La Fed comunica con intensidad. Que Lorie Logan, la titular de la Fed de Dallas, considere apropiado saltearse un aumento de tasas en la reunión del 19 y 20 es un aviso a los navegantes.
La Fed comunica con intensidad. Que Lorie Logan, la titular de la Fed de Dallas, considere apropiado saltearse un aumento de tasas en la reunión del 19 y 20 es un aviso a los navegantes.
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Que hable un batallón de altos directivos del banco central y ninguno mencione la conveniencia de elevarlas alimenta una presunción más seria. Que el principal halcón en funciones (tras el retiro de James Bullard), el gobernador Chris Waller, apunte que nada urge a la Fed a “actuar pronto” revela un consenso: no agitar el agua de pozo.
Como ocurrió en junio, se viene una pausa. Si Waller no empuja a la acción (y Bullard se fue) nadie insistirá. “Nos podemos sentar a esperar los datos”, dijo el halcón satisfecho. Ya lo adelantó Jerome Powell, el mandamás, en Jackson Hole. La Fed juzga a la inflación todavía muy alta, quiere que la economía se sosiegue, pero puede proceder “cuidadosamente”.
La cruzada monetaria maduró. Está más cerca de un final administrativo sin trauma que de la precipitación de sus inicios (tardíos como nunca, con las tasas en cero y la inflación en 7%). Como no ocurrió en junio, esta vez, no se quiere extender el suspenso hasta el desenlace del mitin. No es que hubiera muchas dudas -no después de saborear un informe de empleo hecho a medida de las necesidades de la política monetaria- pero hay que apreciar la intención sedante.
Se sabe que a esta altura a la Fed le preocupa no romper nada. No obstante, el tratamiento VIP es inusual. ¿Será que avizora otra pelea feroz entre la Administración Biden y la oposición republicana? Si en mayo se pujó por el techo de la deuda pública (y costó la rebaja de la calificación crediticia por parte de Fitch) ahora se debe acordar el presupuesto para el ejercicio que comienza el 1 de octubre. Y la autorización de gasto se agota el próximo 30. ¿Volveremos al filo de un ataque de nervios?
La comunicación nos dio un calmante. Habrá paz aunque la información de esta semana sea un incordio (inflación y ventas minoristas). Los halcones esperarán a gusto sin levantar vuelo hasta noviembre. Y si se cierra parcialmente el gobierno en octubre -el último “shutdown” fue con Trump en 2018/2019- tampoco querrán innovar. Mandar empleados públicos a sus casas es deflacionario aunque dura poco.
La verborragia de los banqueros centrales no se agotó aquí. “La política monetaria está en una muy buena ubicación”, dijo quien maneja la mesa de operaciones, John Williams, de la Fed de Nueva York. La inflación no se extinguió, pero la economía se mueve “en la dirección correcta”. La autoestima creciente del banco central se basa en una doble coincidencia.
La política es restrictiva, ya no corre detrás de los acontecimientos. La tasa real positiva permite avanzar casilleros aun cuando se permanezca de brazos cruzados. Y las variables clave -inflación y economía real- responden a su influjo. La Fed es data dependiente, recalca Williams y lo repiten todos. Y ahora el proceso es recursivo. También la data se tornó Fed dependiente. Por eso, se acabaron las zancadas.
Es hora de pausas y pasos cortos para calibrar la sintonía fina del aterrizaje y no arriesgar una colisión. Loretta Mester (Cleveland Fed) y Susan Collins (Boston Fed) señalan que las tasas todavía pueden necesitar ir algo más arriba. El halcón Waller transaría en dejarlas cómo están. Pide poco a cambio: “un par de meses de información que conserve la trayectoria actual y yo diría que estamos hechos”.
Se escribió aquí la semana pasada: la moderación (que detecta la data reciente) tiene la llave para ponerle fin a la suba de las tasas. Ahora, pues, es semi-oficial.
Wall Street presta atención, pero no sube su espuma. La temporada baja tradicional se extiende hasta Halloween (fin de octubre). Después del rally que consagró un flamante mercado bull no se le exige mucho. Suben sí las proyecciones de utilidades, lo que es mejor. También trepan las tasas largas pero ya no con la intención de desafiar el techo del ciclo. La moderación del empleo las calmó. Solo que la liquidez es magra y las ingentes colocaciones de deuda privada impiden que bajen.
¿Cómo tomarán un eventual salto de precios a caballo del repunte de la cotización del crudo? Como la Fed, Wall Street también ensaya una pausa de estudio. Su cruzada no terminó, recién empieza; pero prefiere sondear mejor el terreno antes de atropellar de nuevo.
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