Con respecto al maletín negro que cargó personalmente durante el viaje de ida y de regreso, lo que suscitó la curiosidad de muchos, confesó, divertido, que se trata del equipaje de una persona normal.
"No tenía la llave de la bomba atómica. Llevaba el maletín porque siempre lo hice. Adentro llevo la hojita de afeitar, el breviario, la agenda, un libro para leer, que es uno sobre Santa Teresina, de la que soy devoto", dijo. "Debemos habituarnos a ser normales. La normalidad de la vida", agregó.
Francisco reconoció con sinceridad que se siente encerrado en el Vaticano.
"¿Usted sabe las veces que tuve ganas de pasear por las calles de Roma?", dijo. "Porque a mí me gusta andar por las calles, me gustaba tanto y en ese sentido me siento un poco enjaulado. Pero debo decir que los de la Gendarmería vaticana son buenos y yo les estoy agradecido. Ahora me dejan hacer unas cuantas cosas más, pero es su deber garantizar la seguridad. Enjaulado en ese sentido, de que me gusta andar por la calle, pero entiendo que no es posible. Lo dije en ese sentido. Porque, como decimos en Buenos Aires, yo era un sacerdote callejero", explicó.
"No tengo miedo, soy inconsciente, no tengo miedo, sé que nadie se muere en la víspera, cuando me toque, lo que Dios permita será... tampoco pretendo ser un 'enfant terrible'", declaró en referencia a su rechazo a extremar las medidas de seguridad a su alrededor, tal como quedó expuesto en Brasil.
El Papa fue preguntado también si se siente jesuita, a lo que respondió que sí y que piensa como uno, "pero no hipócritamente", señaló.
En tanto, trascendió que Francisco donó 20 mil euros a la favela Varginha y al hospital San Francisco de Río de Janeiro, visitados por él la semana pasada.
| Agencias AFP y ANSA |


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