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Expropiación del Siqueiros pone en riesgo su exhibición
El plan estatal es construir un espacio para albergar el mural, pero su propietaria (la empresa Dencanor) espera poder llevarlo de gira por los museos del mundo tras su exhibición en Buenos Aires.
Si bien el proyecto de ley para que el mural -que hoy está en manos privadas- pase a ser propiedad del estado argentino, perdió el año pasado su estado parlamentario, ahora avanza en la Cámara de Diputados, donde con el aval de la presidente Cristina de Kirchner, que se ocupó personalmente del rescate, se espera que el trámite legislativo culmine en breve y se apruebe sin debate. El diario «La Jornada» de México ya adelantó el sábado que el mural «será el símbolo del Bicentenario de la Independencia». Sin embargo, Mirta Barruti, abogada de Dencanor, firma que tiene la titularidad de «Ejercicio plástico» y que suscribió un acuerdo de exhibición gratuita con el gobierno que vence cuando se apagan las luces de Bicentenario, anuncia ahora una posibilidad inesperada, dice que «la expropiación pone en riesgo la exhibición de la obra».
La cuestión legal es compleja y la expropiación, que hasta para los propietarios de la obra se vislumbra como un paso -a la larga- imprescindible, podría trabar, según informan, la inminente exhibición. Hoy, el plan del Gobierno es construir un espacio frente a la casa Rosada que albergue el mural para siempre; pero los propietarios esperan que, después de su exhibición en Buenos Aires, la justicia libere la obra para llevarla de gira por los museos del mundo. Con este fin y con una tecnología que permite armarla y desarmarla como un mecano, la pintura fue extraída en 1991 de la quinta, y cortada a la medida de los containers. Es decir, los planes del Gobierno y los actuales propietarios no coinciden. El estado, con una inversión que ronda los 84 millones de pesos, comenzará a construir un importante Museo en la Aduana Taylor; mientras la firma Dencanor confirma que el destino del mural -si no se expropia-, serían las exportaciones temporarias para mostrarlo en el extranjero, de acuerdo a los límites que impone la Ley 12.665 a los bienes patrimoniales «que se consideren de interés histórico o histórico-artístico». El futuro museo no puede estar vacío.
La letrada Barruti acepta que el destino final de la obra debería ser la Argentina, pero informa que «la expropiación podría ser declarada inconstitucional», y que su aprobación puede hacer caer el acuerdo de exhibición firmado en primer término con Torcuato Di Tella y luego con Parrilli. El fundamento de la protesta es que según la abogada, la Ley 12.665 dice que el bien de «utilidad pública» puede ser expropiado, «o se acordará con el respectivo propietario el modo de asegurar los fines patrióticos». Entonces, la abogada sostiene: «La Ley dice con claridad que se expropia o se llega a un acuerdo; que una cosa excluye a la otra».
La estimación de la obra ronda los 22 millones de pesos, y según la norma: «Si la conservación del lugar o monumento implicase una limitación al dominio, el Poder Ejecutivo indemnizará a su propietario». Pero el dinero no resulta atractivo frente a la posesión de la obra.
El interés que suscita el mural crece a medida que avanza la restauración, que ha permitido descubrir el inmenso valor estético de una pintura prácticamente desconocida y que cada día genera mayores expectativas. Según informa un letrado consultado por este diario, especialista en legislación cultural: «La obra se podría expropiar aunque haya un convenio firmado con anterioridad. La ley tiene primacía constitucional, es superior a un acuerdo de partes, aunque sea con el Estado».
De acuerdo a estas palabras se podría esperar que la celebración del 2010 determine el fin de la oscuridad a la que estuvo sentenciada la pintura desde su creación, primero en el sótano donde fue pintada, y luego, en la playa de grúas donde permaneció durante 17 años, trabada por un prolongado litigio que aún continúa.
Aunque el mural pareciera estar signado por la tragedia, y una nueva batalla legal se cierne en el horizonte, esta vez está en juego el poderoso impulso político que lo convirtió en «razón de Estado» y que, hasta ahora, ha logrado vencer las adversidades del destino, para que los magníficos desnudos femeninos sean la imagen estelar del Bicentenario.


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