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Emergió con las aguas de 2002. ¿La hundirá el tsunami de 2010?
Ya en la presidencia, la médica socialista navegó sus primeros dos años entre alzas y (pronunciadas) bajas en las encuestas. Pero otro escenario adverso para los más humildes fue su trampolín hacia la popularidad astronómica preterremoto. A comienzos de 2008 empezó la curva ascendente, que se consolidó con la crisis internacional, gracias a aciertos clave en el enésimo cambio de gabinete y a una política social sorprendente para los términos chilenos.
Desastre mayor
Quiso el destino que Bachelet se encontrara con uno de los mayores terremotos de la historia en sus últimos diez días de gobierno. Otra vez el desastre, pero infinitamente mayor que la experiencia de hace ocho años, cuando Bachelet era ministra de Ricardo Lagos.
Por primera vez en mucho tiempo, voces públicas y de ciudadanos comunes (víctimas) se atrevieron por estos días a cuestionar a la figura de la presidenta chilena. Dicen sus críticos -algunos, en realidad, lo lloran frente a cámaras, dato central en la democracia televisada- que no hubo una coordinación adecuada de su Gobierno en las horas clave que siguieron al terremoto para evitar el tsunami. Que el hecho de que pasados cuatro días del sismo todavía hubiera poblados sin ninguna asistencia demuestra que la promocionada red social no era tal. Que demoró el pedido de auxilio al exterior por una autosuficiencia inexplicable...
Evaluación
El tiempo permitirá la distancia adecuada para saber si estas críticas son justas o apresuradas. En principio, una cifra que ronda los mil muertos para un terremoto de 8,8 grados en la escala de Richter no parece injustificada ni mucho menos, aunque los especialistas tendrán distintos elementos -epicentro, horario, azar, antecedentes- para evaluarlo.
Ayer apareció la Bachelet mujer, madre y sensible, cuando lloró en una entrevista y confesó que no se había dado «tiempo para el dolor». También surgió la polemista que alberga una gran política, lo que, al fin de cuentas, también es: «Somos todos generales después de la guerra».
Pero también ayer tuvo lugar otro capítulo de zozobra por una aparente sobreactuación del Gobierno por riesgo de tsunami a raíz de una fuerte réplica del terremoto. Como si los responsables se hubieran quemado con leche. Otro día con los funcionarios dando explicaciones.
La magnitud y lo reciente de la catástrofe tornarían probablemente injustas tanto condenas como absoluciones a destiempo. Pero a cinco días de la catástrofe y a ocho del traspaso de mando, parece innegable que Bachelet se encuentra vulnerable. ¿Mucho? ¿Poco? En cualquier caso, la suerte no la acompañó, porque no estará a su cargo la tarea de la reconstrucción, que bien puede ser una lápida si se lleva mal como una proyección épica (Evita).


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