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En medio del cólera y el caos, se extiende la rebelión en Haití
Refugiados que quedaron sin hogar tras el terremoto de enero sufren los efectos de los gases lacrimógenos disparados por cascos azules de la ONU en Puerto Príncipe. Las promesas de ayuda tras el sismo que se cobró 250.000 vidas siguen sin cumplirse.
La respuesta de los efectivos internacionales fue dura, e incluyó disparos de gases lacrimógenos. Según reportes periodísticos, un hombre murió de un balazo y otros cinco fueron heridos durante un enfrentamiento cerca de un hotel en la barriada de Cite Chauvel.
La Minustah (fuerza de paz de las Naciones Unidas) negó que sus efectivos hayan disparado e insistió en que ninguno de los bandos empleó armas de fuego.
El dato, con todo, eleva a tres las muertes y a más de 20 los casos de heridos en los choques, que comenzaron el lunes y ya se extienden a varias ciudades, incluida la devastada capital, Puerto Príncipe. La ONU, sin embargo, sólo reconoce oficialmente a un muerto víctima de los disparos de la misión, según el vocero oficial asistente de la organización, Farhan Haq.
Los jóvenes, en su mayoría adolescentes, bloquearon con contenedores de basura calles cercanas al Palacio Presidencial, desfiando al represión con gases lacrimógenos que hacían irrespirable el aire.
Los manifestantes también reclaman por la falta de ayuda internacional, pese a que ésta había sido prometida tras el terremoto de enero y el huracán posterior que desvastaron al país, el más pobre de América, a principios de año. Hasta el momento, y a pesar de que se han celebrado incluso cumbres internacionales al efecto, apenas ha llegado al país el 1% de los 10.000 millones de dólares prometidos para la reconstrucción.
Ante el agravamiento de la situación, esta semana varios países decidieron el envío de nueva ayuda. El Gobierno argentino hará llegar el martes a través de los Cascos Blancos partidas de sales de rehidratación y medicamentos para el tratamiento del cólera, informó la Cancillería.
Sorprendidos
La manifestación de ayer tomó por sorpresa a una decena de efectivos de la fuerza de la ONU. Los soldados, pese a que apuntaron sus armas a los manifestantes, no lograron frenarlos.
«La Minustah trajo el cólera» y «que se vaya la Minustah», gritaban enfurecidos los jóvenes contra la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití (Minustah).
«La Minustah vuelca excrementos en la calle», se podía leer en una pancarta, en medio de rumores, desmentidos por la ONU, que acusan a los cascos azules nepaleses de haber introducido el cólera en Haití.
«Nos manifestamos contra el poder y la Minustah, que no hace nada. La Minustah debía pacificar el país y allí donde está, es peor. La Minustah mata haitianos», afirmó Ladiou Novembre, un profesor de enseñanza secundaria de 38 años.
«Los dirigentes haitianos olvidaron a la población», deploró el docente, en momentos en que Haití se prepara para las elecciones presidenciales del 28 de noviembre, cuya realización peligra. «No hay infraestructuras, no hay educación, el cólera arrasa al pueblo y el presidente (René Preval) no dice una palabra», denunció.
El cólera amenaza con propagarse de forma exponencial si se infiltra en los campamentos de Puerto Príncipe, donde cientos de miles de refugiados por el sismo y el ciclón viven amontonados en pésimas condiciones sanitarias. Según organizaciones humanitarias, 7,5 millones de personas están en peligro de contagio.
El históricamente pésimo sistema sanitario y la falta de acceso a agua potable empeoraron después del terremoto de enero, que dejó 250.000 muertos y a 1,3 millones de personas sin techo.
Apenas el 17% de la población haitiana disponía de adecuadas condiciones de salubridad antes del sismo, que dejó dañada gran parte de la pequeña infraestructura de tratamiento de aguas y redes de distribución de agua del país.
Más de 1.100 personas murieron a raíz de las fuertes diarreas que provoca la bacteria del cólera, y las autoridades haitianas cifran en más de 18.000 los contagiados con la enfermedad, que traspasó fronteras y llegó a territorio dominicano y a Estados Unidos, donde se detectaron casos en Florida.
En la vecina República Dominicana, que comparte la isla La Hispaniola con Haití, las autoridades sanitarias evalúan a un paciente haitiano, residente de Santo Domingo, que podría convertirse en el segundo caso confirmado en el país.
Agencias AFP y ANSA

