El mejor rankeado para la Casa Rosada, Julio Cobos, no tiene todavía candidato en Buenos Aires. Al último ganador bonaerense, Francisco de Narváez -que se perfila para repetir el grito del 28-J- se le vuelve brumosa la figura que suponía su estrella presidencial.
Paradojas de un mapa incierto, plagado de diálogos secretos, coqueteos fugaces y sociedades que parecen, por momentos, alianzas forzadas más que matrimonios por conveniencia. El escenario propicio para los pactos inesperados y las traiciones.
Dos lecturas, hasta podría decirse dos escuelas, analizan sobre el vínculo entre la Nación y la provincia y difieren sobre qué estrato predomina. «Presidente pone gobernador», sostiene una; «Presidente que no controla la provincia no termina mandato», refuta la otra.
Éstos invocan los casos de Fernando de la Rúa y el tramo final de Raúl Alfonsín que, del 87 en adelante, tuvo que convivir con Antonio Cafiero. Sus antagonistas invocan la preeminencia del arrastre nacional y mencionan la elección de Alejandro Armendáriz en el 83.
Desde entonces, salvo en la elección del 99 -cuando Carlos Ruckauf fue colgado de dos boletas presidenciales, la de Eduardo Duhalde y la de Domingo Cavallo-, el presidente ganador logró, como réplica positiva, la victoria de su candidato a gobernador.
Salvo que confluyan en un mismo dispositivo, la situación de Cobos y De Narváez será un elemento de prueba para que se imponga una de las dos teorías. O alumbre una tercera, en cierto punto romántica: que presidente «no pone» gobernador y éste no lo «saca» a aquél.
Es indiscutible, en cambio, que con más de un tercio del padrón nacional, no hay proyecto político o electoral que no requiere de un fuerte soporte en la provincia. Néstor Kirchner llevó ese axioma al extremo cuando mudó su búnker de Santa Cruz a Buenos Aires.
Por aquella razón, la grilla de los candidatos a gobernador bonaerense repercute, sin escalas, en el ring nacional. Veamos un mapeo de los vínculos entre los presidenciables y los aspirantes a gobernar Buenos Aires:
Cobos, como ya se dijo, el mejor rankeado para 2011, no logra configurar todavía un candidato propio aunque cuenta, más por pertenencia partidaria que por empatía mutua, con la figura de Ricardo Alfonsín -ubicado entre los tres dirigentes con mejor imagen de la provincia- que, sin embargo, se resiste a pelear en la provincia. Ese negado no da motivos terminantes, pero se lo ha escuchado decir que, aun con Cobos arriba, ve imposible ganarle la provincia al peronismo. Simple: en Buenos Aires no hay balotaje, por lo que la elección se gana con un solo voto. Cobos, a su vez, teme la vigencia de la ley del fin precipitado y maneja, como plan B, si Ricardito se obstina, en Margarita Stolbizer. Por otra vía, a su lado, no se descarta alguna especie de pacto con De Narváez a pesar de que el empresario avisó que competirá por dentro del PJ, con lo cual también se resiente, salvo que arrastre a Mauricio Macri a la primaria peronista, la posibilidad de que el jefe de Gobierno porteño sea su candidato presidencial. Toda una encrucijada: si pelea por dentro del PJ, De Narváez no podría compartir boleta con Macri e, incluso, hasta podría encontrarse en una situación insólita: tener que ir en la misma lista que Kirchner si éste fuese candidato presidencial.
Carlos Lole Reutemann, hundido en sus silencios, aparece como el atajo salvador a ese intríngulis: el santafesino, que ni afirma ni niega, aparece para llenar el vacío de la competencia interna a Kirchner en el peronismo y, desde ahí, se convierte en la estrella de varios, entre ellos De Narváez y Sergio Massa. El intendente de Tigre promete que a mitad de año formalizará su pretensión de competir por la gobernación, dice que por dentro del peronismo, da a entender que enfrente de Kirchner pero no acierta a explicar junto a quién. Silvestre, como De Narváez, Massa invoca a Reutemann.
Pero Kirchner, entre malicioso y urgido, no borra a Massa de un eventual esquema K. Así como juega con que será candidato en 2011, en el armado oficial contempla que, en esta instancia, el candidato en la provincia sería Daniel Scioli quien, a pesar de los costos de abrazarse a Kirchner, perdura en los sondeos como el dirigente oficialista con mejor imagen. ¿Contempla, el patagónico mudado a Olivos, la alternativa de promover a otro en lugar de Scioli? No descarta -contó días atrás a un grupo de diputados- que pueda bendecir a Massa, si es que éste se deja bendecir, mientras que en Casa Rosada, se vocea el nombre de Aníbal Fernández como potencial candidato. Un antiguo sueño del quilmeño que choca con la crudeza de los números: es el más impopular de los ministros K.
Con Duhalde, reapareció con la parafernalia, ocurre un fenómeno curioso: carece de candidato en Buenos Aires, justamente el territorio desde donde promete iniciar la embestida para desalojar a los Kirchner. En su momento, Chiche, su esposa, habló de pelear por ese lugar. Pero no lo considera ni el propio Duhalde. Le queda, como nexo posible, a De Narváez pero el empresario no lo ve con posibilidades ciertas.
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