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En plena crisis por los rohinyás, el Papa se reunió con el militar acusado de la limpieza étnica
El general negó que haya discriminación en Myanmar. Pero esa minoría musulmana espera que Francisco denuncie su persecución, que causó la dramática huida de 620.000 personas desde agosto.
PASTOR. El papa Francisco muestra a niños birmanos la posición de rezo de sus manos. Fue recibió calurosamente por 30.000 fieles.
No se sabe si Francisco abordó el tema con el jefe militar. La Iglesia católica birmana había pedido al Papa que se abstuviese de referirse directamente a la minoría musulmana como rohinyá para no herir susceptibilidades.
Hoy, líderes de la comunidad islámica van a pedir al Sumo Pontífice que interceda en favor de los rohinyás. "Le diré que pida a las autoridades que resuelvan el problema", adelantó Al-Haj U Aye Lwin, quien es el coordinador del Centro Islámico de Myanmar y quien se reunirá con el jefe de la Iglesia católica en el marco de un encuentro con líderes religiosos locales.
"Las autoridades escuchan al Papa como a un amigo", insistió.
Francisco sabe que sus palabras sobre los rohinyás serán cuidadosamente analizadas durante esta visita de cuatro días. Francisco no ha dudado en denunciar en los últimos meses el trato que reciben quienes califica de sus "hermanos", aún a riesgo de molestar a la mayoría budista del país.
La opinión pública birmana, con un fuerte nacionalismo budista antimusulmán, está indignada con los cuestionamientos de la comunidad internacional sobre la manera como el Gobierno gestiona el conflicto.
Sin embargo, los numerosos católicos que llegaron de toda Myanmar, con banderas birmanas y del Vaticano, para ver al papa ayer quieren creer que la paz es posible.
"El Santo Padre puede acelerar el acercamiento entre las partes", dijo el presidente de la Conferencia Episcopal birmana, el obispo Felix Lian Khaen Thang, que no descartó la mediación entre Myanmar y Bangladesh (segundo destino de la gira papal) para facilitar el retorno de éste último de los 620.000 refugiados musulmanes.
Unas 30.000 personas se apostaron a lo largo de la ruta desde el aeropuerto hasta la residencia del arzobispo, donde se aloja Francisco, para verlo pasar.
Niños vestidos con trajes tradicionales gritaban "¡Viva el Papa!". Muchas personas llevaban puestas camisetas con la leyende "Love and Peace" (Amor y Paz) y de los faroles colgaban grandes carteles con la imagen del líder católico.
La mayoría de los más de 650.000 católicos de Myanmar, un país de mayoría budista de 54 millones de habitantes, vive en zonas fronterizas, donde miles siguen desplazados por el enfrentamiento de las diversas etnias con las fuerzas gubernamentales.
| Agencias DPA, EFE y AFP |


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