Dirigentes antichavistas se lanzaron a las calles el fin de semana para recaudar fondos a favor del canal privado opositor Globovisión, acosado por Chávez.
Caracas - El asesinato del dirigente opositor venezolano Jonathan Rivas, ocurrido el sábado en ocasión de una manifestación en la localidad de El Tigre, al sureste de Caracas, causó estupor y agravó aún más la tensión política en el país. Rivas, del partido de centroderecha Primero Justicia (PJ), protestaba contra el encarcelamiento de militantes opositores cuando llegaron «bandas armadas del chavismo», según los denunciantes, y recibió un disparo en el pecho.
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El joven de 31 años reclamaba la liberación de opositores que supuestamente habían sido apresados cuando juntaban fondos para apoyar al canal opositor Globovisión, sobre el que pesan multas millonarias y la intención de Hugo Chávez de anular otra de las voces mediáticas críticas.
«Hubo una balacera, llegaron bandas armadas del chavismo a las afueras de la Policía municipal y Jonathan Rivas recibió un tiro en el pecho que le produjo la muerte», denunció Gustavo Marcano, coordinador de PJ en Anzoátegui, distrito al sureste de Caracas que alberga la localidad de El Tigre. Otras versiones no mencionaron que Rivas estuviera protestando por el encarcelamiento de opositores, sino que su grupo fue atacado mientras recolectaba dinero para Globovisión, como ocurrió en otras zonas de alto poder adquisitivo.
La Fiscalía venezolana inició una investigación para aclarar los hechos, que derivaron además en heridas de otras dos personas. Además, tres fiscales fueron especialmente comisionados para investigar el caso.
El jefe del PJ, Julio Borges, anunció que el partido realizará una manifestación ante la Fiscalía General de Venezuela para protestar por el homicidio. «Con estos casos, como el de Jonathan, el de Alberto, el de Flavio (los otros dos muertos), son miles y miles de venezolanos que han muerto a manos de la violencia, la Justicia no hace absolutamente nada», señaló.
Agregó que esta guerra «sin sentido, es alimentada por un discurso de odio permanente que sólo busca dividir».
Por su parte, Chávez trató el tema en su programa de radio y televisión «Aló Presidente» y dijo que las investigaciones «apuntan» a un enfrentamiento entre opositores y partidarios del Gobierno.
La ofensiva de Chávez contra Globovisión, un canal ferozmente antigubernamental, generó preocupaciones por la libertad de prensa, dos años después de que no se renovara la concesión de la popular emisora RCTV.
Desde Globovisión, este fin de semana surgieron intenciones de restablecer un diálogo. «El próximo paso es que el presidente sepa que si él quiere hablar nosotros estamos dispuestos. Sentarnos a dialogar como dialogan en países civilizados. Las puertas nuestras están siempre abiertas, toca al presidente decidir», dijo el propietario del canal, que en la mayor parte de Venezuela se distribuye por cable, Alberto Ravell.
El Gobierno acusa al canal de respaldar el golpe de Estado de 2002, de alentar el magnicidio y de alentar una huelga petrolera destinada a derrocarlo.
Un organismo estatal está ahora revisando todos los permisos de transmisión privada. «El Presidente nos ha llamado y nos ha dicho que nos portemos bien o nos cierra», dijo Ravell.
Globovisión fue multada este mes por u$s 2 millones por impuestos retrasados y funcionarios allanaron dos veces la propiedad de su presidente. Dijeron que estaba revendiendo autos de manera ilegal y que había mantenido raros ejemplares de animales disecados.
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