13 de marzo 2009 - 00:00

En octubre, jugar sin jugar

En octubre, jugar sin jugar
Con la separación de las elecciones porteñas de las nacionales, Mauricio Macri cumple con una estrategia fina para que la diferencia de fechas no le haga jugar un papel decepcionante como el que logró el año pasado, cuando ganó la jefatura de la Capital Federal, pero perdió a senadores en el mismo año y el mismo distrito a manos de Elisa Carrió y del kirchnerista Daniel Filmus.
Busca repetir la receta que le dio resultado en 2005, cuando se consagró diputado nacional, y en 2007, cuando venció para el cargo máximo del distrito con saltos de baches y la propalación de ideas para la Ciudad de Buenos Aires. De algún modo, parece salirse de la competencia nacional, aunque no se resigna y por eso, con la consigna de posicionarse como presidenciable para 2011, indaga sobre alguna «personalidad destacada» que pueda aceptarle postularse más allá de PRO. Su intención con este desdoblamiento es la misma que tuvo cuando se alió al tándem Solá-De Narváez: jugar en la elección nacional de manera simbólica. Es decir, no arriesgarse él o un candidato propio en unos comicios que puede no ganar y sólo aportar a una alianza con el peso de su prestigio. Por ahora no arriesgará nombre de candidato para el 25 de octubre y dejará de ensayar con un posible Marcos Peña, un joven que incursiona en su gestión con un equipo de contratados (les llaman «radares») para leer diarios y escuchar radios, simulando un espionaje de importancia para la gestión; o un Esteban Bullrich ya presa de una interna propia; o un Horacio Rodríguez Larreta, mientras intenta, con la ayuda de Eduardo Duhalde, presentar una nueva sociedad. Es decir, ensayará la posibilidad de una alianza al estilo de la que mantiene en la provincia de Buenos Aires con Francisco de Narváez y Felipe Solá, y entonces no será su partido PRO el que arriesgue tanto, si es que la comunión con los bonaerenses -disgustados por el adelantamiento de los comicios porteños- se fortalece para entonces. Allí pregonará más que un triunfo la derrota del kirchnerismo, al cual madruga en Capital con la anticipación de las urnas locales.
Juega Macri, al convocar a elección sólo de legisladores porteños, a tabicar el distrito y consagrarse casi como un dueño de las adhesiones vecinales porque está convencido de ganar en junio y obtener una buena porción de legisladores que le permita -con eventuales aliados, por ejemplo Jorge Telerman-, dominar los dos tercios de la Legislatura y no tener mayores inconvenientes con la sanción de normas que requiere para gobernar.
Consejos
Esa convicción lo ha doblegado ante Gabriela Michetti, si la confirma como protagonista de las urnas porteñas. Le deberá el refrendar su gestión a menos de dos años de mandato a la vice y a su tropa de legisladores y ministros que le pedían que tomara la decisión que anunció ayer, pero deberá también aceptar compartir con ella la lapicera en el momento del armado de listas. Entre otros, animó el desdoblamiento con consejos el auditor de la Ciudad, Santiago de Estrada, un ex conductor de la Legislatura porteña muy cercano a Jorge Bergoglio cuyas precisiones resultan de interés para Macri.
Se evita la vice, en las urnas locales separadas, confrontar con Elisa Carrió en la disputa por una banca en el Congreso, y a cambio, Carrió resignará la elección local, donde intenta posicionar como candidato a Adrián Pérez (ver nota aparte).
Por otra parte, Macri con la decisión daña a sus peores rivales, el kirchnerismo y Aníbal Ibarra, a quienes encuentra sin estrategia para junio, pero se entrega a un asedio opositor, que incluye a los seguidores de Carrió, de aquí al cuarto oscuro.

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