1 de abril 2009 - 00:00

Error no aprendido del 30: proteger economías

La historia demuestra que en épocas de fuertes turbulencias económico-financieras, el proteccionismo rebrota con inusitada fuerza y rapidez. Lamentablemente, la actual crisis no ha escapado a este fenómeno.
Las tres facetas de proteccionismo, nacionalismo y xenofobia responden en todos los casos a un mismo argumento «nacional y popular»: ante la crisis, es imperioso proteger la producción local y dar preferencia al empleo doméstico.
Ahora bien: ¿qué indican la teoría y la experiencia respecto de la eficacia de estas políticas para enfrentar crisis de la magnitud de la actual? Exactamente lo contrario. En efecto, la teoría del comercio internacional ha demostrado, fehacientemente, que una de las mejores herramientas para superar las turbulencias económicas globales consiste en abrir al máximo posible los mercados. En cuanto a la experiencia, todos y cada uno de los períodos de crisis en que se aplicaron este tipo de medidas se vieron gravemente perjudicados por éstas.
A este respecto, el mejor ejemplo, sin duda, fue lo acaecido durante la crisis del 29. En efecto, desde el inicio de ésta, la comunidad de naciones comenzó un proceso de proteccionismo que -obviamente- se fue espiralizando a través de las represalias que las economías iban tomando unas contra otras: a la suba de aranceles se respondía con mayores grados de protección, a las devaluaciones del tipo de cambio, con depreciaciones aún más elevadas y así sucesivamente. Se entró, de esta manera, en un círculo vicioso que no hizo más que profundizar la crisis y extenderla prácticamente a toda la década del treinta. El comercio internacional durante dicho período disminuyó en más de un 50%, el desempleo llegó a superar el 20% y los niveles de actividad cayeron en magnitudes del orden del 30%
¿Cómo es posible entonces que, con todos estos datos, se haya producido un nuevo brote de proteccionismo? ¿Los gobiernos actuales son conscientes de que, de no interrumpirse este proceso, las consecuencias serán cada vez más negativas, tanto en lo que hace a los niveles de actividad como de empleo? Lamentablemente, todo parece indicar lo contrario.
En efecto, la realidad muestra que la actual tendencia al proteccionismo continúa avanzando. Las recientes y drásticas caídas de dos dígitos registradas en las exportaciones de los países más dinámicos en el comercio internacional, sumadas a las nuevas estimaciones del FMI respecto de una caída interanual del comercio internacional en el orden del 10% así lo demuestran. ¿Cuáles son, entonces, las razones que han llevado a esta grave situación? Claramente, el problema radica en un evidente conflicto entre los intereses políticos y los del bienestar económico de cada una de las naciones involucradas. Los primeros impulsan a los gobernantes -con una visión demagógica y de corto plazo- a proclamar la teórica defensa de los intereses «nacionales y populares» mediante la implementación de las ya mencionadas políticas proteccionistas; por su parte, la ortodoxa visión económica de largo plazo señala las claras ventajas del libre comercio.
Compromiso
La comunidad internacional aún está a tiempo de evitar la expansión de esta negativa tendencia proteccionista. Para ello -amén de acelerar al máximo un eventual acuerdo para cerrar la Ronda de Doha y dotar de un mayor poder de negociación a la Organización Mundial del Comercio (OMC)- será necesario lograr un fuerte compromiso a nivel multilateral, en el sentido de desandar el camino iniciado y volver al esquema de libre comercio. A este respecto, un buen punto de partida debería ser -sin duda- la próxima reunión del G-20, la cual se celebrará durante el curso de esta semana en Londres. Es de esperar que en esta cumbre, la visión de los estadistas que en pos del bien común favorezcan el libre comercio se imponga a los espurios intereses de aquellos políticos que -proclamando un falso nacionalismo- apoyan el proteccionismo con el solo objetivo de mantenerse en el poder. Si éste fuera el caso, existiría la esperanza de lograr una fuerte disminución de las actuales políticas de proteccionismo, nacionalismo y xenofobia con todas las consecuencias positivas que ello implicaría en aras de reducir la profundidad y extensión temporal de la presente crisis.

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