10 de julio 2009 - 00:58

Empresarios aceptan convite (pese a fracasos anteriores)

Hay escepticismo sobre la implementación y los temas que se agendarán

José Ignacio de Mendiguren, Jaime Campos
José Ignacio de Mendiguren, Jaime Campos
«Lo mejor del discurso de la Presidente es el cambio de actitud respecto de lo que dijo al día siguiente de las elecciones. Esperemos que esta vez sea diferente de otras: a dialogar nos llamaron en muchas ocasiones, pero después venía (Guillermo) Moreno y nos decía a cuánto teníamos que vender hasta los caramelos...» Una alta fuente de la Unión Industrial Argentina (UIA) resumió así la reacción del sector empresario al llamado al diálogo con todos los sectores lanzado ayer por la presidente Cristina de Kirchner.

Según pudo recoger este diario entre algunos de los principales dirigentes empresarios del país, obviamente acudirán con la mejor predisposición a la convocatoria presidencial, pero -al menos hasta que se demuestre lo contrario-, experiencias similares anteriores y sus magros resultados prácticos le dan una pátina escéptica a la respuesta.

José Ignacio de Mendiguren, secretario de la UIA, dijo a este diario: «Si nos pasamos pidiendo ir a misa, y nos llama el obispo, no vamos a romper los vidrios de la iglesia: iremos adonde y cuando nos llamen, a escuchar la agenda oficial y también llevando nuestra propuesta». El dirigente agregó que le parecía «muy importante» que en la convocatoria presidencial se incluyera de manera explícita al campo, con el que el Gobierno mantiene una dura puja desde hace año y medio.

De Mendiguren dijo también que lo importante en esta coyuntura es «dar una muestra de credibilidad para poder retomar el clima de inversión; acá nadie quiere una crisis, y el diálogo puede ser un paso en la dirección correcta hacia la recuperación».

En tanto, Jaime Campos, director ejecutivo de la poderosa AEA (Asociación Empresaria Argentina) dijo a este diario: «El diálogo es algo que pedimos siempre, y somos partidarios de él. Lo importante es que se enfoque a objetivos concretos para conformar una agenda común y se fijen plazos para ponerla en práctica». En relación con la conformación de un Consejo Económico Social, Campos admitió no estar seguro de que sea viable. «La experiencia internacional muestra que sirven para tratar los temas entre el sector patronal y el laboral, pero no para fijar políticas de Estado», advirtió.

A su turno, Carlos de la Vega, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, sostuvo que ayer «fue un día de anuncios positivos: la convocatoria a un amplio diálogo, la posibilidad de una reforma política que avance en la democratización y la admisión de que hay cosas que hay que cambiar abren un espacio para las convergencias positivas, tal como pidió ayer el obispo de Tucumán». El avezado dirigente dijo, sin embargo, que habrá que aguardar la estructura que le dará el Gobierno al diálogo: «Si hay 25 entidades, todas con sus reclamos sectoriales y sin una visión estratégica, estaremos en problemas».

Por su parte, Alberto Sellaro, de la Cámara del Calzado, dijo: «Ojalá que esto sirva para retomar el rumbo productivista que tuvo el Gobierno los primeros años. Creo que si Néstor Kirchner entendió el mensaje de las urnas, y se corre un poquito y deja hacer a los que más saben, se podrá lograr ese objetivo. Hay mucha gente con ideas, a los que hasta ahora no se les permitió aportar. El discurso de la Presidente demuestra que están comenzando a entender lo que pasó hace diez días...»

Cabe recordar que a principios del año pasado se iniciaron reuniones a nivel técnico entre la UIA, la CGT y la gente del ministro de Planificación, Julio De Vido, con la idea de conformar un Consejo Económico y Social a la manera del que funciona hace años en varios países de Europa y también en Brasil. La idea era anunciar un «pacto social» en mayo, en coincidencia con el inicio de las sesiones del Congreso, y se lo iba a denominar Acuerdo del Bicentenario.

Según ese modelo -que tiene a la central fabril como principal impulsor-, toda iniciativa oficial que afecte a las fuerzas productivas pasaría primero por el Consejo para recién después ser girada al Poder Legislativo. Si bien era poco lo que se había avanzado en las reuniones tripartitas, la UIA planteó que también debía incluirse al campo en esa mesa, a lo que el Gobierno -en plena batalla por la Resolución 125- se negó de plano. Desde entonces, nunca más se habló de pactos, acuerdos, diálogos o nada parecido. Hasta ayer.

Aun antes de esas reuniones, la cúpula de la UIA había concurrido a la sede de la CGT a almorzar con Hugo Moyano y sus asociados; parecía que el acuerdo avanzaba, pero no fue así. Mucho antes, en 2004, el entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, abortó el acuerdo que avanzaba por las veredas de Planificación, la UIA y la CGT pronunciándose contra «los pactos de cúpula» (así los calificó) e imputándoles posibles efectos inflacionarios. La realidad de ese rechazo, sin embargo, hay que buscarla en el enfrentamiento que mantenían Lavagna y De Vido; todos recuerdan quién ganó.

La central fabril lo intentó todo para hacer avanzar el pacto social: en 2005 trajeron al país a Jaime Montalvo Correa, titular del CES español, que se entrevistó con los ministros De Vido, Carlos Tomada y Lavagna. En febrero de este año acompañaron a la Presidente a España, y también almorzaron en la sede madrileña del CES.

Hoy los empresarios piensan que más importante que llamar al diálogo es cómo se instrumentan los resultados de esas charlas. Los dos párrafos de la Presidente que más desconfianza generaron en el sector fueron la posibilidad de incluir a los desocupados en esas conversaciones, y el hecho de que haya mencionado «a los grupos con más poder de lobby», una referencia habitual del discurso de Cristina de Kirchner cuando se refiere al campo o a ciertos sectores de la industria.

Respecto del primer tema, los empresarios consultados se preguntaron cuál sería el aporte que podrían hacer los desempleados. «Primero veamos qué podemos hacer para crear empleo, porque los desocupados sólo podrían pedir justamente nuevos puestos de trabajo, o en su defecto aumento en los planes de ayuda social», dijo uno de los consultados.

Respecto de la convocatoria al agro, De Mendiguren afirmó que le parecía positivo en más de un aspecto: «No sólo se reconoce a un sector fundamental de la economía, sino que podríamos de una vez por todas empezar a matar la falsa dicotomía campo-industria».

Dejá tu comentario