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Esta crisis no repite el error de Irak
Para algunos la pregunta es si esa amenaza no sería una repetición del cuadro de denuncias injustificadas que presenciamos en su oportunidad con Irak. La respuesta es un no enfático. La amenaza es real y la fuente no se basa en informes de inteligencia que podrían ser cuestionados. El mismo Gobierno iraní acepta poseer la capacidad de enriquecer uranio al 5%. La AIEA ha confirmado que la planta de Natanz ha producido unos 1.500 kilos de uranio de bajo enriquecimiento. Ambos, también, dejan claro la negativa de someter a la instalación y al material obtenido bajo el paraguas de salvaguardias de la AIEA.
¿Qué implica esa decisión? Básicamente, dos cuestiones nada menores y que no dan lugar a otras interpretaciones. La primera, la de mantener la opción nuclear abierta y, consecuentemente, retener la capacidad de la planta de enriquecer uranio a un grado mayor sin control alguno. La segunda, la de disponer de la libertad de usar el uranio levemente enriquecido (que fue observado por la AIEA) para aumentar el grado de su enriquecimiento actual. En el sistema de membranas del método de difusión gaseosa, es sólo cuestión de seguir pasando el mismo uranio enriquecido por la cascada de las centrífugas, una y otra vez, para aumentar el grado de enriquecimiento y alcanzar el nivel deseado para ser utilizado en un arma nuclear. A partir de un enriquecimiento del 20%, ya podría ser utilizado para ese efecto, aunque los principales arsenales utilizan un enriquecimiento del 95% o más.
Tampoco resulta clara la insistencia de Irán de contar con una planta industrial de uranio enriquecido a una escala industrial que no guardaría ninguna proporción razonable con las necesidades reales de abastecimiento de combustible del reactor nuclear generador de electricidad de Bushehr. Irán se ha negado sistemáticamente a explicar el alcance pretendido para la instalación de Natanz.
Conocimientos
Estas circunstancias permiten suponer, justificadamente, que alcanzó el «breakout scenario» al contar con todos los conocimientos, tecnologías y materiales necesarios para adoptar la decisión final, eso en el caso de que no lo haya hecho ya.
El intento diplomático del Grupo 5+1 ha recibido, como contrapropuesta de Teherán, una formulación genérica con una variedad y dispersión temática que dejan en evidencia las dificultades de un acuerdo. Esa actitud abriría el camino de una acción del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aunque Rusia y China procuren disuadir sobre la necesidad de incluir un embargo sobre el petróleo refinado a Irán, país que depende de hasta un 35% de importaciones para el consumo interno de gasolina.
Todo permite presumir una escalada con derivaciones delicadas. Sería una catástrofe diplomática si no se logra convencer a Irán de las ventajas de actuar conforme sus compromisos internacionales. Por otro lado, Irán debería entender, finalmente, que no se enfrenta a una situación de discriminación, ni de exigencias excepcionales ni exageradas, sino ante las mismas obligaciones de cualquier otro Estado parte del TNP y miembro de la AIEA con tecnologías similares. En este marco, habría que seguir trabajando en una alternativa de propuesta aceptable. Hay ejemplos y variantes que podrían dar una solución. Sólo se necesita disponer de imaginación razonable y voluntad pragmática para alcanzarlo. Quizás, también, habría que ampliar a los interlocutores para reducir la carga emocional que producen los antecedentes.
El mundo ya conoce la terrible experiencia de los efectos del uso del arma nuclear. En este caso, las declaraciones altisonantes del presidente de Irán aumentan justificadamente la preocupación y pone de relieve el grave cuadro de situación que podríamos vivir si Irán accede a un arma nuclear.


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