9 de junio 2014 - 23:37

"El sistema de salud por esencia tiene que ser público"

Claudio Belocopitt, presidente de Swiss Medical Group, dialogó con Ámbito Biz sobre el presente y futuro del sector, que en estos momentos se encuentra en puja con los gremios por los aumentos salariales y con el Gobierno por la autorización para subir las cuotas a sus afiliados. Sostiene que el sistema de salud en la Argentina debe reformularse para diferenciar los roles que deben cumplir las entidades públicas y las privadas. Su opinión sobre la unión del empresariado, la marcha de la economía y el panorama político de cara al recambio de gobierno en 2015, entre otros temas de conversación.

El sistema de salud por esencia tiene que ser público
Periodista: ¿Cómo está la situación de las prepagas tras el permiso del Gobierno para aumentar un 9%?

Claudio Belocopitt: Esperábamos que esto llegara para cubrir el primer semestre, que era lo que acordamos, para ya en el segundo abocarnos a las paritarias y al impacto que iban a tener. Pero el gremio pide ahora un anticipo. Es como que nos corren el arco todos los días y pretenden adelantar los plazos. Les ofrecimos trasladar este 9%, que lo teníamos que usar para mayores insumos y otras cuestiones, pero para buscar descomprimir la situación planteamos otros plazos y el gremio lo rechazó. Informamos de esto al Gobierno, pero por ahora no tuvimos respuesta. Además está el problema del PAMI, que tampoco ha notificado cuál va a ser el aumento a los prestadores. Yo creo que en los próximos días la situación se va a poner aún peor. Estamos preocupados porque nos hemos transformado en pilotos sin volante dado que nuestra capacidad de resolver estos problemas es nula si no podemos manejar tarifas. La autoridad de aplicación es el Estado, es el que tiene que definir y evitar el conflicto. No es lo mismo un conflicto como el que se suscitó de parte de los empresarios, a modo de advertencia y muy organizado, que uno del sector laboral que siempre es muy agresivo.

P.: ¿Qué riesgo puede haber si se llega a dar un paro de los trabajadores?

C.B.: Es impredecible, porque cuando dejás que el conflicto sindical se caliente sabés cómo empieza, pero no cómo termina. Me parece que hay que buscar consensuar por todos los medios, con los gremios y el Gobierno.

P.: Más allá de este 9%, en el segundo semestre se habló de que se podría rever. ¿Hay algún número que tengan pensado?

C.B.:
No. Está claro que la negociación paritaria hay que incluirla en el acuerdo. No hay otra alternativa de que se terminen de ajustar estos valores en los mismos términos en los que se está ajustando la economía en general. El aumento del primer semestre fue del 14,4%, esto va en consonancia con la inflación oficial. Y bueno, se estimará que será otro 14,15% el impacto del segundo trimestre. Hay que ver cómo impacta esto y cómo se sale de esta situación.

P.: Desde que se les prohibió aumentar y tienen que sentarse a negociar con el Gobierno, ¿cuánto es el desacople que hoy están teniendo?

C.B.:
Por un lado tenés el desacople en valores absolutos que puede oscilar entre los 9 y los 10 puntos. Pero esto es falso porque también tenés desacople en materia de tiempos. Muchas veces te reconocen los aumentos con 3 o 4 meses de tardanza con lo cual eso eleva mucho la cifra. Y por otro lado, al sistema privado se le incluyen prácticas nuevas que todavía no se han valorizado ni financiado, como la fertilización, el banding gástrico o el alimento especial para celíacos. Ponen la práctica, pero no el recurso. El atraso en el sistema para que sea lógico es muy alto, y no tenemos ni condicione, ni capacidad de dar esa discusión.

P.: ¿Cuál fue el impacto de la devaluación?

C.B.:
El impacto fue duro porque la mayoría de los componentes técnicos con los que se hace salud son importados. Nosotros presentamos en enero un impacto hacia el mes de marzo y nos daba entre un 12% y un 14%. El Gobierno reconoció ese 5,5% que ahora encima se suma como si fuese parte del estándar de reactualización a este 9%, con lo cual ése es otro golpe que ha tenido el sector.

P.: ¿Trataron de hablar de un dólar diferencial, por ejemplo, para importar equipos?

C.B.:
Tratamos de que al sector se le dé algún tratamiento especial, porque es considerado una actividad diferente al momento de definir una cuota. Pero al momento de darle un tratamiento tributario o del tipo de cambio, este sector es igual a una empresa de consumo masivo. Hay una ambivalencia espantosa.

P.: ¿Qué beneficios creen que debería tener el sector?

C.B.:
Fiscales, por ejemplo. Si queremos que sea más accesible podría tener desde costos laborales en materia previsional diferentes, exenciones a impuestos como Ingresos Brutos, tratamiento especial para lo que es la reinversión del equipamiento técnico del orden del Impuesto a las Ganancias, porque esto es capital intensivo de reinversión constante para tener tecnología del Primer Mundo. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, Los Arcos es una institución que compite con las más poderosas de EE.UU. en materia de tecnología y estando en la Argentina, con otras condiciones y otras circunstancias. En vez de ser medido como una cuestión que tendría que dar orgullo, es totalmente desconsiderado y muchas veces hasta juega negativamente cuando planteamos necesidades. En vez de felicitarnos por invertir, nos ponen esto como un argumento en contra al momento de demandar algo.

P.: ¿Hay algún planteo concreto hoy que estén negociando con el Gobierno?

C.B.:
No. Nosotros hablamos de distintas ideas y debatir el sistema de salud implica discusiones de gran profundidad. Estamos discutiendo actualizaciones de valores básicos para tener un sistema de funcionamiento y mirá lo que nos cuesta. La Argentina, le guste o no, deberá dar la discusión del sistema de salud en algún momento porque es un problema a nivel mundial. Si EE.UU. ha tenido que replantear toda su política de salud, si Obama ha arriesgado su elección de medio término de su primer período por tener que reformular un sistema que hacía agua, fijate si nosotros no vamos a tener que hacer grandes cambios. Creo que todavía nadie está dispuesto a dar ese debate.

P.: ¿Y por qué no se da?

C.B.:
Fundamentalmente, yo creo que hay mucho desconocimiento y también populismo en esto. Los congresos en el mundo se reúnen a ver qué le sacan al sistema de salud, qué van a hacer obligatorio y qué no, porque al sistema no le alcanzan los fondos para seguir enfrentando sus gastos. Y en la Argentina, los diputados y senadores se reúnen para ver qué le agregan. Somos el único país que suma políticas de cobertura obligatoria, mientras los demás las están sacando, porque el sistema de salud es una frazada corta.

P.: Pero también es justo que se cubran nuevas realidades...

C.B.: Es cierto que está buenísimo desde el punto de vista social que se puedan incluir cada vez más prácticas, no hay que ser hipócritas y saber qué prácticas elementales en materia de salud no se cubren. Entonces, cómo podemos discutir una enfermedad que afecta a un pequeño grupo y no estemos discutiendo cómo vamos a cubrir una gripe o sacar una muela en un hospital público. La Argentina -Estado, obras sociales y usuarios- tiene que tener un planteo mucho más serio de cara a la cobertura y los gastos en salud.

P.: ¿No hay ninguna manera de que no estén tan disociados lo público y lo privado?

C.B.: Debería haber maneras. El sistema de salud por esencia tiene que ser público, porque es un derecho, y no hay injusticia más grande que puedan curarse sólo los que tengan acceso al sistema y no lo puedan hacer los pobres. Entonces, la primera cuestión es un sistema de salud público pujante, donde las personas tengan resueltos todos sus problemas. Es falso que esto atente contra el sistema privado. En Inglaterra, donde el sistema público de salud es un orgullo, el privado tiene mucho éxito. La diferencia es que quien contrata un sistema privado está buscando otras cosas, como alternativas de confort. Esto es como un avión que tiene distintas clases. Debe volar y llegar a su destino con todos sus pasajeros, que es el sistema médico. Después la característica de la atención y el glamour que pueda tener es lo que se cobra diferente y así tendría que ser en la Argentina. Acá la gente suele confundir, contrata los sistemas privados porque considera que no hay otra opción. El usuario confunde el rol del sistema privado, pero mucho más grave es que lo confunde el propio Estado, porque siente en muchos casos que nosotros formamos parte del sistema público y tenemos que ser la solución a lo que los hospitales no pueden dar. Eso es una barbaridad estrepitosa. Siempre recuerdo que cuando se trató la regulación del sistema de medicina prepaga, hubo una legisladora que dijo por fin los usuarios del PAMI van a poder dejar esa obra social que es una porquería y poder pasar a otra mucho mejor. En vez de buscar la solución al PAMI, que es su obligación como política, piensa que es un día histórico, que esto es bárbaro porque la gente lo va a poder dejar. El sistema privado no es el que debe garantizar la salud de un país, ni mucho menos. Es complementario, y así debería ser un país que quiera tener sus valores éticos y morales altos.

P.: ¿Cómo sería ese sistema?

C.B.: Yo creo que al sistema hay que hacerlo de nuevo. Lo primero es que haya hospitales públicos fuertes, que resuelvan todos los problemas y con una distribución eficiente de turnos, sin lujos y con ciertas limitaciones. A partir de ahí los sistemas privados complementando para quienes quieran tener una mejor cobertura, y que contraten lo que realmente quieran, y no como hoy que están obligados a contratar todo. Es tan ridículo que por ejemplo una mujer que tiene 65 años y que ya no piensa tener más hijos tiene que contratar un servicio de salud que tiene cubierta la obstetricia porque no se puede segmentar.

P.: ¿Y eso se hace en otros lugares?

C.B.: Por supuesto. Vos contratás lo que querés. ¿Por qué tenés que contratar lo que te impone un legislador? Como es ahora tenés un sistema más caro, y no podés renunciar porque así lo determina la ley. De esta otra forma se podría contratar más barato y permitir que mucha más gente entre al sistema privado.

P.: ¿Cómo imagina al sector dentro de 20 años?

C.B.: Por un lado, la buena noticia es que la gente va a vivir más y mejor. Todo hace suponer que la expectativa de vida va a crecer de una manera exponencial tremenda. Y la solución a enfermedades que no se curan o se curan parcialmente va a ir mejorando. La mala noticia es que hay que analizar cómo se va a pagar esto, porque los costos van a ser enormes. Y éste es el desafío que tiene la clase política. EE.UU. tiene un 20% del PBI en gastos de salud, es su primer gasto. Y tiene lógica, porque para ir la gente tiene que estar sana. ¿Cuánto pagaría alguien para tener una vida más larga? La tecnología está resolviendo cosas increíbles y logrando cosas impresionantes que se ven con naturalidad. Pero lo que se desarrolló atrás de ese aparato es una inversión enorme, y de esas cosas están apareciendo todos los días. Y en materia de farmacología con los monoclonales, los descubrimientos son gigantes. Ahora los valores son escalofriantes. Entonces veo una sociedad que va a estar mejor en materia de atención médica, que va a tener soluciones cada vez más increíbles, pero que va a tener que replantearse su financiamiento.

P.: Al final siempre volvemos al debate sobre el rol del Estado en la economía...

C.B.:
Claro, es que el Estado tiene que ser importante en los lugares que debe ser importante, y debe dejarle el lugar a la actividad privada en los lugares donde se justifique su participación. El Estado ha demostrado no ser un gran administrador, pero no puede no existir. Tiene que tener un rol preponderante en salud, educación, seguridad, que son pilares de una sociedad. En otras actividades me parece que no tiene sentido.

P.: ¿Cómo ve este período que se abre de disputa electoral y cómo cree que se va a transitar este año y medio que le queda al Gobierno actual?

C.B.:
Las transiciones en la Argentina son siempre difíciles porque las políticas de Estado no existen. Podrían plantearse grandes cambios de acuerdo a quien gane, y eso genera incertidumbre y expectativa. De todas maneras, yo veo con buenos ojos que el Gobierno esté decidiendo dejar bastante ordenado el frente externo, que es una cosa imprescindible, porque sin eso ningún país tiene destino. Se necesitan dólares, inversiones, créditos, meterse en el intercambio global. Y creo que la Argentina ha interpretado que el acuerdo con el Club de París, el arreglo con Repsol, el aceptar lo que falle la Corte de EE.UU., deja la posibilidad de transitar este año y medio sin algo inmanejable.

P.: ¿Y cómo ve la economía doméstica?

C.B.: Tiene complicaciones. La principal es la inflación, que es un problema para todos, para los empresarios, el Gobierno y los habitantes. Pero me parece que si ordenamos el frente externo, podemos trabajar con el interno.

P.: Hay una idea del empresariado en general a unirse, de empezar a buscar alguna unión para que no le pasen ciertas cuestiones que le ocurrieron en los últimos años. ¿Cómo ve esa posibilidad?

C.B.: Yo soy de los que reivindican enormemente el rol de los empresarios. La idea de que los empresarios son malos, especuladores, me parece una barbaridad. Hay buenos y malos empresarios, como hay buenos y malos periodistas y políticos. Pero en cualquier sociedad del mundo capitalista el rol de los empresarios es fundamental. Son creadores de puestos de trabajo, de mejoras en la calidad de vida. Los empresarios en la Argentina son muy especiales. Esto puede ser porque a lo largo de la historia les ha tocado vivir situaciones difíciles y también porque muchas veces deben ser egoístas. Entonces nunca han hecho un planteo de decir nosotros somos importantes, sino que se han peleado entre sí, se han acomodado con diversos gobiernos de turno para proteger a su propio sector. Esto hizo que los empresarios a lo largo de distintas etapas reciban diferentes golpes. Desde nuestro lugar estamos apoyando mucho este tema y nuestro rol es protagónico en esto de tratar que los empresarios se junten y debatan. Hay que ver qué va a suceder.

P.: ¿Pero así no quedan muy debilitados frente, por ejemplo, a un Gobierno?

C.B.:
La unión empresaria hubiese sido valorable 4 o 5 años atrás, ahora el valor es más escaso. Mañana viene otro que ataca y entonces se acomodan los que vienen. Pero no hay ninguna duda. Brasil tiene una clase empresaria fuerte, defienden, plantean, van a los gobiernos y ponen condiciones. Acá vemos cómo los muelen a palos un día y al otro día nadie se mete.

P: ¿Qué falta para llegar a esa unión?

C.B.:
Superar los egoísmos. Hay que entender que si no se respeta a la clase empresaria, si no se la considera como un jugador tan importante como la clase trabajadora, o la política, si no se le da el mismo espacio, van a existir siempre acomodados que vivan primaveras doradas y otros perjudicados.

P.: Volviendo a lo de empresarios buenos y malos, ¿cuáles serían?

C.B.:
Hay empresarios que los ves constantemente invirtiendo en la Argentina, y eso es un tipo que genera valor, trabajo. Lo que pasa que en la Argentina, se respeta la pasión de un artista, de un deportista, pero no la de un empresario. La gente tiene la imagen de que lo único que hacen los empresarios es por la plata y es lo único que les interesa. Y yo creo que está lleno de empresarios que no miran eso, que miran proyecciones, cosas que van más allá. A esa gente cada tanto hay que motivarla, apoyarla, considerarla. En las sociedades más desarrolladas y donde la gente vive mejor es donde los empresarios son respetados y admirados. En cambio, en las sociedades donde son castigados o insultados, la calidad de vida es peor. Pero también están aquellos que aprovechan una circunstancia, inventan algún negocio, negociado, se llenan de plata, hacen un desastre, y se van. Pero eso es como en todos los órdenes de la vida, donde hay gente buena y mala. Sin embargo no se puede destacar al malo y olvidarte de todos los que están haciendo lo bueno.

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