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Erlich, como siempre, hipnotiza al público con sus espejismos
La videoinstalación de Leandro Erlich «Conversaciones de ascensor» tiene como antecedente otra que presentó en 2005 en la Bienal
de Venecia; el referente de ambas es el film de Hitchcock «La ventana indiscreta».
«Conversaciones de ascensor» es una videoinstalación que, con su luminosidad intermitente, se divisa en el fondo de la sala. Las puertas del ascensor automático y su tamaño (132 x 240 centímetros) son reales; luego, las situaciones que se descubren cada vez que se abren las puertas, también parecen reales. La escena tiene la naturalidad y familiaridad de lo cotidiano, pero el espectador queda hipnotizado; los distintos viajeros del ascensor adoptan actitudes típicas, pero resulta imposible dejar de mirarlos. Hay una mujer saludando con gesto amistoso, un personaje ensimismado, una joven que lleva un niño y alguien que mira hacia arriba, ansioso por llegar. Todos ellos aparecen envueltos en la luz azulada que ingresa a la sala con cada stop, suben o bajan con sus historias a cuestas. Pero la sensación de estar allí, cerca de ellos, es tan verídica que el espectador no puede moverse: desea ingresar en ese espacio de intimidades, subir al ascensor, ocupar un papel en el relato.
Así, el mundo de las apariencias sustituye el real. El antecedente de «Conversaciones de ascensor» es «La vista», una videoinstalación que en el año 2005 Erlich presentó en el pabellón de Italia de la Bienal de Venecia. El frente de un edificio configuraba allí un paisaje nocturno, con las ventanas abiertas e iluminadas. En esos espacios transcurría la existencia más o menos agitada de los personajes, que discutían, bebían, vivían. El referente de estas dos obras -»Conversaciones.» y «La vista»- es el film de Alfred Hitchcock, «La ventana indiscreta», esa historia de voyerismo y misterio cuyo «catálogo de caracteres» fluye a través de las imágenes.
En medio de una muestra que depara sensaciones fuertes, la violencia se ofrece como alternativa. En la «Puerta rota» Erlich deja los simulacros de lado para aferrarse al realismo. La obra consiste en una puerta sólida y oscura que, a pesar de estar quebrada en pedazos y hundida en el centro por el impacto de una bala, todavía se mantiene en pie y parece cumplir su función.
Con una inspiración diferente, tres «Nubes» ostentan el fenómeno de la condensación del agua y también las cualidades poéticas y estéticas de las imágenes, mágicamente suspendidas en el cautiverio de unas vitrinas. Con pintura, laca, vidrios y leds, Erlich generó esa ilusión.
Las tres fotografías, «Bâtiment», muestran una serie de personajes liberados de la ley de la gravedad dispuestos con gracia en el frente de un edificio, flotando en ese espacio. Este juego de espejos, un truco que anula la verdad y la coherencia, representa lo que Jean Baudrillard denomina en términos de pensamiento teórico, los «abismos artificiales». El pensador francés contrapone el mundo encantado de la seducción al desencantado real.
Los estímulos a la percepción no cesan. Un «Jardín perdido», impone una provocativa e inmediata reflexión sobre la visión panóptica. Cualquiera sea la ventana que elija el espectador para mirar el jardín, se encontrará perseguido por sí mismo, sin poder escapar de su propia imagen. El truco de la «visión total», la inventó Jeremy Bentham para mirar en los presidios, todas las celdas al mismo tiempo.
La obra de Erlich es teatral, comparte el artificio del espectáculo. En efecto, los espejos y reflejos de los «Cambiadores» suscitan la desesperación de ingresar a un lugar cuyos imprecisos límites se extienden al infinito, donde el mundo real se aleja. No obstante, con humor y, confirmando que nada en la exhibición es lo que parece, Erlich dispone en sus vestidores unas camisas de cerámica, duras y brillantes.
En el año 2000 nuestro artista integró la Bienal del Museo Whitney de NYC, inició entonces una ascendente carrera internacional. Sus obras tienen las características, formatos y atractivos que demandan las megamuestras y bienales que prosperan por el mundo y lo reclaman.


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