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El talento nacional llega a los grandes circuitos
«Es un mundo pequeño, salvo si tienes que limpiarlo»: obra de Barbara Kruger que integró la gran exposición pop «Bye Bye American Pie», en el Malba.
El curador general del Malba, Marcelo Pacheco, recibió las obras de la colección permanente que estuvieron en el Museo de Bellas Artes de Houston, y montó un nuevo recorrido con Tarsila do Amaral, Diego Rivera, Frida Kahlo, Wifredo Lam, Emilio Pettoruti, Xul Solar, Antonio Berni y, entre otros, Spilimbergo, con la bella «Terraza» comprada recientemente. La trayectoria diseñada por Pacheco es un modelo infalible que estudian los coleccionistas.
Para cerrar un año en el que Brasil estuvo presente con las pinturas de Beatriz Milhazes, el Malba presenta las últimas compras realizadas en el marco de su Programa de Adquisiciones, junto a las donaciones y los comodatos confiados al museo a lo largo de 2012. Allí están los dibujos de Lux Lindner, donado por el Citi, y la pintura de Alfredo Hlito que compró Silvia Braier para el Museo, quien el año próximo asumirá la presidencia de la Asociación Amigos. Braier afirmó que donarla al Museo le produce más placer que colgarla en su casa.
Varias instituciones realizaron sus compras en las ferias arteBA y Buenos Aires Photo a la vista del público. El gesto de destinar dinero a la compra de arte es un estímulo para el mercado y un ejemplo para el coleccionismo privado. En este sentido, no se puede soslayar el repudio de casi 700 artistas ante el pedido de donaciones compulsivas del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Por primera vez los artistas se unieron para defender un espacio que les pertenece.
El Faena Arts Center no sólo realizó su premio anual, trajo además las muestras del grupo cubano Los Carpinteros y la de Franz Ackermann. El artista alemán se instaló en Buenos Aires para realizar unos esplendorosos murales, género que recobra el terreno perdido con la democratización del arte. La presencia de Faena se consolidó este año con la primera edición de un proyecto educativo, el Laboratorio de Experimentación Artística (L.E.A), creado por Ximena Caminos y dirigido esta vez por Emiliano Miliyo, Diego Bianchi e Inés Dahn. Los artistas Nicanor Araoz, Ernesto Ballesteros, Julián d'Angiolillo, Irina Kirchuk, Valentina Liernur, Lucrecia Lionti, Adriana Minoliti, Dudú Quintanilha y Luis Terán muestran los resultados de tres meses de trabajo. El proyecto se suma a la labor de la Universidad Di Tella, con sus talleres y cursos de arte.
Junto al MAMBA y sobre la avenida San Juan, los coleccionistas María Constanza Cerullo y Aldo Rubino inauguraron el MACBA, un edificio de 1.500 metros cuadrados que alberga un amplio abanico de expresiones abstractas internacionales y argentinas. El guión curatorial coloca, justamente, las obras argentinas junto a las del resto del mundo para favorecer la amabilidad del diálogo.
El arte de nuestro país ingresa sin dificultad en los circuitos internacionales, mientras crece la producción contemporánea. Nadie puede predecir cómo evolucionará este fenómeno de apertura, pero es posible conjeturar que continuará creciendo. La cuestión es cómo alentar el empeño de nuestros operadores culturales y cómo sortear las dificultades que engendra la situación financiera. El apoyo del sector privado aumenta día a día y su aporte es decisivo.
Hasta el cierre de esta edición, la Cancillería no había anunciado qué artista representará a la Argentina en la Bienal de Venecia que se inaugura en mayo de 2013. La decisión genera suspenso. En 2011, Cristina de Kirchner recibió las llaves del Pabellón Argentino, un estupendo espacio disponible para nuestro arte en los históricos Arsenales de Venecia, cedido en comodato durante 22 años a cambio de 1,9 millón de euros.
La última Bienal veneciana fue un trampolín a la fama para el joven rosarino Adrián Villar Rojas, fama que consolidó la invitación a participar de la megamuestra Documenta de Kassel, fiel sismógrafo de las tendencias dominantes del arte. Villar Rojas ocupó un extenso y antiguo viñedo con sus esculturas de personajes desgarrados, sus formas y objetos extraños que le demandaron a él y a su equipo de ayudantes, más de tres meses de labor titánica. Resulta difícil sorprender a los espectadores que llegan a Kassel, que lo han visto todo, pero quedaron deslumbrados con una obra que parece representar los restos de un mundo que ha estallado, lo que quedó después del fin.
Vale la pena recordar que la presencia argentina comenzaba al abrir el sitio web de Documenta. Allí estaba la ilustración de Norah Borges para la portada de la novela «La invención de Morel», de Adolfo Bioy Casares. Los argentinos Faivovich & Goldberg también fueron invitados a Documenta para exhibir su investigación sobre un meteorito que en la década del 60 fue cortado en dos. La aspiración frustrada de reunir las partes (una se encuentra en el Smithsonian de Washington, y la otra junto al Planetario) le restó eficacia a la presentación. Según las estadísticas, hasta promediar los años 90, el 90 % de los invitados a Documenta provenía de países pertenecientes a la OTAN.
En Nueva York, los argentinos que concurrieron en noviembre a la Feria Pinta se sorprendieron al escuchar a la texana Mary Lile contar sobre la gran muestra del artista rosarino Antonio Berni, que llegará pronto a su tierra. La artista estrella de Pinta fue la argentina Liliana Porter: su obra, inconfundible, figuraba en varios stands.
Por su parte, arte BA continúa irradiando su energía y beneficiando los intercambios de los argentinos en el exterior. Ahora acaban de convocar al
influyente teórico mexicano Cuauhtémoc Medina para programar la nueva versión del siempre discutido Premio Petrobras.
Este año termina con una buena noticia: el 12 de diciembre el grupo Eloísa Cartonera recibirá el Premio Príncipe Claus, uno de los mayores de Europa (ronda los 100.000 euros) en el palacio de la familia real de Holanda. La red integrada por artistas, escritores y cartoneros surgió para paliar los efectos del colapso social, político y financiero de 2001. El escritor Washington Cucurto y los artistas Javier Barilaro y Fernanda Laguna fundaron una editorial especial. Las tapas de los libros donde se publica material inédito de centenares de autores latinoamericanos son de cartón comprado a cartoneros en la calle y están pintadas a mano por otros cartoneros. Eloísa está hoy en manos de Cucurto y una cooperativa. Laguna, dedicada a su obra y al bachillerato especializado en arte que fundó en Villa Fiorito, donde quiere levantar un museo, aclara: «Eloisa es un proyecto a largo plazo, no una obra que empieza y termina. Perdura en el tiempo por el mérito de cada uno una de los que siguieron. Y lo importante es que siga, que siga en tantos países. El dinero será utilizado para darle fuerza al proyecto, para que crezca».


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