar a un referendo para redefinir su futuro vínculo con la Unión Europea. Su interés clave radica en mantener la mayor cantidad de beneficios en su relación comercial con la UE a cambio de una relación política más lejana y de menor sometimiento a Bruselas que la actualmente vigente.
Si bien la historia y la geografía atrapan a los británicos en Europa, parecen sentirse más cercanos a Estados Unidos. No les gusta el rol que su realidad les presenta en la UE. Prefieren zigzaguear políticamente y mirar de afuera que ser parte de un proyecto político para construir los estados unidos de Europa.
(*) CEO de Los Grobo

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