El tambo sigue esperando respuestas

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Aún con las cifras oficiales, en el año 2011 pasado la Argentina se ubicó recién en el lugar 123 en el mundo respecto de su crecimiento lechero. Naturalmente, si se utilizan algunas cifras privadas que sostienen que la producción láctea no sólo no creció en 2012, sino que tuvo mermas, (por clima, por menor alimentación debido a la falta de precio y por cierre de establecimientos), entonces la performance pasa a ser mucho peor y muy distante de Estados Unidos que creció el 21% a 89.000 millones de litros; Chile, un 28% a 2.600 millones; Uruguay casi el 40% a 2.100 millones de litros o Brasil, el 63% a 32.100 millones y sin llegar a los extremos de Arabia Saudita del 178% de aumento o de China que incrementó su estratégica producción láctea en nada menos que un 391% a casi 37.000 millones de litros en el período 99-11.

En ese contexto, el aumento del 9% (oficial) de la Argentina a alrededor de 11.200 millones de litros parece más que modesto considerando, además, las extraordinarias condiciones agroecológicas que ostenta el país para la producción de este rubro.

Encontrar las razones del estancamiento/retroceso de la lechería local en la última década (no hay olvidar que en la segunda parte de los 90 ya se superaban holgadamente los 10.000 millones de litros), no parece demasiado difícil si se tienen en cuenta los casi 8 años de reclamos del sector, uno de los primeros en ser intervenido con medidas económicas, desde el aumento de las retenciones en la era Roberto Lavagna (ministro) del 10% al 15% (Resolución 406/2005), hasta los "precios de corte" por los cuales se ponía un tope (interno) a los precios de exportación independientes del nivel de las cotizaciones internacionales, hasta los permisos de exportación (ROEL) de Ricardo Echegaray o los controles de precios del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

Así, la realidad de los precios a los tamberos de los últimos años muestra una importante caída de la rentabilidad, agudizada luego por la inflación, que determinó tanto la caída en la cantidad de establecimientos (la mayoría de los cuales pasó, directamente, a hacer soja), hasta la disminución, últimamente, en la cantidad de vacas en ordeño en los tambos. Y, si la baja productiva no fue aún más marcada, se debió a la sensible mejora que aportó la tecnología, tanto en genética animal como vegetal, que compensó parcialmente las bajas.

Otro elemento que obró como freno fue que los muy buenos precios internacionales que alcanzaron los lácteos en varias etapas de este período, con picos que llegaron a superar los u$s 6.000 en algunos meses, aunque la media fue de u$s 4.700 por tonelada (base leche en polvo) de todos modos, los productores locales no los pudieron aprovechar debido, justamente, a la imposición de los "precios de corte".

Luego, los precios de exportación cayeron, aunque hubo "un respiro" por el lado de los granos en 2010/11.

Ahora, tras una sensible caída, los valores se recuperaron hasta superar otra vez los u$s 4.000 por tonelada, nivel considerado de equilibrio, especialmente si se tiene en cuenta que al comenzar este siglo (2001) los precios llegaron a bajar hasta menos de u$s 1.000 la tonelada (crisis), aunque entonces los costos de producción eran sensiblemente menores a los actuales.

La suba internacional, sin embargo, no alcanza para compensar las pérdidas internas que se acumulan, básicamente, por las restricciones a la exportación (desde los permisos, hasta el tipo de cambio) que determinan que esos volúmenes tengan que volcarse entonces al mercado interno, donde vuelven a operar como depresores.



Costos y precios



Así las cosas, y a pesar de algún avance relativo de precios, debido a la caída de la producción (que se acentuaría en los próximos meses), los valores que reciben los tamberos en tranquera apenas rondan $ 1,70 el litro, mientras que los costos de producción ascienden a aproximadamente $ 2 y en los esquemas de alta productividad, como los que refleja Márgenes Agropecuarios, el costo se eleva a $ 2,24.

El quebranto en el primer eslabón de la cadena, el tambo, no sirvió tampoco, para mejorar los precios al consumidor, ni las subas en el mostrador parecen reflejarse en una mejora de valor para la leche en tranquera.

De acuerdo con distintos seguimientos privados y de entidades que se están haciendo, mientras en febrero de 2011 la leche al público y el kilo de queso cremoso costaban, respectivamente, $ 4,07 y $ 39,2; el mes pasado las cotizaciones habían ascendido a $ 6,30 y $ 63,9, o sea, una suba de casi un 55% para el sachet y el 63% para el queso, mientras que para el tambo la suba fue de sólo un 13%, muy por debajo de la inflación.

Dicho de otra manera, si la suba al público se hubiera mantenido para la producción, el tambero habría recibido entre $ 2,30 y $ 2,40.

Además, la política comercial tampoco parece contribuir, según lo hizo saber Julio Aimar, miembro de la Mesa Nacional de Productores de Leche (MNPL) al afirmar que "el congelamiento anunciado, que va a recaer sobre los precios de salida de fábrica es absolutamente nefasto y en consecuencia no podremos lograr la mejora que el productor necesita. Así sigue cayendo el volumen. Estamos en el octavo mes de caída interanual de la producción".

Lo concreto, según el coordinador de la MNPL es que ya se perdieron "tres litros, promedio, de producción por vaca".

Pero no es la única pérdida ya que, más allá de los anuncios, son muy escasas las inversiones industriales y, en algunos momentos no alcanzan para neutralizar a las que salen del sector, tanto locales como extranjeras. La industria se atrasa también en la tecnología y, de hecho, aún con este volumen de producción, falta capacidad de procesamiento (es uno de los factores que se esgrimen para la baja interna de los precios al tambero) y se van sumando quebrantos también en el nivel industrial jaqueado además, por los crecientes costos de producción y las restricciones energéticas.

De ahí la importancia excluyente que cobra el conocimiento de cómo evoluciona el costo de los productos en los distintos eslabones, ya que entre la comercialización y el Estado se "remarcan" los precios de los lácteos en salida de fábrica, en más del 90%. Pero esto, que en algún momento era materia cotidiana en el área de comercio interior, parece haber desaparecido ahora de la faz oficial, y el trabajo "especial" que se había encargado en la materia, nunca apareció (hasta ahora).

Según consideran varios, uno de los elementos que está fallando es la "distribución" de los ingresos "dentro" de la propia cadena y hasta consideran "llamativo" el desconocimiento que hay sobre los márgenes del sector de comercialización, mientras la industria, la producción y hasta los consumidores, siguen cada vez más afectados.

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