“En las milongas aprendí qué significa histeriqueo”

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 «Yo ya soy un poco argentina», se enorgullece la neoyorquina Marina Palmer, que creció en Inglaterra, se recibió en Letras en la Universidad de Cambridge, viajó por el mundo, y de regreso a Nueva York se convirtió en una destacada publicitaria. Vino a Buenos Aires a visitar unos parientes y se enamoró de la ciudad y del tango a tal punto que escribió «Kiss & tango. Diario de una seductora en Buenos Aires», una novela donde cuenta su pasión por el tango, sus amores y amoríos, que ya está contada para el cine y sería protagonizada por Sandra Bullock. Ahora, Marina Palmer vive en Londres, pero extraña Buenos Aires, según nos dice por teléfono desde allá.

Periodista: ¿Por qué su novela se llama «Kiss & Tango»?

Marina Palmer: Ese título tiene que ver con la edición que se publicó en Estados Unidos donde la expresión «kiss-and-tell», literalmente «besar y contar», significa revelar secretos de alcoba. El juego del título quiere decir: te voy a contar todo eso que me pasó con el tango.

P: ¿Cómo se le ocurrió escribir el diario de una seductora en Buenos Aires?

M.P.: Resultó de mi experiencia en el mundo de las milongas, de lo que sentí bailando el tango en Buenos Aires. El libro lo escribí después de vivir esa pasión intensa por el tango. Quise compartir una experiencia personal de ese mundo. Fue la necesidad de contar lo que me había pasado. Narrar mi vida de bailarina de tango, quizá como un intento de terapia.

P.: Su libro, que comienza con una visita sin mucho interés a Buenos Aires, se vuelve casi en una guía para visitantes extranjeros, pasa a ser la historia de una mujer impregnada por el tango que lo busca en su Nueva York y al final da datos sobre la ciudad, explicaciones sobre el tango y hasta un glosario para poder manejarse aquí. ¿Por qué buscó esa forma?

M.P.: Para mí todo eso está relacionado. Conocí el tango y comencé a bailarlo en Buenos Aires. Fue el sacudón de enfrentar un mundo nuevo donde el tango y Buenos Aires están unidos, indisolublemente mezclados. Como mi libro se publicó primero en Estados Unidos me pareció importante ubicar al lector norteamericano y hacer conocer a la gente al mismo tiempo al tango y a Buenos Aires. Trasladé al lector mi descubrimiento de la ciudad, de los porteños y del tango. Buenos Aires es una ciudad que a veces estimula y otras deja sin palabras. Cuando la pisé por primera vez mi mantra era: pero, ¿qué es esto? ¿qué me está pasando?. Fue un encuentro muy intenso, me sacó de mi equilibrio habitual, fue como encontrar un primer amor y descubrirme en una adolescencia atrasada, una adolescencia que no había llegado a vivir. Y ese mundo fascinante que me gustaba ir entendiendo.

P.: Por eso por momentos hace una especie de sociología de los porteños, a veces apologética, y otras irónicamente crítica.

M.P.: Bueno, es mi mirada, y tiene un tono dulce-amargo que para mí es un reflejo del espíritu del tango. El tango es pasión y uno lo vive intensamente, pero al mismo tiempo es teatro, es juego, es histeriqueo, y esas cosas se viven en Buenos Aires. La gente tiene una imagen romántica del tango, como la tuve yo al principio, cuando estaba en la búsqueda de «la pareja», del gran amor, de esas cosas que quedan después de ver muchas películas de Fred Astaire y Ginger Rogers. En un momento me di cuenta de que estaba buscando mi propio Fred Astaire. Como ocurre muchas veces en la vida, uno comienza con una imagen, con un ideal, y cuando se empieza a profundizar en esa dirección advierte que las cosas no son como las soñó. Por eso en mi novela voy mostrando paulatinamente cómo se va manifestando la diferencia entre la ilusión y la realidad.

P.: Usted dice que «tango y sexo son mutuamente excluyentes; el tango se alimenta del deseo -no de la satisfacción- y cuando se sacia el deseo, el tango sucumbe».

M.P.: Por lo menos en lo que yo viví; hay excepciones a esa regla existen parejas casadas, enamoradas todavía, que pueden combinar eso con ir a las milongas, pero no es lo usual, lo común en el baile del tango es el histeriqueo. A mis lectores norteamericanos les explico que en la Argentina histérico o histérica se dice de los que se pasan coqueteando para no tener sexo. El tango es baile de seducción, es lo que está antes de la consumación sexual, es como un franeleo permanente. Por eso se dice que es sexo vertical, sexo sin sacarse la ropa. Ese juego de estar permanentemente en lo previo le da su fuego, su intensidad, la magia de dos cuerpos que aparentan ser uno.

P.: En su novela su personaje tiene una cantidad de relaciones...

M.P.:... fracasadas, falladas [Se ríe] la mayoría, desastrosas.

P.: Comparan su libro con «Sex and the city» y «El diario de Bridget Jones», acaso por la forma de diario y de ensayo sobre las relaciones sentimentales, que tiene su «Kiss & tango».

M.P.: Me pareció la forma sencilla para describir y comentar lo que se sentía al ingresar inesperadamente en un mundo del que se tiene referencia por películas y novelas, pero que se vuelve muy distinto al ser una experiencia vital. El género de diario me pareció el modo de poder contar desde el vamos cada una de las etapas, para que así el lector recorriera el camino conmigo. Esto no lo sabía cuando, luego de bailar tangos en Nueva York, y al volver a Buenos Aires hecha una adicta del tango, tomaba notas de lo que veía y lo que me sucedía, sin sospechar que sería material para una novela.

P.: Usted menciona películas presentes en su relación con el tango, las de Marlon Brando, Al Pacino, Madonna, Robert Duvall.

M.P.: Si bien esas películas se vieron en los cines, el tango era algo marginal. Había alcanzado su éxito por las giras de «Forever Tango», «Tango Vivo», «Tango Argentino», «Tango por Dos», tanto en Japón como Estados Unidos. La moda empezó a crecer hace unos diez años, pero no era lo que es hoy. Cuando vine por primera vez, en tiempos de Menem, había sólo un par de extranjeros queriendo ser profesionales de tango como yo. Hoy es increíble la cantidad de personas de todo el mundo que van a aprender tango y hasta tienen un Mundial que los congrega.

P.: A su neoyorquina tanguera le toca una época difícil, la de Menem y el uno a uno y la de De la Rúa y la crisis.

M.P.: Tal cual. Creo que gracias a eso entiendo más a los argentinos, están acostumbrados a los altibajos, a que las cosas se repitan casi como un dramático chiste. Eso les da cierto encanto. La gente pareciera haber aprendido a vivir día a día, a aprovecharse de los pequeños placeres de la vida. Para mí Buenos Aires es una gran urbe, con mucha movida, pero que guarda algo de pueblo, de lugar donde la gente no es anónima como en Londres, Nueva York, París; es una ciudad cálida. El argentino se relaciona y establece vínculos afectivos. Creo que eso se debe a las dificultades políticas y económicas que hacen que no puedan proyectar el futuro porque nunca se sabe qué va a suceder y es difícil construir algo a largo plazo. Eso me hizo pensar que por eso la gente se junta a tomar mate o a comer asado, cosas que tienen su encanto. Les tengo mucho cariño.

P.: ¿Consiguió un marido argentino y tanguero?

M..P.: Por más que lo busqué, no. En 2002 me fui a Atenas a escribir «Kiss & Tango», y en 2003 fui a Buenos Aires por una semana de vacaciones y me terminé quedando meses, hasta me compré un departamento. En 2004 conocí a un estadounidense que trabajaba allí en una fundación. Nos casamos en Buenos Aires, lamentablemente tuvimos que venir a Londres, por un doctorado que está haciendo él. Buenos Aires me regaló el tango, un marido, un hijo y otro en camino, le estoy muy agradecida.

P.: Su libro está lleno de ironías que lo hacen muy divertido.

M.P.: Es mi parte británica. Soy mitad griega y mitad estadounidense, hice mi escolaridad en el sistema francés y me crié en Londres, me recibí en Literatura Francesa y Alemana en Cambridge. Pero ahora creo que mi alma es porteña. Pero en mi libro no pude desprenderme de ese humor inglés que critica a los otros sin dejar de ser autocrítico.

P.: ¿Qué pasó con la película basada en su libro que iba a protagonizar Sandra Bullock?

M.P.: La productora hizo una opción, y lo volvieron a contratar así que ese proyecto sigue en marcha.

P.: ¿Está escribiendo otra novela?

M.P.: Me encantaría. «Kiss & Tango» nació de una vivencia, y tendría que tener una experiencia igualmente intensa que me impulsara a escribir. Ta vez, de pronto surja de mi pasado o de estar criando chicos en Londres, o vaya a saberse de dónde vendrá.

Entrevista de Máximo Soto

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