12 de octubre 2015 - 00:00

El superclásico visto desde una óptica vip

Fuegos artificiales, juegos de láser  y papelitos plateados cuando salieron los dos equipos.
Fuegos artificiales, juegos de láser y papelitos plateados cuando salieron los dos equipos.
El superclásico Boca-River, River-Boca, se vive con la misma pasión. Sea en la Boca, en el Monumental o en el lugar más lejano del planeta. Sin embargo, este maravilloso partido, uno de los más importante de la orbe, se puede palpitar de dos maneras diametralmente opuestas: saltando y alentando desde una tribuna, saboreando un rico chori o un paty, o desde una visión más lujosa, con cierto toque de glamour. El sábado por la noche el superclásico se trasladó al estadio Mario Alberto Kempes, en Córdoba. Sin embargo, no fue un Boca-River más, ya que por tratarse de un amistoso -aunque cada vez está más distantes de serlo- la empresa World Eleven montó el superclásico como un espectáculo tipo norteamericano, en el marco de la Copa BBVA Francés.

Fueron siete horas en las cuales los hinchas o simpatizantes de ambos clubes que compraron el paquete pudieron disfrutar de un show musical, de juegos de láser, del partido sentados en un palco o en una de las plateas más costosas, con un espacio vip, con DJ en vivo, comida gourmet y pudiendo estar en contacto con jugadores, con dirigentes y con distintas celebridades. Todo en un ambiente de cordialidad y de camaradería, como si la camiseta que alentaran fuera de la Selección argentina.

Obvio que lo que cuesta vale: la empresa, junto con la entidad bancaria lanzaron a la venta alrededor de 330 paquetes, a razón de $ 3.500 cada uno. Aunque su valor no fue impedimento para que se agotaran en menos de 24 horas. "Nosotros somos pioneros en este tipo de eventos. Lo que buscamos es generar un espacio distinto para vincular a la gente con las empresas y para que los hinchas y simpatizantes de ambos equipos puedan confraternizar disfrutando de un espectáculo diferente. La gente lo agradece porque la contraprestación que les brindamos superó el precio del mismo", señaló Guillermo Tofoni, CEO de la empresa World Eleven, que fundó en 1994, y agente oficial FIFA desde 1999, con más de 220 partidos internacionales organizados por todo el mundo.

En una Argentina donde se debate si deben regresar los visitantes a los partidos de fútbol, el sábado, cuando comenzaban a nacer las sombras de la noche, hinchas de River y de Boca comenzaron a compartir juntos momentos agradables, tomando algún trago o comiendo bocaditos, a la espera de la llegada de los jugadores para poder fotografiarse junto a ellos. Precisamente fueron Orion, Palacios, Calleri, Arruabarrena, Bravo y Pavón quienes se acercaron para firmar autógrafos, fotografiarse y dialogar con la gente de Boca, todo en un marco de total y absoluto respeto por parte del hincha de River.

A las 20.55 se apagaron las luces del Mario Alberto Kempes y el periodista Rama Pantorotto presentó el Boca-River como el partido más importante del mundo, como el súper, superclásico. Las dos hinchadas se debatían a duelo con cantos a gargantas partidas, haciendo vibrar el estadio hasta que apareció la cantante Coral, quien interpretó en inglés su tema "Free", de su último corte discográfico Light, que lanzará en noviembre próximo.

Inmediatamente juegos de láser con música y una suelta de papelitos plateados que marcaban la salida a la cancha de los dos equipos: los de River tomando de la mano a chicos de Boca y los de Boca a chicos de River. Los 22 jugadores posaron con un cartel cuya leyenda decía "Juntos por el fútbol", con la intención de enviar el mensaje que se puede convivir en un espectáculo futbolístico sin violencia.

En el entretiempo, el retorno fugaz al espacio vip y el inmediato regreso a la platea o palco para ver los últimos 45 minutos. A su finalización, fuegos de artificio, entregas de premios y al comenzar la fiesta conjunta, como un verdadero tercer tiempo de rugby, pero no entre jugadores, sino entre hinchas de Boca y de River.

Degustaron comida gourmet, bebieron desde agua pasando por gaseosa, cerveza, hasta un exquisito champán chileno, sin olvidarse de la bebida característica del cordobés: Fernet con cola. La fiesta se extendió hasta pasadas las 2 de la madrugada, sin distinción de banderías y sin enojos ni rencores por el resultado, todo fue en familia.

Éste fue el tercer superclásico que World Eleven organizó en Córdoba (otro fue en el Azteca de México), en donde trabajaron 200 personas, que, sumadas al operativo policial superó al millar y en donde la empresa tuvo una inversión de 1.200.000 dólares, incluidos los cachets de los equipos. "Estas acciones son rentables, pero finalmente rentables por el alto costo, aunque en esta oportunidad lo fue porque el Kempes estuvo colmado por 55 mil espectadores", señaló Tofoni quien, en un amistoso vendió más de 20.000 tickets que un partido por las eliminatorias del seleccionado argentino.

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