Londres - Queda una semana para conseguir lo que no se logró en casi tres años: una carrera contra el tiempo se desató en la política británica en busca de una vía de solución para el “brexit”, basada “in extremis” en la esperanza de un compromiso entre Theresa May y Jeremy Corbyn.
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Escepticismo laborista y amague de rebelión "tory", nuevos riesgos para el "brexit" de May
La primera ministra busca ahora una salida "blanda" del Reino Unido de la Unión Europea, pero el opositor Corbyn dice que no cede lo suficiente. Cruje el partido de Gobierno.
La apertura al diálogo con el líder de la oposición laborista sobre una solución más “soft” (blanda) le valió ayer a la primera ministra una previsible revuelta del ala “ultra brexiteer” en su Partido Conservador y nuevas defecciones en el Gobierno.
El hielo entre ambos se rompió en un primer encuentro cara a cara, de dos horas de duración en Westminster (Parlamento) y extendido al ministro para el “brexit” en las sombras del Partido Laborista, Keir Starmer.
El diálogo se desarrolló “muy bien”, según las pocas palabras escuchadas al vuelo por una periodista al “compañero Jeremy”. El encuentro “fue útil, pero no resolutivo”, precisó, con todo, horas más tarde.
“Hemos tenido discusiones exploratorias constructivas sobre cómo romper el estancamiento”, fue el comentario oficial de un portavoz laborista. Y también Downing Street evocó una atmósfera “constructiva”.
La idea es seguir intentando hoy o hasta el fin de semana para cerrar la partida. “El 12 de abril es la última fecha para la aprobación” del acuerdo de divorcio con la Unión Europea, recordó desde Bruselas, con el reloj en la mano, el presidente de la Comisión (órgano ejecutivo de la UE) Jean-Claude Juncker.
Este advirtió que una eventual prórroga “de breve duración”, limitada al 22 de mayo como May pretende pedir en la cumbre de la UE del miércoles 10 para evitar la participación británica en las elecciones europeas no podrá ser siquiera tomada en consideración.
Jason Groves, editor de política del diario más cercano a May, el Daily Mail, pronosticó un acuerdo “realista”. Por un lado, “unión aduanera”, alineamiento permanente (con Bruselas) en materia de derechos laborales y dilución los planes “tory” restrictivos en inmigración. Por el otro, fin de la libertad de circulación de personas, no a un segundo referéndum y salida de la UE antes de las elecciones europeas, o sea para el 22 de mayo.
Pero hablar de optimismo con plazos tan estrechos parece riesgoso. Tanto más cuando las divisiones permanecen en los frentes opuestos en Westminster o en el interior de los partidos.
En primer lugar, entre los conservadores, donde el cambio de ruta de la premier no es del agrado de muchos. Los “brexiteer” más ultras, responsables de haber hecho saltar la frágil mayoría de Gobierno, pusieron esta situación en la mira en el turno de preguntas de ayer, alegando que se había traicionado al núcleo duro del partido y del gabinete, decididos a abandonar la UE el 12 de abril incluso a costa de desafiar los temores de muchos (empresas líderes a la cabeza) sobre la falta de un acuerdo no traumático.
A estas acusaciones, la premier respondió reivindicando que un “no acuerdo” con Bruselas es preferible a un mal acuerdo, pero no a uno bueno. Además, invocó “un consenso transversal” con el laborismo como el modo más seguro para “llevar a cabo el ‘brexit’”.
Pero esas explicaciones no bastaron para evitar las renuncias de otros miembros del Gobierno: sólo exponentes juniors esta vez, como Nigel Adams y Chris Heaton-Harris, subsecretarios respectivamente de los ministerios para Gales y el de “brexit”, después de la oleada de abandonos de los últimos meses, aunque de todos modos de algún peso.
En tanto, el titular del Banco de Inglaterra, Mark Carney, está convencido de que una salida de la UE sin acuerdo es aún un riesgo “alarmante”.
Agencia ANSA


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