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“En ciencia hay peleas semejantes a las de los luchadores”
Un modelo de “combate”, dice Nepote, “es cuando difieren en la forma de presentar resultados. Eso es lo que ocurrió con Darwin y Wallace. Pensaron lo mismo, y fue al principio una pelea entre caballeros ingleses, después ya no”.
Periodista: ¿Qué relación existe entre algo tan emblemáticamente mexicano como la lucha libre y los enfrentamientos entre grandes científicos?
Juan Nepote: En México, la lucha libre es el segundo deporte más popular, después del fútbol, que es como acá, casi una religión. A ver lucha van familias enteras, sobre todo los domingos que hay matinés, y los niños gritan, la gente se desahoga, se mete con el luchador, y es parte del espectáculo. El luchador desde el ring los incita a que lo insulten o a que lo apoyen para ganarle al rival. Ese espectáculo es una experiencia valiosa para los mexicanos. Y fue muy importante en la formación de la gente, sobre todo a través del cine. El Santo, que era el luchador más famoso, como para ustedes lo fue Martín Karadagián, llegó a hacer cerca de cien películas y muchas al mismo tiempo por el éxito que tenían. Peleaba contra momias, zombis, extraterrestres, pero también contra políticos corruptos. Todo eso ayudó a la educación sentimental, a instalarlo como un héroe mítico. Curiosamente siempre era apoyado por un científico, que movía botones, palancas y manivelas. No se entendía qué estaba haciendo pero se aceptaba que aquel personaje era importantísimo porque estaba ayudando a El Santo que tenía los secretos para salvar a la humanidad. Esa imagen ha ayudado a malformar la imagen pública del científico, que aparece como el héroe infalible. En la lucha aparecía un personaje que se llamaba El Matemático, era de los malos, un rudo, porque en la lucha hay rudos y técnicos. A los técnicos, que son los que siguen las reglas, se los conoce como "científicos". En mi caso todo eso se trata de una metáfora para hablar de la filosofía de la ciencia, de la manera cómo trabajan los científicos, que se pelean muchas veces de un modo bastante semejante a como lo hace un luchador. A veces con golpes bajos, con artimañas, con trucos. Porque pareciera que los investigadores son gente muy pulcra, decente, respetuosa del otro, pero en realidad hay peleas constantes en su ámbito. También entre los científicos se ponen la máscara y salen a darse golpes.
P.: Un pleito que se intenta revivir es el que enfrentó a Darwin con la religión y con su colega Alfred Russell Wallace por el tema de la evolución y el origen de la especies.
J.N.: Desde hace un tiempo hay un cierto impulso de rescatar a los desfavorecidos de la Historia, a los que perdieron alguna batalla y fueron relegados. Pensemos en los nombres de científicos que nos vienen a la memoria. No son más de cuatro o cinco a nivel mundial. Einstein, Newton, Darwin, Marie Curie.Pero hay cientos de miles que han sido olvidados y que sin embargo hicieron un trabajo relevante. ¿Por qué triunfaron unos más que otros? No necesariamente porque hayan sido mejores o más importantes. Intervienen muchos factores. Puede que opinen de forma absolutamente opuesta. Pasó con Pouchet y Pouchet creía en la generación espontánea de la vida, que se dejaba materia orgánica tirada y a los pocos días aparecía allí vida, Pasteur pensaba que no era así. La realidad le dio la razón a Pasteur. Ese es un tipo de modelo de combate. Otro es cuando difiere la forma de presentar los resultados. Eso es lo que ocurrió con Darwin y Wallace. Pensaron lo mismo, y fue al principio una pelea entre caballeros ingleses, después ya no. Darwin hace su famoso viaje por las Galápagos. Toma notas, se lleva especies, descubre territorios. De regreso a Londres comienza a pensar, saca hipótesis, llega a conclusiones. Se da cuenta de que tiene algo muy grande y le da miedo. Siente que puede atentar contra el pensamiento religioso. El suyo, que estudió teología, el de su mujer que es muy creyente. En eso pasa veinte años, donde tiene diez hijos. Por ese tiempo Wallace, que es más chico, realiza un viaje semejante al de Darwin pero por Oriente. Toma notas y especies, y en cuatro años llega a las mismas conclusiones que Darwin. Escribe un documento, algo que el otro no había hecho, y se lo envía. Darwin era conocido como un gran escritor de viajes. Cuando lee el escrito de Wallace tiembla, piensa: me está ganando en lo que llevo veinte años pensando. Le escribe: estamos pensando cosas semejantes, ¿por qué no publicamos un trabajo firmado por ambos? Eso abre al desconocido Wallace el gran mundo de la ciencia. En vez de pelear se hermanan. Pero con los años Wallace critica a Darwin, y al darwinismo, aunque él bautizó esa teoría de ese modo. Wallace poco a poco va quedando en la sombra debido a que se obstinó en competir y pelear con Darwin, además de haberse dedicado al espiritismo, y a otras prácticas que lo alejaron de la ciencia. En el fondo no había divergencia e sus ideas. Ahora se busca reivindicarlo, y se nombra a la Teoría de la Evolución de la Especies como de Darwin y Wallace.
P.: ¿Qué otros casos toma en "Científicos en el ring"?
J.N.: Cuento seis luchas y traté de que fueran de diferentes orígenes y tuvieran distintos matices. Comienzo con una canónica, la que enfrentó a Newton y Leibniz, que pelearon de manera frontal por la invención de un método matemático, el que hoy se conoce como Cálculo Diferencial Integral. Se acusaron mutuamente de plagio. Fue una pelea de verduleros, que se dirimió de una manera muy tramposa a favor de Newton. Era el enfrentamiento entre un inglés y un alemán, y se eligió para dirimir el conflicto a la Royal Society británica A Leibniz, más conocido como filósofo, le ocurrió como a Wallace, al morir tuvo un entierro anónimo, mientras Newton estaba en el punto más alto de su carrera. Con los años se ha reivindicado a Leibniz, que era genial también en el campo de la matemática. Otro caso que cuento pertenece a la química. Es la pelea por el descubrimiento del oxígeno, algo que hoy parece tan obvio, entre el experimentado clérigo inglés Priestley y el precoz genio francés Lavoisier. Todo ocurre en los tiempos que va a marcar la Revolución Francesa. Lavoisier era de ideas progresistas en ciencia pero que trabajaba para la monarquía, por tanto políticamente conservador, Priestley era conservador en el terreno de la ciencia, no aceptaba cambios, pero en lo político era revolucionario, al punto que tuvo que huir a Estados Unidos a seguir haciendo la Revolución y luchar por la independencia. Priestley hace un experimento y se da cuenta de que no es cierto que algo se enciende y se quema porque tiene "flogisto", que era la idea que estaba establecida. Lavoisier hace experimentos y se da cuenta de que algo está mal en eso del flogisto. Priestley también pero no quiere aceptarlo. Lavoisier publica sus investigaciones, da nombre al oxígeno, y revoluciona la química, se vuelve "el padre de la química moderna". Priestley termina su vida en una batalla en Estados Unidos, Lavoisier con su cabeza cortada en la guillotina por haber sido el contador de los reyes.
P.: Uno de los combates que cuenta parece una guerra comercial.
J.N.: Últimamente se está reivindicando al perdedor Nikola Tesla frente a Thomas Alba Edison, considerado el gran inventor porque tuvo más de un centenar de patentes, y algunas invenciones mayúsculas. Edison era muy astuto, no sólo patentaba la bombita de luz sino también los elementos para prenderla y apagarla. Ahora se sabe que contrataba equipos de ingenieros y los ponía a trabajar, y luego él ponía el nombre a lo logrado. Era en eso muy parecido a su amigo Henry Ford. Uno de los ingenieros que contrató fue a Tesla, que venía de Europa del Este. Un día Tesla le presenta a Edison un proyecto de bobina que va a revolucionar la industria. Edison parece no tomarlo en serio. Tesla se va y hace su propia industria. A partir de allí comienza una pelea encarnizada sobre si era mejor la corriente continua o la corriente alterna. Esa pelea desaforada la termina ganando popularmente Edison, que había hecho mucho circo para destrozar a su oponente, pero en realidad las propuestas de Tesla son las vencedoras y tienen una vigencia tremenda al punto de que hay voracidad por encontrar sus manuscritos.
P.: ¿Y ahora qué está escribiendo?
J.N.: Busco recuperar un personaje olvidado de México, José María Arreola, que pronosticaba terremotos, y se carteó con Marie Curie. Era un cura que dejó la Iglesia porque no creía en la firma de Juan Diego, el indígena que se dice que recibió la imagen de la Virgen de Guadalupe. A Arreola, que era sacerdote y científico, le pidieron que validara que esa imagen era producto de un milagro y se negó. Me importa rescatarlo porque en México se piensa a la ciencia como algo que ocurre en otra parte y no entre nosotros.
Entrevista de Máximo Soto

