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Exquisita manera de contar una atípica historia de amor
Dennis Smith y Julieta Nair Calvo acompañan a Omar Calicchio y Laura Oliva, interpretando personajes secundarios que enriquecen la trama del musical de pequeño formato “Ni con perros ni con chicos”, de Fernando Albinarrate.
Charles Laughton y Elsa Lanchester compartieron escenarios, sets de filmación (descollaron en "Testigo de cargo" como el veterano abogado y su enfermera particular) y sostuvieron hasta el final un matrimonio que a falta de sexo disfrutó de una estrecha camaradería.
Al quedar viuda, en 1962, Lanchester hizo pública la homosexualidad de su marido y tiempo más tarde aportó nuevos datos en su autobiografía; la misma en la que se basó Fernando Albinarrate para crear este musical de pequeño formato y con orquesta en vivo que rinde homenaje al genial actor inglés (además de dirigir teatro, Laughton filmó una película antológica, "La noche del cazador").
"Ni con perros, ni con chicos" también puede ser vista como una atípica historia de amor en la que no hay espacio para prejuicios, ni para convencionalismos.
Dos grandes comediantes, Omar Calicchio y Laura Oliva, vuelven tangible la complicidad, el sentido del humor, el desenfado y la pasión por el oficio que unía a esta extraña pareja. Y Dennis Smith y Julieta Nair Calvo los acompañan a la par dando vida a diversos personajes secundarios, cuya presencia enriquece la trama argumental y realza los cuadros musicales.
Los conflictos empiezan a emerger cuando Lanchester decide contarle su vida a un joven escritor y en medio de esos recuerdos se reaviva una vieja frustración, la de alguien que pese a su talento interpretativo, sólo ganó fama por su breve y extravagante participación en "La novia de Frankenstein".
A sus celos por las aventuras homoeróticas de Laughton se suma cierta rivalidad reprimida frente al talento irradiante de su esposo. Tan difícil de igualar que Alfred Hitchcock le dedicó esta sentencia: "No hay que trabajar ni con perros, ni con niños, ni con Laughton". Sin embargo, el actor siempre dudó de su talento y se avergonzaba tanto de su obesidad, como de su cara: "Es como el trasero de un elefante", solía decir.
La pieza recorre a grandes rasgos las respectivas trayectorias de estos dos artistas y brinda los datos necesarios para identificarlos; suma comentarios valiosos a través de las canciones y deja que las obsesiones, desdichas y alegrías de la pareja vayan tomando forma a través de la acción dramática. Uno de los mayores logros de la dinámica y rigurosa puesta de Javier Daulte es haber buceado a fondo en las contradicciones de los protagonistas y conseguir que ese profundo amor hacia el teatro que ambos profesaban se contagie a la platea sin escalas. Inolvidable el tema que canta Calicchio a solas, donde expresa de la manera más exquisita en qué consiste, para bien o para mal, eso de "ser actor".


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