10 de julio 2009 - 00:00

Festival de dólares es la peor estafa Ponzi desde Madoff

Festival de dólares es la peor estafa Ponzi desde Madoff
Nueva York - No es un trabajo que Barack Obama haya acordado asumir, pero le corresponde de todas formas: vendedor de bonos en jefe. Tal es la suerte de un presidente de Estados Unidos durante cuyo mandato la emisión de deuda ha tenido un aumento histórico. Los caricaturistas están ocupados haciendo dibujos de Obama, quien nacionalizó parcialmente a las empresas automotrices, parado en una concesionaria de venta de autos promoviendo los armatostes de Detroit. Es hora de mostrar a Obama tratando de vender bonos que próximamente pocos quizá quieran.

¿Quiénes serán sus mejores clientes? Los asiáticos, desde luego. Asia ya tiene reservas en divisas por unos u$s 4,5 billones, casi todas en dólares estadounidenses. Producto del «exceso de ahorro» asiático, su principal beneficiario fue Estados Unidos, escaso de liquidez.

El problema es que parecería que ese dinero de Asia fue dado por sentado. Esto es un grave error para una Casa Blanca que necesita deshacerse de cantidades sin precedentes de deuda para financiar un programa de estímulo de u$s 787.000 millones, y ni hablemos de los planes de gastos que falta anunciar. Constituye un riesgo serio el suponer que la devoción oriental será perpetua.

Moneda de reserva

No por nada China está proponiendo una nueva moneda internacional en momentos en que quiere diversificar sus reservas de casi u$s 2 billones. Que Venezuela diga algo semejante es una cosa. Pero si la idea viene del mayor tenedor extranjero de deuda soberana de Estados Unidos, con unos u$s 764.000 millones de bonos del Tesoro, es algo muy distinto. «Sería importante que Estados Unidos no diera su posición por sentada», alertó el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick. «Supongo que con el paso del tiempo, así como el euro se ha desarrollado a lo largo del tiempo, es posible que otras monedas lleguen a ser alternativas», agregó.

No es que el yuan esté listo para desempeñar un papel tan importante. De acuerdo con algunos analistas, como Marc Chandler, de Brown Brothers Harriman en Nueva York, el deseo de China de que el yuan se convierta en una moneda mundial de facturación no supera su necesidad de conservar el mando y ayudar a los exportadores. Al fin de cuentas, las ambiciones niponas se ven limitadas por las realidades de una moneda que aún no es convertible.

China se contradice al hablar del asunto. Un día, un alto funcionario declara que China quiere una alternativa al dólar. Al siguiente, alguien como el viceministro de Relaciones Exteriores, He Yafei, señala a los periodistas: «Esperamos que, en su calidad de moneda principal de reserva, el dólar de Estados Unidos siga estable» y que no «no le consta» que China haya propuesto incluir el asunto en el temario de la conferencia del G-8.

Las otras naciones BRIC (Brasil, Rusia y la India) también alzaron señales de alarma en relación con la estabilidad del dólar. Unas más que otras, claro está, más sus inquietudes han sido difundidas ampliamente por la prensa.

Reemplazar el dólar está bien como meta a largo plazo. Hacerlo durante una crisis del sistema financiero mundial, cuya ancla es el dólar, es mala idea. No es ninguna sorpresa que a las autoridades de Washington les preocupe que se tomen medidas súbitas contra la moneda. No parece ninguna coincidencia que mientras el director gerente Dominique Strauss-Kahn ha dicho que el yuan está «considerablemente subvaluado», el FMI haya moderado las críticas sobre la desconexión entre dicha moneda y los fundamentos económicos de China. Esto elimina un obstáculo entre China y el FMI, al tiempo que la segunda mayor economía de Asia pide un papel más importante en la entidad prestamista y el Fondo trata de que China contribuya más.

Más emisión

¿Podría ser la condición que China evite socavar el papel internacional del dólar? Es posible. Aun así, Obama y el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, no deberían suponer que seguirán contando con el respaldo de Asia. No si la Reserva Federal sigue manteniendo las tasas de interés cerca de cero y una oleada tras otra de deuda inunda unos mercados inseguros. Los rumores de que Estados Unidos podría perder su calificación crediticia de AAA complicaron aún más la situación.

Es cierto, Asia tiene algo de la culpa en esto. Durante los diez últimos años, la región fue escenario de una carrera armamentista de monedas de reserva. Mientras el claro vencedor en esta pugna monetaria es China, economías como Taiwán y Corea del Sur tienen en sus arcas más dólares de los que les gustaría tener.

Esto se convirtió en el mayor esquema de Ponzi del mundo, de verdad. El dólar no se ha desplomado porque los países que invirtieron en él lo están apuntalando y aumentando sus carteras de la moneda estadounidense. Después de todo, la magnitud de las reservas de cambio extranjero del Asia significa que el continente no puede deshacerse del dólar sin hacer daño a sus economías. Asia debería, en efecto, estar tramando cómo reducir sus carteras de dólares. Sería mejor usar esos billones de dólares en Asia para financiar mejores carreteras, puentes, aeropuertos y redes de alto voltaje, así como una mejor enseñanza y servicios médicos.

Hasta entonces, Estados Unidos debería asegurarles a los asiáticos que no padecerán enormes pérdidas con sus carteras de dólares. Puede empezar a hacerlo difundiendo una estrategia creíble para poner fin a los enormes programas de estímulo actuales. La Casa Blanca también necesita asegurar que no planea devaluar el dólar para aumentar sus exportaciones. Asia tiene que tomar una decisión de u$s 4,5 billones, y toca a Estados Unidos ayudar a la región a tomar la decisión correcta. Dar el dinero de Asia por sentado sería algo desastroso.

Agencia Bloomberg

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