Después de "Sumisión", donde mostraba el escenario de una París sometida al islamismo, en su próximo libro condena la globalización, el libre intercambio, y a los extranjeros que "invaden" el territorio francés. El título refiere a una "droga de la felicidad" que consume el protagonista.
Michel Houellebecq. Habituado a generar escándalos, el escritor también definió a Donald Trump como el "mejor presidente de EE.UU.".
La nueva novela de Michel Houellebecq tras la polémica “Sumisión”, donde el protagonista terminaba convirtiéndose al islam para sobrevivir, sale en Francia en enero, se llama “Serotonina”, y ya se considera el boom literario de principios de 2019. El libro, según se anticipa, pone en la mira la globalización, el libre intercambio y los extranjeros que “invaden” el territorio francés y que arruinan las campiñas, las tradiciones, el nivel de la vida cotidiana y la identidad francesa en un mundo deshumanizado por el dominio del dinero y el ultraliberalismo. La novela parece profetizar las batallas de los “chalecos amarillos” de las últimas semanas.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Serotonina es la pastilla con la hormona “de la felicidad”, con la cual el protagonista, Florent-Claude Lambrouste, de 46 años, se despierta cada mañana para vivir una infelicidad de soltero, infeliz y “derrotado”. En pocas páginas esta séptima novela lleva al lector a plena “Houellebecqlandia”, esta vez con acentos más oscuros y por momentos desesperados. De sí mismo el protagonista parece no amar nada, empezando por su nombre de bautismo hasta la compañera que no ama, la japonesa Yuzo.
El autor no ahorra su habitual dosis de humor, ya casi por completo negro. Y comienza precisamente con el Captorix, el fármaco antidepresivo a base de serotonina con el que arranca todas sus jornadas: “Los efectos secundarios indeseables del Captorix sufridos más a menudo -escribe- eran la náusea, la desaparición de la libido, la impotencia. Yo nunca había sufrido náuseas”.
En las 350 páginas de “Serotonina”, Florent-Claude llega a tener en la mano un fusil y a fantasear un proyecto loco en la cúspide de su depresión, aunque nunca será capaz de realizarlo.
Pero su obra frente a la insustentabilidad del mundo es organizar su propia desaparición: deja el departamento que todos conocen y se muda a un hotel del distrito XIII (donde vive el escritor en la realidad). Florent-Claude huye de las mujeres, con las que tiene una relación como mínimo ambigua, a menudo sexista; de la realidad y de su enemiga Europa. Un ex compañero de universidad se pone a la cabeza de una suerte de puñado de “chalecos amarillos” armados hasta los dientes y se convierte en su alter ego, tan solar como el protagonista es triste y lunar, pero unido con él por el destino de la derrota.
Entre los temas de la novela, destinada a polémicas tan fuertes como las de “Sumisión”, sobresale el de los “extranjeros” y la derrota de Francia ante la mundialización, al punto de impulsar a Florent-Claude a comer cada día en el único restaurante que enarbola el cartel “Heures heureuses” (horas felices) en lugar de “happy hours”. ¿Un giro hacia el nacionalismo? También aquí el debate incluye un par de entrevistas, las únicas concedidas por Houellebecq en los últimos meses: al periódico de extrema derecha Valeurs Actuelles, donde critica a Europa e invoca un “Frexit”, y a la revista estadounidense Harper’s, a la que confía que “Donald Trump es uno de los mejores presidentes estadounidenses” que él, Houellebecq, haya visto. Una senda de escándalos mediáticos que no cesa desde “Las partículas elementales”.
Dejá tu comentario