- ámbito
- Edición Impresa
En el NEA, los ganaderos también producen pescado

La especie acuícola en cuestión es el pacú, un pez adaptable a una producción de alternativa, que ofrece al productor del NEA (Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones) la posibilidad de diversificar su actividad, más cuando dispone de campos bajos e inundados con suelos arcillosos, muy favorables para cavar los estanques e incorporarlos a la producción de este pez.
A su vez, para la alimentación, en el caso de la agricultura familiar, se pueden utilizar los recursos de la propia granja, como mango, banana, porotos o deshechos frutihortícolas, con lo que se llegó a índices de engorde similares a los que tiene el pacú criado con alimento balanceado.
«El pacú tiene reproducción externa, en el ambiente natural las hembras expulsan los óvulos y los machos el esperma, se fecundan en el medio acuático, pero el agua debe tener una temperatura ideal que oscila entre los 22 y los 29 grados, con una curva de crecimiento que en ese medio alcanza su máximo desarrollo; por debajo de ese promedio se para y por encima también», explica Damián Gilio, especialista en producción de pacú, que suele dar charlas de capacitación a los productores.
En el sistema artificial se busca imitar el medio natural, se inyectan hormonas que facilitan la expulsión de los óvulos y los espermas, se juntan y luego se ponen en una incubadora, un recipiente con agua a la temperatura adecuada y buena oxigenación. «A los cuatro o cinco días nace la larvita. Sube a la superficie, toma una bocanada de aire, llena su vejiga natatoria y hasta los seis u ocho días se alimenta del saco vitelino, una reserva de alimento que tiene. Y luego se inicia un período en el que la larva se alimenta del fitoplancton ubicado en los estanques y en los medios artificiales también», amplía Gilio.
En los estanques artificiales se fertiliza el agua por única vez con abono de partes de gallinas, cerdos y lo que haya en la zona. Se llenan con esos restos y a la semana se genera la fauna necesaria para alimentar a las larvitas. El ciclo de engorde dura 16 meses. Se inicia en diciembre con la incorporación de los alevinos a los estanques y la cosecha se inicia a los 16 meses, en marzo.
Pacú
La carne de pacú es muy sabrosa, su grasa alcanza al 10%, pero uno de los principales inconvenientes se plantea con las espinas que posee en forma de «Y», ubicadas sobre el lomo del pez; por lo tanto, para obtener un buen filete es necesario que el pez pese entre 1,5 a 2 kilos. El mercado gastronómico requiere filetes de 500 a 600 gramos, con lo cual el pez debe tener 1,5 kilo. En el caso de los supermercados y pescaderías, los peces demandados son más grandes, con un peso que debería ubicarse alrededor de los 3 kilos. De todos modos, el pacú en estado natural puede pesar entre 18 y 20 kilos.
Los importantes volúmenes de existencias que se conocieron décadas atrás fueron desapareciendo como consecuencia de la contaminación de los ríos con hidrocarburos, desechos de las papeleras y sobre todo la deforestación y la pesca indiscriminada, al ser eliminadas sus principales fuentes de alimentación. Desde 1980 el pacú desapareció del río Uruguay, su presencia también disminuyó en los ríos De la Plata y Paraná; recién se lo comienza a ver al norte de Entre Ríos, según datos del Centro Nacional de Desarrollo de Acuicultura (Cenadac).
En el caso de las pesquerías naturales, una laguna por ejemplo, el productor debe acondicionar el lugar, y si bien el costo inicial es más bajo, el manejo resulta mucho más difícil porque ya existe una flora y una fauna que componen el ecosistema que requiere el pez. En estos casos lo que se hace es desmalezar la laguna de todo tipo de planta mediante la utilización de carpas (otra variedad de pez) y se arroja al agua un promedio de dos a tres ejemplares por hectárea que permite controlar la maleza, pero queda pendiente el tema de la recolección de los peces.
En estos casos, la única forma de hacerlo es mediante el pasado de la red. Pero en los estanques artificiales se construye una pendiente denominada «pozo de pesca» en la cual los peces se depositan solos una vez que se vacía el estanque.
En el momento de la inversión inicial, «en el caso de los estanques artificiales, se acerca a los $ 140 mil por hectárea, monto que incluye todo el movimiento de tierra y el acondicionamiento de los estanques para la creación de las lagunas artificiales», detalló Gilio. Por cada hectárea se obtienen unas tres toneladas de pacú, por las que se recibirá unos $ 20 por kilo, en números redondos unos $ 60 mil. En alimentos, el gasto está estimado en dos kilos por cada kilo que pese el pez, lo cual representa un costo de unos $ 7 mil por camada. El costo del alimento se ubica en $ 3,50 que, sumado a otros gastos, nos daría un costo estimado en $ 10 por pez. Si bien el costo de producir peces en el medio natural es el mismo, aumenta en este caso el retorno por hectárea.
La producción de pacú en la Argentina apenas alcanza las 610 toneladas anuales y se encuentra estancada desde 2005, como consecuencia de la falta de articulación entre el sector público y el privado para fomentar la actividad, por la falta de financiación y de capacitación de los potenciales productores pequeños y medianos.
En la Argentina, existen tres grandes emprendimientos dedicados a la producción de pacú: Islapé, un emprendimiento que cuenta con un laboratorio muy bien equipado; Rosamonte, que trabaja toda la cadena, desde su origen hasta la comercialización; y otro establecimiento que se encuentra en Misiones, El Puma. También existen varios emprendimientos llevados adelante por pequeños productores.
La producción de pacú genera una importante mano de obra porque la totalidad del proceso se desarrolla en forma manual, como la siembra, la alimentación, la faena y el despinado.

