31 de enero 2018 - 00:00

“En Cosquín se me vino todo el mundo encima”

El legendario bandoneonista reaparecerá en escena en Café Vinilo el viernes, sábado y domingo junto a su familia: Félix “Cuchara” Saluzzi (saxo, clarinete), José María Saluzzi (guitarra), Matías Saluzzi (bajo) y Jorge Savelón Saluzzi (percusión).

Dino Saluzzi. “A veces tocas en un bolichito, como Pichuco hacía, que tenía seis o siete mesas, como Caño 14, y se produce una magia impresionante. Algunas salas nuevas no suenan a arte sino a algo industrial”.
Dino Saluzzi. “A veces tocas en un bolichito, como Pichuco hacía, que tenía seis o siete mesas, como Caño 14, y se produce una magia impresionante. Algunas salas nuevas no suenan a arte sino a algo industrial”.
"No es posible que siga habiendo un escenario para el tango y otro diferente para el folclore. Eso no tiene sentido. Uno oye la radio o cualquier otro medio y pareciera que hubiera listas negras. Siempre son los mismos tangos. Siempre son los mismos grupos folclóricos", expresó Dino Saluzzi, legendario bandoneonista salteño que reaparecerá en escena con un ciclo de conciertos en Café Vinilo de Palermo el viernes, sábado y domingo a las 21.30, acompañado por su familia: Félix "Cuchara" Saluzzi (saxo, clarinete), José María Saluzzi (guitarra), Matías Saluzzi (bajo) y Jorge Savelón Saluzzi (percusión).

"Hay que encontrar la forma de pensar la música desde un lugar que no sea solamente la dependencia económica", reflexionó.

Periodista: Usted había desarrollado el proyecto de una cátedra musical en la Universidad Nacional de San Martín, que no continuará en 2018. ¿Qué pasó?

D.S.: La cátedra "Dino Saluzzi" fue un proyecto de Carlos Ruta (rector hasta 2017) y entre los cambios que hubo en la universidad también nos cambiaron a nosotros. Se había hecho un trabajo interesante, efectivo. Incluso habíamos realizado tres conciertos con ensambles diferentes. Creo que era una idea tan maravillosa, basada en nuestras músicas, el folclore, el tango y algo del rock, que no la comprendieron. De todos modos nos queda la belleza de lo realizado. La enseñanza es absolutamente compleja. No debería depender de variables tan coyunturales. Creo que nuestra música se merece una comprensión más justa. En este caso, apareció la politiquería y en este país se enseña mucho a tratar como enemigo al que piensa diferente. No podemos vivir rodeados de enemigos.

P.: Nuestras músicas tuvieron una larga etapa de transmisión oral.

D.S.: Claro, pero no podemos seguir toda la vida con eso. Por eso era interesante este proyecto. La enseñanza no es para cualquiera. Vos podés tomar un libro de leyes y eso es letra fija, la ley es un concepto, pero la Justicia es otra cosa, tiene una dinámica, está abierta. Por eso es más fácil leer un libro que pensar el términos de Justicia. Con la música es lo mismo.

P.: Retomará ahora su actividad con un ciclo en Café Vinilo que es hoy, prácticamente, casi la única sala en la que está tocando en el país, ¿Le cuesta hallar condiciones adecuadas para su música?

D.S.: Es un lugar con muy buen sonido y, sobre todo, que se propone una relación constructiva con el artista. Con las salas pasa algo misterioso porque a veces se pone mucha plata en construir lugares de concierto y de todos modos no se llega a un resultado. No suena a arte sino a algo industrial. A veces tocas en un bolichito, como "Pichuco" (Anibal Troilo) hacía, que tenía seis o siete mesas (por Caño 14) y se produce una magia impresionante. Se trata de una comunión de personas que tengan conciencia de lo que están haciendo.

P.: En 2017 tuvo un retorno, después de muchos años a un festival folclórico (Cosquín). ¿Cómo evalúa a la distancia aquella experiencia?.

D.S.: Me dieron un lugar importante (la apertura del festival), pero también tuve la sensación que cuando expresé lo que expresé (al término de su actuación Saluzzi declaró que ciertas estridencias musicales que había en el festival no eran propias del folclore) se me vino todo el mundo encima. Así que, por un lado, me sentí cómodo, toqué las músicas de mi viejo, pero también creo a la vez que sin crítica no hay construcción, sin crítica no hay evolución. No se puede evolucionar sin libertad.

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