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Expresiones muy diversas en busca de un talismán
«Presumido», de Diego Vergara. El formato breve de la pintura, en contraste con la desmesura del fruto y la incongruencia del motivo, tornan extraña la obra.
La curadora de «Talismán se busca», Sonia Becce, pensó dos instancias para una muestra colectiva y la primera versión, con otros artistas, se inauguró hace poco más de un mes. Pero la magia parece ser un bien muy esquivo, y recién en esta segunda ocasión, luego de barajar y dar de nuevo, Becce encontró las obras que encajan a la perfección.
Como siempre sucede, la gracia de algunas obras supera la de otras (aunque el talismán parece ejercer su poder), pero en este caso, todas contribuyen a potenciar el conjunto. El nuevo grupo de artistas tiene una lejana filiación surrealista, además de otras cuestiones en común, como una gran libertad imaginativa y la capacidad de asociar elementos dispares o provenientes de la alucinación o del sueño. Un pequeño cuadro de Vergara, «Presumido», ejemplifica esta vertiente surreal. Se trata de un árbol con una rama doblada por el peso desmedido de un enorme durazno que, finalmente, descansa sobre el suelo. El formato breve de la pintura, en contraste con la desmesura del fruto y la incongruencia del motivo, tornan extraña la obra.
Consultado es artista sobre cuál es el proceso que lo lleva a pintar esta obra, Vergara explica el proceso que se trata de una serie, y cuenta: «Pensé en un árbol con un fruto inmenso y que su esfuerzo por darse le iba a jugar en contra. Al no soportar el peso, el árbol se tumbaría. Luego, para acompañarlo, pinté un limonero y así fui dándole forma a los frutos, con su simbología sobre el placer, lo sensual y también lo perecedero, la finitud. Al imaginar los colores, olores, sabores, la carnosa voluptuosidad de sus formas y la generosidad de los árboles, intuía que estas cosas iban a gustar. Además, me interesó hacer trabajos que demostraran el disfrute durante la elaboración, y analicé la pintura de artistas flamencos y también italianos».
Kacero es un artista sorprendente, sus pequeñísimas pinturas tienen el aire de familia que emana de los maestros argentinos de la abstracción y del surrealismo de Aizenberg, pero, en realidad, parecieran estar realizadas como un juego. De este modo, la serie de obritas se percibe como una juguetona parodia o una apropiación de estilos que remite de inmediato a su obra anterior: «Fabio Kacero, autor del Jorge Luis Borges, autor del Pierre Menard, autor del Quijote». Ahora, los nuevos trabajos de Kacero suscitan la expectativa que el espectador mantiene con los artistas cuya estética le resulta conocida.
Y algo similar sucede con la presencia de Fernanda Laguna, que a lo largo de su trayectoria viene demostrando que puede hacer algo que se parece mucho a la magia. Luego de la creación de los espacios Belleza y Felicidad, la editorial Eloísa Cartonera y la galería de Villa Fiorito, después de la bella muestra que presentó en el Malba, la gente espera con especial interés sus nuevos trabajos. En «Talismán se busca» presenta tres pinturas, una de ellas es una nueva versión de sus pipas, que evoca el célebre cuadro «Esto no es una pipa» de Magritte.
La exhibición se completa con las impecables obras de Gómez Canle, que remonta la historia de la pintura para reinventarla, y las del joven Villarino. Becce cuenta que la idea generadora de la muestra fue una pintura de Siquier en la que coincide la más pura tradición paisajística inglesa, con sus investigaciones sobre la luz. El cuadro en cuestión está en España y Siquier terminó presentando un afiche que lo reproduce. En medio del horizonte hay un gran círculo que, con sus bandas rojas y naranjas se vislumbra como un sol extraordinario. Y es alrededor de ese sol que gira toda la muestra.


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