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Federico León: producir teatro como si fuera cine
Federico León: «‘Yo en el futuro’ no cuenta una historia en el sentido tradicional. Para mí es una experiencia más abarcadora».
El autor de «Cachetazo de campo», «Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack» y «El adolescente» (obras que le abrieron camino en distintos teatros y festivales del extranjero) es dueño de un lenguaje artístico muy difícil de clasificar debido a su extraña mezcla de austeridad, abstracción y crudeza. En cine, realizó el largometraje «Todo juntos», una historia semi-ficcional sobre el final de una pareja (la suya), y el documental «Estrellas» (Premio Especial del Jurado en el IX Bafici), protagonizado por un curioso personaje de la Villa 21 que se dedica a organizar castings entre sus vecinos para hacerlos actuar en cine o en series televisivas como «Tumberos», «Sol negro» y «Disputas».
«Yo en el futuro» demandó dos años y medio de realización y fue producida por el Complejo Teatral de Buenos Aires en coproducción con el Kunsten Festival des Arts (Bélgica), HAU Theater (Alemania), Festival delle Coline Torinesi (Italia) y Steirischer Herbst Festival (Austria).
Periodista: ¿Por qué llevó tanto tiempo este montaje?
Federico León: Yo le dedico un año y medio a cada puesta. En este caso, el casting de actores nos llevó cinco meses como si se tratara de una película y no de una obra de teatro. Necesitábamos a tres ancianos y tres niños que fueran muy parecidos a los tres actores con los que escribí la obra. Vimos visto cerca de mil personas.
P.: ¿De qué trata «Yo en el futuro»?
F.L.: Son tres amigos, ya ancianos, que en la década del 50 -cuando tenían unos diez años- filmaron unas películas caseras como una especie de proyecto en el tiempo, como si se hubiesen propuesto filmarse a sí mismos durante toda la vida.
P.: ¿Qué se ve en los videos?
F.L.: Ellos filmaron una salida al cine en la que vieron un número vivo. Después se filmaron con sus familiares mirando esa salida. Todos están en el living viendo en una pantalla la función de cine a la que asistieron la semana anterior. Y en los años 70, cuando ya tienen treinta años, se ven a sí mismos en aquel living de los 50 mirarse en la pantalla observando aquella salida al cine. Y hoy, en la actualidad, continúan mirándose a sí mismos en el acto de mirarse. Al mismo tiempo el público mira a los actores que -de espaldas a la platea- observan las sucesivas proyecciones de sí mismos. Es como un juego de cajas chinas, una imagen que se repite infinitamente. Uno pierde la noción de quién está mirando a quién.
P.: Es una idea algo siniestra...
F.L.: Estos tres ancianos tratan de revivir y de recuperar algunas situaciones de su pasado. Tratan de crear un tiempo que incluya todos los tiempos: pasado, presente y futuro y así contratan a tres jóvenes y a tres chicos para que repitan parte de estos videos que ellos muestran durante la función. Es tratar de atrapar algo y no poder hacerlo. Esta es una obra muy abstracta y al mismo tiempo muy concreta, por la presencia de los viejos y los chicos. Trata del tiempo, la idea de infinito, el juego de espejos entre generaciones, la relación entre ficción-realidad...
P.: ¿No cuenta una historia?
F.L.: No en el sentido tradicional. Para mí es una experiencia más abarcadora que tiene que ver con lo que a uno le produce observar esta especie de objeto musical y visual. Siempre tuve como punto de partida la sala Lugones. Me gustaba la idea de un cine dentro de un teatro y además ésta es una sala para cinéfilos. Acá vi «Berlín Alexanderplatz» de Fassbinder, ciclos de Herzog, Bergman, Bresson y todas las películas que me influyeron. Para mí es un honor hacer una obra en esta sala. Estoy muy contento.
P.: Siempre trabajó con poco presupuesto ¿Por qué ahora necesitó de tantos productores?
F.L.: Fue costoso lo que filmamos. En un momento tuvimos 80 extras vestidos y peinados como en los años 50. Parecía una producción de largometraje. Las imágenes del 50 las filmamos en 8mm y las del 70 en Super 8. Pero cuando vimos que los materiales originales no daban la calidad requerida, lo hicimos todo en video emulando a las cámaras originales. Fue un trabajo técnico muy importante que formó parte del proceso creativo. Encontrar la obra es también encontrar su funcionamiento.
Entrevista de Patricia Espinosa


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