29 de julio 2014 - 00:00

Erotismo, fantasía y fuerte aire de familia en muestra del FNA

Detalle de las inclusiones de Harte, una obra de Renart del Museo de Arte Moderno y el monolito con fluidos orgánicos de Furtado, parte de la muestra “Filiaciones. Una persistente Forma de estar en el mundo”, curada por Gustavo Garrone.
Detalle de las inclusiones de Harte, una obra de Renart del Museo de Arte Moderno y el monolito con fluidos orgánicos de Furtado, parte de la muestra “Filiaciones. Una persistente Forma de estar en el mundo”, curada por Gustavo Garrone.
En la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes, Gustavo Marrone asumió el papel de curador y exhibe la muestra "Filiaciones. Una persistente Forma de estar en el mundo: Emilio Renart, Miguel Harte, Dolores Furtado". Marrone es un artista que si bien vivió durante más de 20 años en el extranjero, nunca fue olvidado. Aunque su presencia en nuestra memoria se debe en realidad a un hecho fortuito: el potente retrato "Marrone en su atelier" pintado por Marcia Schvartz estuvo durante años expuesto en el Museo Nacional de Bellas Artes. Al ingresar a la sala de arte argentino se divisaba al artista sentado en un sofá desvencijado, con su rostro anguloso y moreno y sus pulcras medias blancas. Marrone estaba lejos, no obstante, la fuerza de ese retrato lo mantuvo cercano. Ahora, y de vuelta en su propia tierra, no resulta extraño que se haya dedicado a descubrir los aires de familia que cruzan el escenario del arte argentino, que se pusiera a mirar las obras de sus parientes cercanos.

Con el ojo bien entrenado Marrone presenta en el FNA tres figuras de diversas generaciones y una misma filiación estética: Renart (1925-1991), Harte (1961) y Furtado (1977). Las coincidencias estilísticas son moneda frecuente en la historia, pero estos tres artistas ostentan afinidades bien analizadas: el manejo y la importancia brindada a los materiales, un poderoso erotismo y la capacidad para crear universos imaginarios. El parentesco se percibe de inmediato.

El curador explica que los tres artistas exigen que la materia que modelan se manifieste y que, "en vez de otorgarle una verdad, se la piden". "La materia es entendida como algo pensante, portadora de una carga cultural de la que no puede separarse", agrega. Más de media centuria separa algunas obras de Renart de las de sus herederos, pero su creatividad desbordante lo indujo a experimentar en aquel entonces con una diversidad de materiales y las herramientas que él mismo creaba. Sus "técnicas mixtas" son realmente mixtas, y sus efectos se asemejan a los que Harte o Furtado logran con otros elementos.

En la muestra se destacan las semejanzas entre las cualidades del "Bio cosmos Nº 1" realizado en 1962 por Renart (tela, hierro y acrílico), y las características de S/T, una obra producida hace apenas dos años por Harte (resina poliéster con fibra de vidrio, masilla, pintura bicapa) y "Rojo" de Furtado (resina poliéster). Sin embargo, la hermandad va más allá de los componentes formales. Umberto Eco señala que la materia configura "no solamente el cuerpo de la obra, sino también su fin". Y el curador subraya que los tres miran el contexto -más o menos adverso o afortunado que los rodeó o los rodea- desde la perspectiva de "lo orgánico, lo visceral, lo cósmico y el vacío".

Vale la pena contemplar la obra de Renart junto a las de Harte y Furtado: las analogías resultan reveladoras. Si se coteja el mundo de Renart con el de estos dos artistas afines pero a la vez accesibles a la interpretación, las misteriosas obras del sesentista tienden a mostrar sus secretos. Harte explica que sus agujeros pueden ser tanto orgánicos como espirituales y, además, portales hacia otro lado, agujeros negros o cósmicos. Un extraño mundo de fantasía florece casi a escondidas dentro de las pulidas superficies de Harte, en el interior de los tersos planos con el acabado del nácar logrado con las pinturas industriales. Allí mismo surgieron unas burbujitas diminutas, las "inclusiones", pequeños jardines donde vive una flora y una fauna encantada. A través de los años, esas formas escondidas parecen oscilar según el ánimo del artista: se retrotraen como un microcosmos o se expanden como fascinantes arborescencias barrocas habitadas por criaturas de fábula, mitad insectos y mitad humanos.

Entretanto, las esculturas de Furtado se levantan como monumentos del deseo. El erotismo que se percibe en los tres adquiere en la obra de la artista un aspecto gomoso, sus chorreaduras blanquecinas bañan las superficies traslúcidas de los cilindros fálicos. La sintomatología de la sexualidad y la franca referencias a los fluidos del cuerpo, están presentes en las obras de toda la familia.

La grandeza de esta muestra, más allá de su didáctica manera de exhibir una estética, consiste en el rescate de Renart. El genial artista, olvidado por la historia del arte argentino, es uno de los más lúcidos representantes de la década del 60, de hecho en 1964 ganó el Premio Especial concedido por el Instituto Torcuato Di Tella. Pero la dimensión de sus obras trasciende su época, expresa con especial intensidad los cambios ópticos y estéticos radicales que sobrevendrían en esos años, sumados a los que impusieron la tecnología, el amanecer del mundo cibernético y las revueltas políticas y sociales.

Renart indagó en su tiempo los problemas del arte y también ciertos aspectos de la ciencia, supo entender que ambas disciplinas surgen de un mismo manantial: la creatividad. Poco antes de su muerte el artista contaba que mandó a la basura inmensas obras que no tenía dónde guardar. Las instituciones no se interesaban por ellas. En estos últimos años, el coleccionista y operador cultural Mauro Herlitzka, movilizó el estudio de muchos artistas con brillantes trayectorias y logró que el Malba incorporara a su colección dos dibujos de Renart. Por su parte, Marrone exhibe una obra y un dibujo pertenecientes al Museo De Arte Moderno porteño y al Museo Nacional de Bellas Artes. A Renart se le debe una gran retrospectiva. Pero, como se sabe, las instituciones del país no siempre cumplen con su obligación de legitimar y exhibir el arte que poseen. Las colecciones públicas no deben permanecer ocultas.

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