Sin embargo, hace tiempo que Obama ha dejado atrás esa actitud de reserva. Al contrario: el presidente no oculta su entusiasmo por el auge petrolero que está viviendo su país. "Por primera vez en casi dos décadas estamos produciendo más petróleo en casa de lo que compramos al resto del mundo", dijo Obama en su reciente conferencia de prensa de fin de año. Según cálculos de la Agencia Internacional de Energía (AIE), es posible que Estados Unidos se convierta ya en 2015 -un año antes de lo que se preveía- en el mayor productor de petróleo del mundo, delante de Rusia y Arabia Saudí.
La palabra mágica es "fracking". Este controvertido método de explotación consiste en perforar hasta grandes profundidades estratos de rocas y disolver con la ayuda de productos químicos el denominado gas y petróleo de esquisto que se encuentra allí. Mientras que los ecologistas demonizan este método, porque temen la contaminación de las capas freáticas, la industria lo adora, porque producir más petróleo significa bajar los precios. La frágil recuperación de la economía estadounidense después de la crisis de los años 2008 y 2009 se basa en buena parte en la producción de esta energía barata. Por esto, Obama autoriza cada vez más la explotación de nuevos yacimientos petrolíferos y la construcción de plataformas de perforación en alta mar. La agencia estadounidense de energía EIA estima que en 2016 se extraerán diariamente 9,5 millones de barriles de crudo, casi el doble que en 2008. Actualmente, tras un aumento espectacular, la extracción de petróleo ya llega a casi ocho millones de barriles. La EIA espera que este auge mantenga los precios por debajo de los 100 dólares. Concretamente, la agencia pronostica para el año 2017 un precio de 92 dólares el barril. Esta perspectiva no sólo es motivo de alegría para las industrias que consumen mucha energía, sino que también mejora sustancialmente el estado de ánimo de los consumidores estadounidenses que acuden a las gasolineras para llenar los depósitos de sus coches: cuanto menos dinero tienen que gastar en gasolina, tanto mayor la parte de sus ingresos que pueden dedicar a otras compras. Después de que subieran temporalmente a más de cuatro dólares, el precio del galón (3,79 litros) se sitúa ahora como premio en 3,24 dólares. Los estados que más contribuyen a la riqueza petrolera de Estados Unidos son Texas y Dakota del Norte. Sin embargo, Obama no quiere "perforar cada centímetro cuadrado de este país" sin tomar en cuenta los daños ecológicos ocasionados por una forma de extracción técnicamente cada vez más complicada. Por esto, el presidente apuesta también por la producción de energía solar y eólica, así como por el biodiésel, al tiempo que pretende eliminar subvenciones por miles de millones de dólares que se otorgan a las empresas petroleras y gasísticas. Ello no sólo mejora notablemente la balanza comercial, sino que también hace que la coyuntura estadounidense sea menos "dependiente de lo que pasa al otro lado del mundo", por ejemplo en Medio Oriente, como ha explicado Obama. La EIA calcula que de aquí a 2016 las importaciones de combustibles líquidos se reduzcan al 25 por ciento de la demanda total en Estados Unidos. Entretanto, existe tan poca preocupación por un desabastecimiento de petróleo en Estados Unidos que la industria y también algunos políticos ya han llegado a pedir que se suavice la prohibición casi total de exportaciones de crudo decretada en 1975, entre otros argumentos porque las refinerías ya están trabajando al límite de su capacidad y muchas veces no saben qué hacer con tanto petróleo de esquisto.
| Agencia DPA |


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