1 de abril 2011 - 00:00

Estatuas de Alfonsín: siguen participando

La inauguración de una estatua en Chascomús que intenta representar a Raúl Alfonsín en el bronce, obra de Luciano Garbatti (izq.) levantó las mismas polémicas que el mármol en Casa de Gobierno que realizó Oriol dal Porto en 2008 (derecha).
La inauguración de una estatua en Chascomús que intenta representar a Raúl Alfonsín en el bronce, obra de Luciano Garbatti (izq.) levantó las mismas polémicas que el mármol en Casa de Gobierno que realizó Oriol dal Porto en 2008 (derecha).
La inauguración ayer del bronce a cuerpo entero que recuerda a Raúl Alfonsín en Chascomús convirtió a políticos, funcionarios, punteros y otros mirones del rubro en improvisados críticos de arte.

El primer escrutinio fue el más obvio, si la representación que logró el escultor Luciano Garbatti -el mis-mo que hizo la obra que está en la bóveda del expresidente, en el cementerio de la Recoleta- tiene algo que ver con el modelo. Recibió, prima facie, el mismo dictamen que el mármol del italoar-gentino Oriol dal Porto que se instaló en octubre de 2008 en el Salón de los Bustos de la Casa de Gobierno. O sea que no se parece mucho al Alfonsín que todos conocieron.

Desafío

Es cruel el público con este tipo de obras en una época inundada de imágenes fotográficas de los personajes. Cada uno de ellos tiene una imagen en la mente del público que los ha visto en vida durante años en fotografías, filmes y actos presenciales. Crear una obra de escultura que convenza por su realismo a los observadores es un desafío que no tuvieron en el pasado otros artistas. Quienes conocieron en sus tiempos a los próceres de antaño seguramente se escandalizarían por la representación que ha quedado de San Martín, Sarmiento o Mitre. Pero la mayoría de sus coetáneos, que los toleraron gobernándolos, seguramente nunca vieron de cerca a esos personajes.

Quienes hoy miran esas estatuas de hombres del pasado tampoco los conocieron y la imagen que tienen de ellos es la que reflejó el bronce o el mármol, quizá distante y deformada respecto de sus rostros en vida. El artista tiene que soportar el juicio de su tiempo, acaso el que toleran escultores como Dal Porto y Garbatti, que convocan a quienes los sucederán a seguir participando en la búsqueda del bronce ideal de Alfonsín.

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