31 de agosto 2011 - 00:00

Festejo en la UCR por mantener el segundo puesto

El radicalismo festejó ayer aliviado: en el escrutinio definitivo logró mantener el segundo puesto, tras Cristina de Kirchner, cuando hasta último momento existió el temor de perder ese lugar en manos de Eduardo Duhalde. La diferencia que dejó el escrutinio provisorio entre Ricardo Alfonsín y ese tercer puesto fue de sólo una décima, por lo que cualquier distancia podía dejar al radicalismo al borde del papelón de caer un lugar. Aunque fuera más que nada una cuestión de imagen, esa posibilidad aterraba a los radicales.

La diferencia entre Alfonsín y Duhalde finalmente se agrandó en el escrutinio definitivo, siempre en la dimensión de las décimas: un 12,20% el radical contra 12 del expresidente. Pero por lo menos le sirvió a la UCR para festejar, en un momento donde todas son malas noticias: el frente interno se resquebraja, los candidatos a intendentes de todo el país piden libertad de acción y hasta el mendocino Roberto Iglesias arrancó una nueva campaña instando al corte de boleta, es decir, que voten a cualquiera a presidente mientras lo dejen a él para gobernador adentro de la urna.

Alfonsín, de todas formas, salió a reivindicar el resultado pero con algunas protestas.

Queja

«No fue una sorpresa para nosotros el segundo lugar. Nuestros fiscales ya lo habían comprobado y además, la cantidad de votos finales es aún mayor si tenemos en cuenta que no se abrieron las urnas impugnadas», dijo Alfonsín después de conocerse la información sobre el escrutinio definitivo suministrada a la tarde por el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

Alfonsín se quejó por el trato a la prensa: «No fueron muy felices las agresiones del ministro Randazzo hacia el enfoque de los medios y las denuncias de la oposición respecto de irregularidades en los comicios del 14 de agosto pasado».

Anomalías

«La cantidad de votos obtenidos en el escrutinio definitivo es inferior a la real, toda vez que las mesas impugnadas por irregularidades no pudieron abrirse para su recuento. Es decir que se contó en base a los telegramas que, desde el radicalismo, se cuestionaron en muchas mesas de la provincia de Buenos Aires», dijo.

Según el radical, esas anomalías «se detectaron en más del 5% de las mesas bonaerenses». Por lo que, concluyó, «si, como dijo el ministro el escrutinio lo hace la Justicia Electoral y no el Poder Ejecutivo, tampoco el Gobierno debe arrogarse el derecho, que es de los tribunales, a juzgar si existieron o no manejos turbios, como faltantes de boletas o no aceptación de fiscales, en el día del comicio, los que afectan a las instituciones y no al resultado electoral, incuestionable, a favor del oficialismo».

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