Esculturas en los jardines del Tigre

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Es muy recomendable una visita a los muy cuidados jardines que rodean al Museo de Arte Tigre (MAT) en los que se exhibe «Tigreescultura», y que con muy buen criterio museístico se extiende hasta fines de marzo.

Un paseo veraniego por excelencia en el que a la vez de gozar de la visión del río y el verde de la frondosa vegetación, están emplazadas las esculturas, que se erigen al aire libre, sueño de los artistas escultores, poderosas en imagen, para que se las pueda rodear y así comprender la importancia del espacio que integran.

Comencemos por Bastón Díaz, cuyas estructuras tienen connotaciones marítimas, la idea de ancla, engranaje, grúa, que se imponen también por el material que en algunos casos va adquiriendo una pátina oxidada. Actualmente hay una serie de este artista ya emplazada en los espacios adyacentes al Museo Nacional de Bellas Artes y es probable que el visitante se haya acostumbrado a reconocer estas formas pregnantes que nunca se repiten.

Cristina Piceda presenta dos maderas africanas en las que ha insertado mármol de Carrara rigurosamente tallado en estrías, una intensa oposición de materiales en obras a manera de totems.

Edgardo Madanes ha colgado su forma circular de carácter orgánico en mimbre y cuero en la arcada de la glorieta, un intrincado «dibujo» de líneas que se entrecruzan, de gran levedad a pesar de sus 2 metros de diámetro. Cabe destacar que Madanes utiliza un preciado material originario del Delta y que admira la labor artesanal de aquellos que lo trabajan desde la época de Sarmiento.

Ana Lizaso y sus esculturas yacentes en chapa de hierro pintadas con pintura nitrosintética, roja y azul, colores que restallan a la luz, muy dúctiles, trabajadas como un plegado de origami.

Raúl Farco trabaja también a gran escala, por ejemplo, «Shelter» (2007) realizado en aluminio es de significativo contenido. ¿Cómo pueden crecer ramas en un hábitat casi cerrado, majestuoso como un manto ceremonial? A su vez, dos esculturas de gran altura en hierro y acero inoxidable, denominadas «Tierra de árboles caídos», muestran una visión ominosa del hombre.

Barcos, centinelas, guerreros, cuchillos ceremoniales, arpones, totems constituyen el vastísimo repertorio que Hernán Dompé logra en sus búsquedas y encuentros, como «El Luna» y «La Rayo» en hierro patinado y policromado, que remiten a las fuerzas de la naturaleza.

Conjunción naturaleza-arte escultórico por talentosos artistas argentinos, una experiencia sensorial que enriquece la sensibilidad del contemplador y el ámbito público.

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