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Encabezó Capriles un impactante cierre de campaña en Caracas
Henrique Capriles Radonski se dirige a la multitud, a pocas cuadras del presidencial Palacio Miraflores. A la misma hora, Hugo Chávez encabezaba un acto en el estado de Zulia.
Cientos de miles de personas vitorearon al joven exgobernador de Miranda mientras transitaba por las repletas calles capitalinas en lo alto de una camioneta descapotable, desde la que lanzó besos, estrechó manos y repartió gorras con la bandera nacional amarilla, azul y roja, un merchandising electoral que irritó al oficialismo porque, según afirma, contradice la ley.
«Creo que ésta es sin duda la concentración más grande que se ha hecho en la historia de Caracas, quiero darles las gracias a todos», alardeó Capriles al iniciar su discurso sobre un palco que se instaló al final de una avenida cercana al palacio presidencial de Miraflores. El chavismo ha encabezado múltiples actos y marchas durante 14 años, por lo que la afirmación del postulante es difícil de medir, aunque sí había coincidencia entre analistas en que se trató de una de las manifestaciones más importantes de la oposición al mandatario bolivariano.
«Ustedes juzguen quién está en el proceso de cambio y quién se enfermó en el poder, porque el que hoy está en (el palacio presidencial de) Miraflores defraudó al pueblo», enfatizó Capriles, también ataviado con una camisa tricolor nacional, en un tramo que pareció aludir al estado de salud de Chávez.
«No pretenderé nunca ser un Mesías. Creo en Dios, el tiempo de Dios es perfecto (y) la época del odio a partir del 7 de octubre queda enterrada en Venezuela», clamó Capriles.
«¡Aquí está todo!», dijo Capriles agitando un libro con su programa para los primeros 100 días de Gobierno, en los que propone un modelo mixto de economía de mercado con fuerte acento social.
Al mismo tiempo, los simpatizantes de Chávez se concentraban para una caravana de su «Comandante» en Cabimas, una población pobre del estado Zulia. «Lo primero que vamos a lograr con nuestra victoria es algo así como un poderoso seguro a retaguardia para impedir la vuelta atrás», dijo el mandatario, de 58 años, en una entrevista grabada durante la semana y transmitida ayer en Televén, en el programa de su exvicepresidente José Vicente Rangel.
Chávez habló de un «poderoso cerrojo» para blindar su proyecto, lo que apuntaría a la aplicación de medidas de amplio alcance como hizo tras otros triunfos, ya sea en forma de cambios constitucionales o leyes radicales como las que utilizó para nacionalizar gran parte de la economía. En ese sentido, afirmó que un nuevo mandato de seis años le permitirá llevar su «revolución» a un punto de no retorno y acelerar los cambios.
En las últimas semanas, Chávez introdujo la autocrítica en su discurso entonando un «mea culpa» por la frustración de los venezolanos ante la alarmante inseguridad, el creciente costo de la vida y recurrentes fallas de los servicios públicos.
«Eficiencia. Ésa es una de mis promesas y mis compromisos para el próximo período, más eficiencia. Hay que corregir, hay máxima voluntad», dijo.
En otro programa televisivo, de la cadena Telesur, Chávez logró revuelo al afirmar que si fuera estadounidense, votaría por la reelección de Barack Obama y al mismo tiempo que «si Obama fuera habitante de un barrio de Caracas, votaría por Chávez».
«Ojalá no le haga ningún daño diciendo esto: si yo fuera estadounidense, votaría por Obama. Él ha dicho algo muy racional, lo dijo en Miami, que Venezuela no es ninguna amenaza para los intereses de Estados Unidos, lo dijo en plena campaña electoral», indicó.
Agregó que Obama tiene unos adversarios políticos «irracionales», de extrema derecha, que podrían criticar sus palabras de simpatía hacia el mandatario estadounidense. «Creo que si Obama fuera un habitante de Barlovento (región costera venezolana) o de un barrio de Caracas, votaría por Chávez. Obama es un buen tipo», señaló.
Agencias Reuters, AFP, EFE, DPA
y ANSA; y Ámbito Financiero


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