- ámbito
- Edición Impresa
“Es una parábola sobre fanatismos y extremismos de hoy”
Pérez-Reverte: “Ésta es una novela que he escrito sonriendo, y he querido que el lector terminara el libro sonriendo también”.
Periodista: Desde hace doce años es miembro de la Real Academia Española. ¿Es eso lo que le hizo surgir la idea de la novela "Hombres buenos"?
Arturo Pérez-Reverte: Sí, porque un día encontré allí, en la biblioteca, los 28 volúmenes de la "L' Enciclopédie o Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers" de D'Alambert y Diderot, y me entero de que llegó cuando estaba prohibida en España. Me pongo a investigar cómo ocurrió y con lo sucedido, que es más vulgar que lo que cuento, monté mi historia. Sobre todo porque vi que era una ocasión muy buena para hacer un homenaje a la Academia. Y, más que eso, a los hombres buenos de la Academia y de fuera de la Academia. Aquellos que en el siglo XVIII tenían pacifismo cultural. Creían que la cultura podía hacer mejores a los ciudadanos y como tal hacer mejor a su país. Eso ocurría en España, en la Argentina, en Francia, en muchos sitios. Era una época en la cual aún se era inocente, todavía había esperanza, aún no se había fracasado en la Revolución Francesa, en la Revolución Rusa, en la Revolución Cubana, aún no se había visto que al final todo se va al carajo. Ese momento de ingenuidad y esperanza fue muy interesante, y quise dedicar una novela a esa gente que quiso cambiar el mundo para bien.
P.: ¿Cómo aparecen esos dos personajes que van a buscar de forma clandestina ese libro prohibido por el Index, el bibliotecario Monina y el almirante Zárate, que se le parece mucho?
A.P.R.: No a mí. Hay dos personajes fundamentales. Surgen de la realidad. Para el almirante me inspiro en un amigo, el almirante Eliseo Álvarez-Arenas, a quien dedico el libro. Un hombre serio, elegante, excéntrico, que vivía con dos hermanas solteras. Éramos los dos marinos de la Academia. Yo necesitaba que hubiera en esta novela diálogos cervantinos, o digamos thomasmannianos, porque era una confrontación de ideas, y tenían que manifestarse, no podía bajarlas el narrador. Decidí elegir dos personajes, uno que fuera el que quiere conciliar fe y razón, el hombre entrañable y bondadoso, el ratón de biblioteca, pacífico, religioso y al mismo tiempo ilustrado, y el marino, cartesiano, frío, racional y ateo. Y demostrar que dos espíritus diferentes en ese sentido, cuando hay un territorio común que es la cultura, y la buena voluntad y la aventura juntos, eso los hace amigos y los lleva hasta el heroísmo. Los personajes son herramientas, instrumentos para contar la novela. Estos eran los perfectos para eso. Luego puse un malo muy malo, muy revertiano, el sicario que los persigue. Y hay dos malos muy interesantes para mí, académicos también, que son los dos extremos que siempre han jodido al mundo. De un lado la derecha conservadora reaccionaria, cerril y ultramontana, intransigente, y del otro lado la izquierda demagógica, buenista, estúpida, irreal, inaplicable a la vida práctica, y entremedio está la gente. Los dos se alían para poder reventar el viaje de los académicos por ser diferentes. Es una parábola sobre estos tiempos, sobre los fanatismos, los extremismos.
P.: Yendo al pasado se encontró reflexionando sobre el presente.
A.P-R.: Fue muy interesante. Tuve que refrescar, leer o volver a leer textos de Moratín, Cadalso, Jovellanos, el padre Feijoo, Voltaire, D'Alambert, Rousseau, Diderot, Montesquieu, Newton, Locke, Euler. Me di cuenta mientras lo leía buscando lo que valía para mis personajes, de que lo que dicen también vale para ahora. Hay cantidad de ideas que son perfectamente válidas para el mundo actual. El lado oscuro del ser humano es el mismo antes y ahora. "Hombres buenos" es aparte de una novela de aventuras, de libros y de amistad, aparte de esa esperanza que comienza a surgir en el siglo XVII, es una forma de entender también el presente. Es una novela en ese sentido optimista, y eso que yo soy un tipo pesimista por razones biográficas, y en mis novelas ese pesimismo se siente, pero esta vez me obligaba la materia a ser optimista. Es una novela que he escrito sonriendo, y he querido que el lector terminara el libro sonriendo también.
P.: Es la primera vez, aunque ya lo había esbozado en "La Reina del Sur", en que Pérez-Reverte aparece como narrador de la historia.
A.P-R.: Es falso, parcial. "Hombres buenos" la escribí en forma lineal, principio, nudo, desenlace. Pero me di cuenta de que por la materia que era, el viaje muy largo, había momentos muy áridos, que podía ser por momentos pesada. Decidí volver atrás, incluir un narrador que iba contando la historia, y de esa manera hacer cortes, elipsis, saltos, dar información, hacer guiños, bromas, darle una agilidad distinta. Decidí que pareciera que estaba desnudando al narrador, pero no es verdad, es sólo una pequeña parte de algo mucho más complejo. Entreabro un poco la puerta para que el lector vea un poco cómo es la cocina de una novela de este tipo, pero en ningún momento le estoy entregando mi corazón, me reservo el noventa por ciento y no lo cuento.
P.: Pero hay temas muy suyos como el de los libros peligroso, prohibidos, buscados.
A.P-R.: Para mí el libro es esencial. La novela nueva en la que estoy trabajando ya también tiene que ver con un libro. Cada uno tiene sus rayes, escriben sobre mujeres, sobre fútbol, sobre turf, sobre la ambición, yo escribo sobre libros. Todo mi mundo gira en torno a los libros. Mujeres, amigos, amistad, peligros, lealtad, viajes, aventuras, siempre hay libros como centros, de una u otra forma. En "La Reina del Sur" ella lee "El conde de Montecristo", en "El club Dumas" es obvio, pero hasta en "El francotirador paciente" la protagonista busca a los grafiteros para escribir un libro. Siempre el libro está presente en mis novelas, es mi señal de identidad. Eso y esos personajes revertianos, esos malos ambiguos.
P.: ¿Hay hoy un lugar que sea centro de la luces como el París de sus personajes?
A.P-R.: No lo hay, e internet es todo lo contrario, Tendría que serlo, pero no lo es. Y no lo es porque internet requiere una formación previa. Internet no tiene filtros. Internet corta a Vargas Llosa y lo mezcla con una top model analfabeta que sale en una revista del corazón y un futbolista que se cree Maradona, y todos tienen el mismo nivel y el mismo tratamiento. No existe un criterio cultural, selectivo, que permita jerarquizar los contenidos y uno se puede tragar como buena cualquier basura hecha por un indocumentado para entretenerse. El periódico impreso tiene una garantía por su selección, por su edición. En internet es tal la confusión que se mezcla la basura con el material precioso. De qué vale internet si no tienes criterio para seleccionar lo útil de lo que es basura. El problema es ése, internet debería ser la ilustración pero debido que el usuario no es los suficientemente culto, que no hay una jerarquización y una orientación clara de contenidos y en los colegios no se enseña a los chicos a moverse por internet, internet no vale para nada, es una gran ocasión perdida. Es como la televisión, un elemento educativo magnífico, pero en mano de gente basura que programa basura que las audiencias se tragan. Internet se ha basurizado como la televisión, por eso vale la prensa impresa, el libro, son referencias jerárquicas, no todo el mundo llega a ellos, y cuando se llega sabe qué son, de quien proceden, cuál es su importancia o su valor.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
A.P-R.: Ahora me voy a navegar un poco, lo necesito. Después me pondré a trabajar en un libro que ya he empezado, que ya mencioné, que tiene que ver una vez más con un libro. Y luego empezaré con una nueva novela que será una vez más también de aventuras. Una novela nueva es como ser joven otra vez. Yo digo que siempre digo que no eres joven más que en víspera de la batalla. Cuando vas a pelear al día siguiente, esa noche estás concentrado, ni siquiera follas, afilas la espada, preparas el arnés, te preparas para combatir. Eso te mantiene joven. Luego, después de que has combatido, te vuelves viejo, aunque seas joven. Y el siguiente combate te rejuvenece. Cada novela es un combate, es respirar profundo y decir voy a pelear durante dos años con una historia, eso mantiene el entusiasmo, la tensión, la intensión de salir victorioso.
Entrevista de Máximo Soto


Dejá tu comentario